29 de enero de 2023
29 de enero de 2023 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Derecho a la identidad
La raíz cúbica de la subjetividad
Claudia se enteró a sus 24 años que no era hija de quien creía sus padres. ATAJO la ayudó a reencontrarse con su madre biológica, que la había entregado en adopción ante su condición de extrema pobreza.

Algo no encaja. Como en un rompecabezas, si la imagen que devuelve el espejo no es la que una persona proyecta sobre sí, es porque una pieza está mal puesta en su lugar. ¿Pero dónde está ese hiato en la subjetividad? ¿En el origen? ¿Después? ¿Cuándo?

Claudia tiene 27 años. Vive en las afueras de Mendoza, pero hasta el lugar que habita desde niña le resulta ajeno. Extraño. Cuando en octubre pasado se presentó en la agencia ATAJO de esa provincia cordillerana, tras  una derivación hecha por la Fiscalía de Instrucción Nº 2, la mujer ya había recorrido una parte ínfima de su largo marcha hacia atrás, hacía la raíz cúbica de su identidad. Esa parte, mínima quizás, era, sin embargo, la más importante.

Según relató, Claudia supo a sus 24 años que el hombre y la mujer que la criaron no eran en verdad sus padres biológicos. Quien creía su hermana de sangre fue quien le confesó la verdad, que Claudia ya sospechaba. Fue el propio padre de crianza quien le confirmó la noticia, luego de que su hermana lo previniera sobre las dudas de Claudia y la confesión que ella le había hecho en una tarde de charlas profundas, bajo el alero de la casa chorizo, a un costado del viento zonda.

Sin embargo, los datos de nacimiento que el padre le daba resultaban confusos. Primero dijo que había nacido en una finca de campo, y luego que el parto había sido en el Hospital de Beltrán, en el departamento Maipú. También le dio el nombre de su madre biológica, Nélida Fernández, y le aclaró, como pidiendo perdón, que ellos no la habían robado, pero que la entrega de Claudia había sido por propia voluntad, debido a la incapacidad económica de la mujer que la había tenido en su vientre por criarla.

Desde que supo la noticia, Claudia intentó confirmar la identidad de su madre y encontrarla. Pero todas las instituciones estatales le dieron la espalda. Todo lo que tenía era el nombre completo de la mujer que la había parido, pero debido a lo común de su apellido no podía dar con ella.

Decidió entonces acudir a una fiscalía provincial, donde la desalentaron con la judicialización del caso. Sin embargo, el escribiente de la Mesa de Entradas le aconsejó transitar una vía alternativa, un atajo para su búsqueda: la agencia local de la Dirección de Acceso a la Justicia del Ministerio Público Fiscal. Allí sí podrían ayudarla, sugirió.

El mismo día que se acercó al ATAJO, sus operadores le pidieron que esperara a que finalizara el taller contra la violencia de género que esa tarde realizaban en el barrio El Borbollón, departamento de Las Heras. Cuanto terminó la actividad, confeccionaron un acta de manifestación, con el relato pormenorizado de los hechos tal como los narró Claudia.

Un día después, fue oficiado el único hospital público que hay en Beltrán, llamado Alfredo Metraux, donde fue solicitada información sobre los partos ocurridos en el año 1988, más el detalle de las mujeres que dieron a luz en ese año, y el sexo de los bebés allí nacidos.

Tras cruzar los datos, el personal administrativo del hospital informó que efectivamente había nacido una niña, hija de Nélida Fernández, y hasta precisaron la fecha exacta del alumbramiento. Claudia cambió su día de cumpleaños.

Con esa información, el ATAJO pudo acceder al DNI de la mujer y la dirección que figuraba en ese documento. Tras acercarse hasta la dirección indicada, unas vecinas le dijeron a Claudia que Nélida hacía años que vivía en Tucumán.

“Vos tuviste una hija en Mendoza en el año 1988", le dijo Claudia a Nélida por teléfono, tras encontrar su número en la guía de Telecom. Cuando la mujer contestó que sí, su hija le dijo: “Bueno, soy yo”.

Tras el primer acercamiento cuerpo a cuerpo, ocurrido una semana después, la madre, profundamente conmocionada, confesó que no había querido entregarla en adopción, pero que fue su propia familia la que obligó a hacerlo ante su condición de pobreza extrema. La madre no quería desprenderse de su hija, pero hay circunstancias materiales, culturales y de contexto inmediato que a veces vuelven insignificante el límite entre querer y poder. Los pobres no pueden aunque quieran. Es un condicionante instrínseco a su pobreza, como un horóscopo de la mala suerte que la Justicia entendida como acceso a derechos y no sólo como rigor punitivo, puede revertir.

A Claudia sólo le queda agradecimiento por la gestión de ATAJO, que se comprometió a ayudarla en su nuevo desafío: encontrar a su padre biológico, de quien su madre desconoce el paradero hace muchos años. Posiblemente, también Nélida crea que ha llegado una segunda oportunidad para su vida.

 

Aclaración: los nombres propios y las señas particulares de este caso fueron modificados, a fin de resguardar la identidad e intimidad de sus protagonistas.