24 de febrero de 2024
24 de febrero de 2024 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Daniel Adler y Orlando Giménez representarán al Ministerio Público Fiscal
A juicio por engañar a dos adolescentes y prostituirlas en Pinamar
Tres personas serán juzgadas en Mar del Plata por el delito de trata de personas. La situación de vulnerabilidad, como denominador común de las víctimas.

Alejandro Daniel Aguirre, de 57 años, Gonzalo Matías Aguirre, de 35, y Valeria Ester Giménez de 23, oriunda de Temperley, serán juzgados desde el próximo jueves por la captación y el traslado de dos adolescentes de 15 y 16 años. Las víctimas fueron engañadas durante el verano de 2013 y llevadas desde Florencio Varela hacia la ciudad de Pinamar, para ser explotadas sexualmente por un hombre y su hijo, quienes se aprovecharon de su situación de vulnerabilidad. En el caso de otra mujer, cuya explotación no llegó a consumarse, intervino la tercera imputada. La causa llevada adelante por el Ministerio Público Fiscal -a raíz de la denuncia realizada por las propias víctimas- permitió la reconstrucción de los hechos y llegar a la instancia de juicio oral y público.

Durante las audiencias actuarán el fiscal federal coordinador del distrito Mar del Plata, Daniel Adler, y el fiscal federal de Dolores, Orlando Giménez.

Le investigación, que estuvo a cargo del fiscal federal de Dolores, Orlando César Giménez, se inició luego de la presentación de las hermanas en una estación de la Policía Comunal de Pinamar, cuando escaparon del departamento donde eran alojadas, junto a otro hijo del principal imputado.

Las adolescentes relataron que el 19 de enero de 2013 Alejandro Aguirre pasó a buscarlas por su casa en un Renault Logan azul registrado a nombre de su hijo Gonzalo con la falsa promesa de ir a Pinamar a cuidar niños y vender productos en la playa. El contacto llegó a través de un vecino de Florencio Varela. Las jóvenes vivían con su abuela y hermanos, porque sus padres fallecieron, y la necesidad económica las llevó a aceptar la propuesta.

Durante el viaje, según relataron, Aguirre habría efectuado llamadas telefónicas “en código” -entre otras cuestiones habría dicho que llevaba “chicas para trabajar”- y les habría indicado a ambas que cuando llegaran a destino, debían usar nombres distintos y decir que tenían entre 18 y 20 años.

Al llegar a la ciudad balnearia, fueron alojadas en un departamento alquilado por Gonzalo Aguirre ubicado detrás de la terminal de ómnibus nueva, donde luego se sumó el otro hijo del captor, quien finalmente las ayudó a escapar a raíz de una discusión con su padre.

Por algunas horas, vieron pasar por allí a otras cuatro mujeres con la finalidad de mantener relaciones sexuales, entre ellas a la tercera víctima de este juicio.

Durante la primera semana, una de las hermanas trabajó en un lavadero de autos, mientras que la otra lo hizo de niñera en la casa donde vivía Aguirre con su familia. Luego, el imputado se habría presentado en el departamento y les habría dicho que no había más trabajo para ellas y que “el dinero que ganaron en una semana lo podían ganar en un día haciendo sexo”. Ante ello, les propuso “acostarse con unos chabones, que eran empresarios y abogados, que eran limpitos” y que “tenían que pensar en la billetera y no con la cabeza”.

En su declaración, dijeron que aceptaron “ante las amenazas proferidas por Aguirre de matar a su familia, porque no tenían dinero para regresar y porque lo necesitaban para su abuela y su familia”.

Al día siguiente, fueron llevadas por Aguirre –en el mismo Renault Logan- a una vivienda donde esperaban cuatro hombres, aparentemente abogados, quienes le dieron dinero al imputado y una vez finalizado el acto, el propio las retiró del lugar y las llevó nuevamente al departamento. Luego, según los relatos, hubo otros sometimientos con presuntas “personas adineradas” en el mismo departamento donde eran alojadas, en la casa de uno de los prostituyentes y en un bosque. 

El segundo hecho por el que se juzgará a los imputados, incluye también a Valeria Giménez, quien habría engañado a otra mujer a través de una promesa de trabajo en Pinamar para ser empleada doméstica a cambio de unos cuatro mil pesos mensuales. La víctima se encontraba desempleada, con cuatro hijos a cargo, separada de su ex pareja y había sufrido violencia de género. Cuando llegaron desde el conurbano a Pinamar el 1° de febrero, Giménez la acompañó al departamento, donde estaban las adolescentes.

Vulnerables

En el requerimiento de elevación a juicio, el fiscal Giménez reparó en la situación de vulnerabilidad de las víctimas. Respecto a las hermanas, citó el informe elaborado por el Servicio Zonal de Protección y Promoción de los Derechos de los Niños y Adolescentes de Quilmes, donde se indicó que las chicas convivían en su hogar con otras seis personas además de su abuela, cinco hermanos y un tío. Los hermanos concurrían a la escuela, pero también a comedores comunitarios que les proveen de almuerzo y merienda por la imposibilidad de cubrir los gastos básicos de alimentación.

Al mismo tiempo, al no tener la abuela otorgada legalmente la guarda de los menores no tenía acceso a subsidios estatales que podrían permitir cubrir los gastos mínimos, como sí podía cobrar su mamá, que falleció el año anterior por padecer HIV.

Las profesionales del Servicio Local de Pinamar, por su parte, indicaron: “no se evidencian señales de angustia, sino más bien indicadores de una naturalización del hecho, se refiere que desde las estrategias de supervivencia en las que ambas hermanas están inmersas, sumado a un contexto de vida marginal, la naturalización y la desafectivización se figuran en ellas como grandes mecanismos de defensa que vienen utilizando para lidiar con estos traumáticos episodios”.

La situación de la víctima mayor de edad                             

La mujer vivía con sus cuatro hijas de entre 6 y 10 años en una habitación de condiciones muy precarias. De hecho, dormían las cinco en una cama cucheta. Ella conoció a Valeria en el Plan Fines y contó que fue quien le propuso ir a trabajar a Pinamar en servicios de limpieza. De acuerdo a su relato, al llegar fue recibida por el imputado y su hijo, quienes le dijeron las verdaderas intenciones por las que había sido captada: ser explotada sexualmente.

La obligaron a "vestirse de puta” y uno de los imputados manifestó que estaban en el departamento que iban a “tener que ir a otro lugar con 10 políticos o 10 bolivianos, para tener sexo. `Sale hoy a la noche el trabajo´". Pero después dijeron que se había "cortado todo". Durante su testimonio, afirmó que "nunca pasó nada por suerte”. Al día siguiente pidió regresar a su lugar de origen y consiguió que le abonaran el pasaje de regreso.

Una vez que la investigación se había iniciado y ella estaba de regreso en su casa, contó que fueron a verla los dos imputados. Le dijeron que “también le habían armado causa, que pensara bien lo que iba a hacer porque tenía cuatro hijas (…) que iba a ir presa por trata de blancas, que Ariel".

"Me dijo que me iba a venir a buscar con un juez para declarar, para pasarlo por encima a su hijo Ariel. Me preguntó qué quería (…) Me prometió que me iba a mandar plata por correo. Me prometió una casa para alquilar en Varela (…) También me dijo que mi nombre había salido en la tele (…) Me dijo que él iba a poner su abogado, sus policías, su juez, así me decía (…) Por eso, tenía mucho miedo”, declaró.