31 de enero de 2023
31 de enero de 2023 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Un abogado y un escribano habrían abusado de una orden judicial
Comenzó el juicio oral contra tres personas acusadas de usurpación de una vivienda
Los imputados manipularon los documentos para despojar de una casa en el marco de la ejecución hipotecaria que una de las acusadas había iniciado contra la propietaria del inmueble. En la audiencia intervino la fiscal a cargo de la Fiscalía General N°6 ante los Tribunales Orales en lo Criminal, Diana Goral.

Comenzó ayer el juicio oral contra tres personas acusadas del delito de usurpación en concurso ideal con estafa procesal en grados de tentativa. Los acusados Luisa Miguelina Castro, el escribano Eduardo Steinman y el abogado Fernando Gabriel Torroella habrían abusado de sus funciones para despojar de la vivienda de Laura Martinel.

La causa se originó en el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil N°41 en el marco de la ejecución hipotecaria que Luisa Miguelina Castro inició contra una mujer. Cuando se ordenó la constatación de ocupantes en inmueble de la localidad bonaerense Florida que había sido ofrecido como garantía hipotecaria,corroboró constatar que la mujer, su madre y, por temporadas, los sobrinos menores de edad.

En ese contexto, el 21 de diciembre de 2010, Castro, Torroella y Steinman se presentaron en el domicilio para cumplir con lo ordenado por Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N°41.

La orden judicial tenía por objeto verificar el estado físico y de ocupación del inmueble y en el supuesto de hallarse deshabitado, el escribano Steinman debía entregar la tenencia a la actora. Caso contrario, debía notificar a sus ocupantes para que lo desalojen en el plazo de diez días.

Sin embargo, los imputados aguardaron a que los ocupantes de la vivienda se ausentaran y aprovecharon esa circunstancia para presentarse y engañar a unos cerrajeros, mediante la exhibición del mandato judicial. De esta manera, lograron que cambiaran las cerraduras de las puertas para traspasar la tenencia y materializaron el despojo, pese a notar que el lugar tenía signos de estar habitado.

Además, al finalizar el procedimiento, arribó a la vivienda la madre de la damnificada junto a dos de sus sobrinos y, ante la desesperación por encontrarse con ese procedimiento, se comunicaron a través de su teléfono celular con su hija para contarle lo que había sucedido.

El escribano Steinman junto con Torroella y Castro labraron la actuación notarial e insertaron datos falsos como que no había personas en el inmueble y que estaba deshabitado, cuando al realidad mostraba lo contrario. 

Los documentos firmados llevaron al juez civil a convalidad el despojo de la propiedad, lo que generó el beneficio de Castro al obtener indebidamente la tenencia y posterior producido de la vivienda ofrecida como garantía hipotecaria.

En ese sentido, la Fiscalía Nacional en lo Criminal de Instrucción N°25 advirtió “un claro abuso de las funciones asignadas en la manda con la firme intención de despojar del inmueble a su propietaria y así asegurar una pronta y fácil subasta en el marco del juicio ejecutivo instaurado, al pretender hacerle creer al juez civil que la morada se encontraba deshabitada para de esa forma legitimar el cambio de tenencia del inmueble a Castro y el avance del caso”.

Finalmente, el representante del Ministerio Público Fiscal solicitó la elevación a juicio oral.

Ayer, durante la primera audiencia en la que intervino la fiscal Diana Goral, a cargo de la Fiscalía General N°6 ante los Tribunales Orales en lo Criminal, se les tomó declaración indagatoria a los tres imputados.

La primera en declarar fue Castro. "Ese día fuí hasta la vivienda porque la hipoteca estaba a nombre mío.Yo no conocía a los que vivían ahí e hice lo que me dijeron. Entramos por el garage, pasamos por un patio interno y ahí me quedé. Mi marido, mi abogado y el escribano pasaron", afirmó.

Y continuó: "Alguien tocó el timbre pero no recuerdo quién. La apariencia de la casa era como si estuviese abandonada, salvo por la presencia de mascotas (tres perros, un gato y un canario). Adentro de la casa no había nadie. El garage estaba lleno de cosas, como si fuese un depósito. Había una cocina, muebles, una heladera, una computadora en una habitación, pero estaba todo sucio, con ropa tirada y mucho desorden. Además, el pasto del jardín estaba crecido".

Finalmente, se refirió al cambio de cerraduras que hicieron los cerrajeros ese mediodía. "Cuando estaban colocando la última llegó una señora y dijo que vivía ahí. Estaba con dos nenes menores de edad. Yo no entendía nada", concluyó la mujer.

El escribano Steinman declaró que conoció a Castro y al abogado Torroella aquel día y que si hubiese habido ocupantes en la vivienda, no hubiesen seguido con la diligencia. "Yo había ido a la casa en otras dos oportunidades, en diferentes horarios, y en ninguna me atendió nadie. Adentro no había elementos que presumieran que entraba alguien".

Con respecto a la vivienda, dijo que  las camas estaban "desordenadas", que las persianas estaban "caídas", que había dos vehículos "viejos" estacionados en el jardín y que el estado era de "deterioro en el sentido material". Por otra parte, agregó que "no había ningún menor adentro", que era obligación suya constatar que no hubiese nadie y que "creía", que la casa "no tenía timbre".

Cuando ese día llegó la señora Acuña, madre Martinel, junto a los dos menores, el escribano dijo que la señora "se puso a hablar por teléfono", y que parecía estar "alterada y nerviosa", por el escenario que encontró.

"Parecía una persona que venía de visita. Le dí una copia del procedimiento y no recuerdo si le pregunté si tenía relación con la propiedad", concluyó.

El abogado Torroella, indicó que ese día pasó a buscar a la señora Castro, luego a los cerrajeros y que al llegar ya estaba el escribano frente a la propiedad. "La casa estaba en un estado de abandono total, lleno de impuestos viejos y con el pasto crecido. Adentro había olor a encierro, a humedad. El comedor  estaba desordenado, con cosas apiladas y con polvo. Parecía una casa utilizada para depósito. No daba la sensación de que alguien pudiese vivir de esa forma".

"Cuando llegó la señora Acuña le expliqué lo que estaba sucediendo y ella se comunicó con su hijo. Me pasó el teléfono, le traté de explicar al hombre pero me insultó y no pudimos seguir con la conversación. La mujer, para mí, iba a darle de comer a los animales. Nunca me dijo que vivía ahí. Si esa propiedad hubiese estado habitada no hubiese seguido adelante", concluyó el abogado.

También, declaró Martinel quien aseguró que la propiedad era de sus padres y que vive ahí desde 1974. "Pasó a mis manos en 2006 cuando decidimos tomar un préstamo hipotecario. En ese momento, mi madre decidió ponerla a nombre mío", recordó. La mujer detalló que debían pagar 24 cuotas con intereses y al finalizar devolver el total del capital, que era de 60 mil dólares. "Pagamos 18 cuotas, en mayo de 2008 fue la última. En ese momento tuvimos problemas económicos y no pudimos seguir pagando. En 2009 recibió una carta documento y propusimos otras formas de financiación pero ellos no aceptaron la renegociación de la deuda", añadió.

Y continuó: "El día de los hechos estaba haciendo trámites. Mis sobrinos estaban en casa porque el 20 había sido mi cumpleaños. Me llamó mi hermano y me dijo que vaya corriendo a mi casa porque mi mamá lo había llamado para decirle que estaban cambiando la cerradura de nuestra vivienda. Llegué y vi a mi mamá, a mi sobrino mayor y a mi sobrina menor. No nos dejaban entrar y al rato vino mi hermano. Llamamos a un abogado y nos dijo que hagamos la denuncia en la Fiscalía. Después vino la policía. Nosotras teníamos que sacar nuestra ropa, medicamentos de mi madre y a las mascotas. Quedamos en volver y fuimos a la noche. En ese momento nos avisaron que había un sobrino que había quedado adentro de la casa. Fue un momento desagradable. Al día siguiente habíamos quedado en ir al Juzgado Civil a ver la causa pero ellos no se presentaron. Yo me fui a vivir a un hotel y mi mamá se fue a la casa de mi hermano".

Finalmente, la mujer relató que a los cuatro meses el juez decidió que tenían que restituirle la vivienda. Al ingresar, aseguró que la casa estaba revuelta. "Me robaron joyas, un plasma, una notebook, ropa, apartos de cocina. Había papeles quemados, carne podrida en la heladera. Era un espanto", concluyó la damnificada.