04 de marzo de 2024
04 de marzo de 2024 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
Menu
Estuvieron diez años prófugos
Condenaron a 11 años de prisión a una pareja por asesinar a un hombre durante un robo
La abogada Silvina Maquiera y el ex policía bonaerense Diego Di Bella, junto con una cómplice que ya había sido condenada, ingresaron a la vivienda de un matrimonio, en Recoleta, para robarles. Para esto, colocaron medicamentos en bebidas, pero una de las víctimas murió intoxicada.

El Tribunal Oral en lo Criminal Nº22 condenó a 11 años de prisión a una pareja que, en julio de 2004, luego de ingresar a la casa de un matrimonio en Recoleta, intoxicó y robó a las víctimas. Como resultado de la droga que colocaron los imputados en las bebidas, Oscar Manti falleció. El fiscal Marcelo Martínez Burgos había solicitado durante su alegato la misma pena.

La abogada Silvina Maquiera y el ex policía bonaerense Diego Di Bella estuvieron prófugos durante diez años. Fueron detenidos en Bariloche, en enero de 2014. Ambos fueron condenados por el Tribunal Oral Federal de General Roca por la tenencia ilegítima de documentos de identidad. Maquiera había adulterado los DNI de uno de sus hijos para poder inscribirlo en el jardín de infantes. Luego de esa condena, en noviembre de 2014, fueron trasladados hacia Buenos Aires.

El hecho por el que se los condenó ocurrió el 30 de julio de 2004. Maquiera y Eva Leonor García, condenada en 2006 por este crimen y que registra varias condenas por hechos similares, ingresaron en la ferretería que la víctima tenía en Recoleta. Se presentaron como “viejas clientas” y uno de los empleados les dijo que el matrimonio estaba tomando un café en una confitería cercana. Hacia allí, se dirigieron las dos mujeres y los saludaron con efusividad: “Hola Leticia, ¿Cómo estás, Omar?” Leticia Botta, esposa de la víctima, le dijo a los jueces que en ese momento creyó que ambas eran conocidas de su marido.

Maquiera y García lograron que el matrimonio las invitara a cenar esa misma noche. A ese reunión, se sumó quién aparentó ser el hijo de García, pero que en realidad era Di Bella. Los tres cenaron junto con las víctimas y le ofrecían constantemente bebidas alcohólicas. Botta, según su testimonio, no tomó “casi nada” pero su marido, sí. La mujer declaró que, terminada la cena, García se ofreció a lavar los platos y a preparar un té y que a partir de allí, no recordaba nada. En las bebidas, los imputados habían colocado benzodiacepinas, un medicamento que actúan sobre el sistema nervioso central y que tienen un efecto sedante.

Cuando las víctimas quedaron inconscientes, los tres se llevaron de la vivienda 30 mil dólares, un revólver, una videocasetera, un teléfono celular así como carteras, tapados de piel, relojes, cosméticos y hasta un juego de ccccvdubiertos. Al día siguiente, un hombre  que debía hacer unas mediciones en la casa del matrimonio se presentó en el edificio. Si bien tocó varias veces el timbre, nadie le contestó. Cuando estaba por irse, por el portero eléctrico le habló la víctima: “no puedo bajar porque me siento mal, mi esposo esta tirado en el piso, no se que le pasa”.

El hombre se dirigió hacia la ferretería para avisar lo que sucedía. Un empleado fue el que ingresó a la casa de Uriburu 1276 y encontró a Manti sin vida en el living, que se encontraba todo desordenado. Botta fue trasladada al Hospital Alemán, donde se le diagnosticó “sobredosis de benzodiacepinas”.

El fiscal Martínez Burgos consideró que los condenados se aprovecharon de la situación de vejez de las víctimas y de la confianza ganada por mencionar al hijo del matrimonio, que había fallecido recientemente. Con esos datos, trazaron una estrategia para llevar adelante el robo que terminó con la muerte de Manti. Tanto el representante del Ministerio Público como los jueces Ángel Nardiello, Sergio Paduczak y Cecilia Maiza ponderaron el testimonio de Botta, que en la audiencia de juicio reconoció a Maquiera como una de sus agresoras.

Ambos condenados declararon que no tuvieron nada que ver con los hechos. Sin embargo, los jueces no tuvieron en cuenta sus dichos: “no puede sostenerse que la imputada haya estado diez años prófuga de la justicia con todo lo que ello conlleva, incluyendo perjudicar a sus propios hijos si la imputada no tuvo nada que ver en el hecho”. El fiscal afirmó que mintieron “en todas sus facetas”.

Debido a que ya habían sido condenados por el Tribunal Oral Federal de General Roca a tres años de prisión en suspenso, el Tribunal unificó las penas y le impuso una condena única de 13 años de cárcel, tal cómo había solicitado Martínez Burgos.