23 de junio de 2024
23 de junio de 2024 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Los alegatos serán el próximo 31 de agosto
Juicio por reducción a la servidumbre: declaró uno de los empleados del acusado
El joven, que tenía 17 años cuando trabajaba en el taller textil, le contó a los jueces las condiciones laborales en las que se encontraban él y sus compañeros. Aseguró que no podían salir durante la jornada laboral (que se extendía más de 12 horas) y que varios de sus compañeros debían quedarse a dormir en el taller textil porque “el trabajo tenía que salir” .

El Tribunal Oral en lo Criminal Nº7 continúa con las audiencias en un juicio donde se acusa a dos hombres por el delito de “reducción a la servidumbre” en un taller textil del barrio de Monte Castro. Uno de los empleados, en ese momento menor de edad, declaró que le pagaban 25 pesos por día por una jornada de 12 horas y que muchos de sus compañeros debían quedarse a dormir. El juicio continuará el próximo miércoles 31 de agosto, con los alegatos del fiscal Oscar Ciruzzi y las defensas.

A Bang Seung Ok, se le imputa haber obligado a varias personas a trabajar dentro de su taller textil, en precarias condiciones laborales e, incluso, de mantenerlos encerrados dentro del edificio entre diciembre de 2008 y agosto de 2009. Para ello, habría contado con la participación de Norberto Sabatini, quién está acusado de tener a cargo el control de quién entraba y salía del lugar.

El primero en declarar fue el jefe de la Unidad del Cuerpo de Investigadores del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Explicó que intervino en el allanamiento realizado el 3 de agosto de 2009 y que tuvieron que entrar a la fuerza al lugar. Dijo que “le llamó la atención” un sector armado “como si fueran camas” y que varios de los empleados “estaban conmocionados por la situación”.

Ante una pregunta de la Fiscalía, recordó que un joven le había manifestado que varios empleados dormían allí. “Para mi, era verosímil lo que me relataba el chico, estaba asustado y su relato se corroboraba con lo que nos encontramos ahí”, dijo y agregó: “Cuando recorrí esta fabrica, tuve la impresión de que dormían ahí adentro y que todo se daba en condiciones muy precarias”.

Noelia Genijovich realizaba tareas administrativas en la fábrica y estuvo presente el día del allanamiento. Aseguró que había varios empleados que se quedaban a dormir: “Si no se quedaban o si no terminaban su trabajo, el dueño les decía que no les iba a pagar”. Afirmó que las personas “tenían miedo de perder su trabajo”, que muchos “no tenían voluntad de decidir” y que todos cobraban “en negro y muy por debajo del salario mínimo”.

Por último, declaró Sebastian Mencia, el joven que le contó el día del allanamiento a los policías y funcionarios las condiciones en las que se trabajaba dentro del taller. Recordó que le pagaban 25 pesos por una jornada de 12 horas, que iba de las 7:00 a las 19:00 y que debía trabajar los sábados medio día. Afirmó que había gente que dormía ahí dentro “porque había mucho laburo y tenían que terminarlo” y que uno de sus amigos le contó que “dormían dos o tres horas y seguían”.

Le relató a los jueces Gustavo Valle, Gabriel Vega y Gustavo Rofrano que no podían salir libremente del lugar: “tenías que cumplir siempre tu horario, el sereno no nos dejaba salir si no lo hacíamos y no podíamos ir a comprar el almuerzo tampoco”. “En cada uno de los pisos había cámaras y controlaban si trabajábamos o si tardábamos mucho en el baño”, manifestó el joven, que tenía 17 años cuando trabajaba en el taller.

Dijo también que, si faltaba un día, al terminar la semana sólo le pagaban el equivalente a un viático de 50 pesos: “agachaba la cabeza y me iba, no me podía quejar, necesitaba la plata y no sabía nada de leyes”. “Nos pagaban miserias, los muchachos no iban a ver a sus familias por trabajar” recalcó. Ante una pregunta del fiscal Ciruzzi, agregó: “algunos empleados, los bolivianos, quedaban encerrados de viernes a domingos para que no se vayan”.