15 de junio de 2024
15 de junio de 2024 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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El acusado admitió su culpabilidad
Solicitaron dos años y medio de prisión efectiva para un joven por un secuestro virtual
Lo solicitó el fiscal Oscar Ciruzzi al Tribunal Oral en lo Criminal Nº17 por un hecho ocurrido en octubre del año pasado.

El Tribunal Oral en lo Criminal Nº17 comenzó ayer con el juicio contra un joven acusado de realizar un “secuestro virtual”, en octubre del año pasado. El fiscal Oscar Ciruzzi pidió una condena de dos años y medio de prisión de cumplimiento efectivo por el delito de “extorsión” en grado de tentativa y tuvo en cuenta que Mariano Irazusta tiene una condena anterior. El veredicto se conocerá la próxima semana.

Ante los jueces Juan Facundo Giudice Bravo, Pablo Vega y Liliana Barrionuevo, el fiscal relató que el 20 de octubre de 2015, la víctima recibió un llamado al teléfono de línea de su casa en Villa Devoto donde, entre insultos, un hombre le decía que tenía secuestrada a su madre y que debía entregarle dinero porque sino la iba a matar.

Si bien el damnificado había pasado por una experiencia similar antes, Ciruzzi destacó que la llamada le generó una preocupación ya que Irazusta le brindó algunos detalles sobre cómo era el frente de su casa y esto lo inquietó. Explicó que, al no poder comunicarse con su madre mediante su celular, el hombre creyó en que realmente podía estar secuestrada.

Luego de varios llamados que se cortaban, en los que el imputado le reclamaba dinero mientras lo amenazaba e insultaba, el hombre llamó al 911. En ese momento, sintió un ruido fuera de su casa y cuando salió, se encontró con un joven “muy alterado” que le reclamaba el dinero. Cuando le dijo que estaba “juntando la plata”, Irazusta se subió a una moto, lo que fue aprovechado por el hombre para anotar la patente del vehículo.

Tras reiterar el llamado a la policía, minutos después llegó el subcomisario de la Comisaría 45 junto a otros efectivos. El hombre seguía con las llamadas del imputado hasta que, junto con el subcomisario decidieron poner en una bolsa algunos papeles y dejarlos en un tacho de basura cercano al domicilio. Cuando Irazusta fue a recoger “el señuelo”, fue detenido por la brigada policial, que seguía la escena desde la calle Simbrón. Minutos antes, una de las hermanas de la víctima había logrado ubicar a su madre.

Ciruzzi sostuvo que el caso implicaba una “extorsión” y no una estafa, como planteó luego la defensa del acusado. Citó un fallo del Tribunal Oral en lo Criminal Nº7 donde el juez Giudice Bravo, en un caso similar, sostuvo que se trataba de una “clara afectación de la voluntad de las víctimas mediante intimidación” y cuyo objetivo es “satisfacer una exigencia patrimonial”.

Recalcó la fiscalía que el damnificado, tal como relató ante los jueces, tenía miedo de lo que podía suceder y que su nerviosisimo incluso lo llevó a tomar actitudes, como enfrentar al acusado, que en otra situación quizás no hubiera tomado. Afirmó que el delito no se concretó por razones ajenas al imputado, que tenía intención de cobrar el dinero del supuesto secuestro. Descartó que Irazusta no tuviera consciencia de lo que hacía y recalcó que tuvo un “nerviosismo acelerado impostado” para generar temor en el hombre.

Aseguró que, si bien iba a solicitar el mínimo de la pena prevista para el delito de extorsión, iba a pedir que la condena sea de efectivo cumplimiento. Tuvo en cuenta que el joven de 20 años fue condenado por un Tribunal de Menores por los delitos de “hurto agravado por haber sido cometido con escalamiento; robo agravado por haber sido cometido con escalamiento y tentativa de robo agravado por utilizar un arma de utilería, en dos ocasiones” a la pena de dos años y cinco meses.

Consideró que esa pena en suspenso fue “una advertencia” que le dieron los jueces: “a pesar de la pluralidad de delitos, tiró por la borda esa posibilidad”. Por este motivo, le solicitó al Tribunal que unifique las penas y lo condene a la pena única de cuatro años y once meses de cárcel.

Irazusta le manifestó a los jueces que estaba arrepentido de lo que había hecho y que todo se debía a su consumo de drogas. Su defensora pidió que el hecho sea calificado como estafa y que se le aplique una pena de prisión en suspenso, pues “no es el mismo hombre que cometió ese delito, está organizando su vida”.