10 de diciembre de 2018
10 de diciembre de 2018 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
Menu
Continúa el juicio por los crímenes de la banda de ultraderecha
CNU: la visita a una cárcel de un fiscal armado
La testigo Isabel Eckerl relató que Gustavo Demarchi acudió al penal de Olmos donde ella estaba detenida y que vio que llevaba un revólver en la cintura. “Daba muchísimo miedo la impunidad de que un civil entrara armado”, expresó.

Isabel Eckerl estaba detenida en la Unidad Penitenciaria de Olmos cuando la hicieron poner, junto a las demás detenidas, contra la pared. Mediaba el año 1976; eran los primeros meses de la dictadura cívico militar. “Ingresó una patota de varones, entre ellos Demarchi”, sostuvo. Dijo que llevaba un arma en la cintura, sujeta del cinturón. Eckerl subrayó también haber sentido "muchísimo miedo” ante “la impunidad de que un civil entrara armado”. En el juicio, están sentados en el banquillo de los acusados a diez civiles y un militar retirado por la conformación de una asociación ilícita –como miembros de la CNU- y ocho homicidios.

Según el relato que la testigo brindó por videoconferencia desde la Ciudad de Buenos Aires, la visita del entonces fiscal federal fue para otras detenidas. "Fue un hecho suficientemente fuerte para no olvidármelo en la vida”, sostuvo.

En relación a su causa, Eckerl mencionó que el fiscal había pedido 14 años de prisión “por denigrar la bandera y el himno”, que el juez le otorgó cuatro y que la apelación presentada resultó en la absolución a mediados de 1979. Estuvo un año más a disposición del Poder Ejecutivo Nacional hasta que logró la libertad, con salida del país.

Ella estaba casada con Federico Guillermo Báez, quien militaba en la JTP Bancaria. Fue él quien le contó de una discusión tensa que tuvo con Demarchi en una reunión de las juventudes peronistas en 1973, en la CGT de Mar del Plata. “Por la Juventud Peronista de la tendencia, fueron Eduardo Soares y Federico Báez, y Demarchi había ido en nombre de la CNU”, sostuvo la testigo.

Mientras Eckerl estaba detenida fueron secuestrados y asesinados sus suegros, una cuñada y su padre. “Mi madre fue salvajemente torturada, tirada en una bolsa sobre la Ruta 2, cerca de Mar del Plata”, relató. Sin embargo, el daño provocado en sus riñones le provocó la muerte, años después. Su marido, Federico Báez, fue detenido en 1977 y permanece desaparecido.

“Terrorismo de Estado antes del golpe”

El primero en declarar fue Daniel Cecchini, quien fue coautor del libro “El terrorismo de Estado antes del Golpe”, junto a Alberto Elizalde Leal. Dijo que CNU era “un grupo de terrorismo de Estado previo al Golpe, que actuó en La Plata y alrededores”.

Señaló que en octubre de 1975 hubo una reunión en el Sindicato de Papeleros donde la organización se puso “a las órdenes” del Batallón 601, por una directiva del entonces gobernador bonaerense, Victorio Calabró.

Además, mencionó que Patricio Fernández Rivero, quien fue un dirigente nacional de CNU, actuó en La Plata y en Mar del Plata, y en este sentido, mencionó que –por ejemplo- viajó hasta esta ciudad cuando un grupo platense de CNU asesinó a Hugo Kein.

Al referirse al apoyo estatal con el que contaba la organización, Cecchini planteó que “hay que entenderlo en etapas” y que “se va incrementando a lo largo del tiempo”. En este marco, reparó en un Consejo Nacional Justicialista convocado en 1973, donde se planteó “la depuración del movimiento justicialista de la infiltración marxista”, que hacía referencia a la tendencia revolucionaria.

A su vez, el testigo señaló que actuaban con zonas liberadas por la policía y trazó una similitud entre la noche denominada del 5x1 (asesinaron a cinco personas luego de la muerte del líder de la CNU, Ernesto Piantoni), con los homicidios cometidos tras la muerte del militante de la CNU Gastón Ponce Varela. Dijo que incluso se pintaban paredes “Once por Ponce” que eran firmadas por la CNU.

También, estableció un vínculo con la Triple A: dijo que la viuda de una de las víctimas de CNU reconoció a Aníbal Gordon (jefe operativo de la Triple A) el día que se lo llevaron. “Hubo como una etapa de aprendizaje, si bien tenían experiencias en armas, no así en secuestros y asesinatos”, señaló el testigo.

Al trazar elementos del modus operandi de la CNU, dijo que se repetían los secuestros, los asesinatos inmediatos, los cadáveres que aparecían en la calle, fusilados, con gran cantidad de balazos, algunos con signos de tortura.

Las defensas interrogaron sobre su militancia, qué hacía en esos años, cuándo estudió periodismo, dónde militaba, qué ideología tenía, si usaba armas. “Hubo compañeros que participaban de operaciones armadas”, dijo y marcó la diferencia con “tener apoyo estatal como CNU”.

Otros dos testimonios

También, declararon los abogados Alfredo Cuesta y José Luis Gelemur. El primero definió a la CNU como una agrupación política de derecha, y dijo haber sido abogado de Demarchi cuando debió pedir la rectificación por una imagen publicada en Página 12 que ilustraba una nota de un represor cuyo nombre es Gustavo Ramón De Marchi. “Tengo una relación profesional muy cordial que se ha prolongado”, dijo al declarar sobre el acusado de liderar la asociación ilícita.

El abogado señaló que nunca había averiguado que pasó con aquellos crímenes del '75 que se juzgan 40 años después. “La policía se encarga de investigar los delitos”, sostuvo.

Por su parte, Gelemur señaló que los asesinatos de Enrique Pacho Elizagaray, la familia Videla y Bernardo Goldemberg habían sido una respuesta por la muerte de Piantoni, y que –por comentarios- supo que esas muertes se habrían pergeñado en el mismo velatorio. ¿Quiénes pensaron esta respuesta?, le preguntó el Ministerio Público Fiscal. “Los amigos más cercanos a Piantoni”, respondió, afirmando que eso era lo que se comentaba en los bares y confiterías de la ciudad.