29 de enero de 2023
29 de enero de 2023 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Los crímenes de la organización de ultraderecha en Mar del Plata
CNU: "López Rega era palabra santa para quienes pertenecían a la Triple A"
Así lo señaló el testigo Julio Valpuesta, un ex funcionario eclesiástico, en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad cometidos por miembros de la Concentración Nacional Universitaria. En tanto, Raúl Stoppani recordó el dolor del asesinato de su hermano y señaló que nunca llamaron a su familia a declarar para esclarecer el hecho, que es juzgado 40 años después.

En la última audiencia del 2015 del juicio donde se juzga a miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) como integrantes de una asociación ilícita y algunos de ellos también por ocho homicidios, declararon el hermano de una de las víctimas, Raúl Stoppani, el artista Jorge Strada y Julio Alberto Valpuesta, un funcionario eclesiástico con retiro efectivo que conoció a María del Carmen Maggi –otra de las víctimas- y al entonces  Obispo Eduardo Pironio.

“Dejamos que lo resolviera la Justicia”, dijo Raúl Stoppani, hermano de Jorge, asesinado a balazos el 25 de abril de 1975, junto a su colega y amigo, Daniel Gasparri. En ese entonces nunca lo llamaron a declarar desde el Poder Judicial, su mamá había quedado conmovida, ellos eran de Balcarce, y no quisieron “seguir insistiendo”. Cuarenta años después, son juzgados los posibles asesinos de su hermano.

Cuando lo mataron, Jorge tenía 27 años, era contador, trabajaba en la Municipalidad y también en una droguería. No tenía ningún tipo de militancia política. “Creo que al que buscaban era a Gasparri, y él, como era testigo, para no quedar en la mira, lo tuvieron que balear”, interpretó Raúl.

Él se enteró de que algo había sucedido en el Banco Provincia, donde trabajaba. Allí le dijeron que debía ir urgente para su casa, que su hermano había tenido un accidente. Al llegar encontró una escena desesperante: “Mi madre revolcándose por el suelo, mis hermanas llorando, fue terrible”, declaró.

Si bien esa noche lo convocaron a reconocer el cuerpo, no pudo bajar del auto. Familiares y amigos que lo habían acompañado certificaron que era Jorge y que estaba baleado en el pecho. A su mamá, cuando acudió a buscar sus pertenencias a la comisaría, le dijeron que investigarían el hecho, pero nunca supieron nada de la causa. “Dejamos que lo resolviera la Justicia”, señaló. El fiscal entonces era Gustavo Modesto Demarchi, uno de los imputados que deberá responder como jefe u organizador en el delito de asociación ilícita.

EL RECUERDO DE COCA MAGGI

Jorge Strada fue alumno de María del Carmen Maggi en el Instituto Minerva. “Imposible olvidarme de Coca”, dijo en el juicio. Fue ella, contó, quien lo incentivó a estudiar psicología y le fomentó su pasión por el arte.

Strada en 1975 trabajaba como personal administrativo en la Universidad y dos años antes había ganado la elección del gremio del personal no docente. Entonces presentaba un proyecto para la creación del coro universitario, que fue desestimado por Cincotta, ex secretario general de la Universidad, quien murió detenido en el marco de esta causa: “Mirá que le voy a aprobar un proyecto a un zurdo anarquista”, le dijo.

En 1976 fue echado de la Universidad y decidió irse de Mar del Plata. “Las balas pasaban alrededor de uno, mataron mucha gente amiga, me habían echado, intuíamos que había que irse”, sostuvo. Y amplió el concepto de víctima: “No es fácil estar en el cuerpo de alguien que ha quedado vivo, sufrir la muerte cotidiana de amigos”.

“PIRONIO ESTABA AMENAZADO POR LA TRIPLE A”

“López Rega era palabra santa para quienes pertenecían o se identificaban con la Triple A”, señaló Julio Alberto Valpuesta, un funcionario eclesiástico con retiro efectivo. Dijo no recordar nombres, pero que los identificaba como miembros de la CNU.

El testigo señaló que la muerte de Maggi generó un “impacto emocional muy grande” y que “era una mujer muy querible y muy querida”.

Luego, reparó en que el entonces Obispo Eduardo Pironio –a quien le habían pintado su nombre seguido por “Montonero” en inmediaciones a la Catedral de Mar del Plata-, “estaba amenazado por la Triple A”.

Enseguida recordó una anécdota que habla del clima de la época: el Jueves Santo, Pironio debía ir a una ceremonia que solo puede estar a cargo del Obispo. Pero si iba, entendieron entonces, podía ser objeto de algún atentado, por lo que se realizó en privado.