18 de julio de 2024
18 de julio de 2024 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Entrevista a los fiscales Mercedes Soiza Reilly y Abel Córdoba
"La ESMA se define por prácticas sociales ilícitas consagradas como política de Estado"
Los fiscales realizaron un balance sobre la labor del Ministerio Público Fiscal en el histórico proceso oral y público, que comienza su tramo final. Opinaron sobre el legado y las enseñanzas que dejará uno de los juicios más grandes de la historia argentina.

El juicio por los crímenes que tuvieron como epicentro la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) está en su tramo final. A partir del lunes 18 de abril, las defensas de los 56 acusados tendrán la palabra durante varias semanas antes de que el tribunal escuche por última vez las palabras de los imputados y dé su veredicto.

El debate lleva tres años y medio. Desde que se retomaron las audiencias orales y públicas tras la feria judicial de enero, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°5 de la Capital Federal escuchó los alegatos de los querellantes. En diciembre, la fiscal Mercedes Soiza Reilly y el titular de la Unidad Fiscal de Litigio Oral Estratégico, Abel Córdoba, quien se sumó en el tramo final del juicio a colaborar con la Fiscalía, pidieron 52 condenas a prisión perpetua y otras cuatro de entre 10 y 25 años, al cabo de 108 horas de exposición.

La semana pasada, Soiza Reilly (MSR) y Córdoba (AC) recibieron a Fiscales en el Sitio de Memoria ESMA para realizar un balance de las implicancias de uno de los juicios más grandes de la historia Argentina, que tiene en su objeto la dilucidación de los casos de 711 víctimas.

- ¿Qué desafíos planteó este juicio en materia procesal?

AC - Hubo que trascender la estructura de proceso penal que nos plantea el código procesal vigente, que está pensado para juzgar hechos individuales descontextualizados, donde sólo hay una víctima, un acusado, prueba aislada y terminar un juicio completo en diez días. Acá, en cambio, con estos centenares de hechos y más de medio centenar de imputados, tenemos todo lo contrario: un número indeterminado de víctimas, un contexto que es decisivo comprender para valorar la prueba, una actividad estatal sistemática y clandestina y responsables que se cuentan por miles, con prueba que se consiguió acumular en diversas etapas históricas de investigación que se va interrelacionando. Y no hay un solo lugar del hecho. ESMA tuvo asiento acá, pero también había otros centros clandestinos de detención temporarios donde operaban estos mismos acusados, otros responsables de estos mismos hechos que operaban desde otras bases aeronavales, más los civiles que tenían también responsabilidad en tramos decisivos de los secuestros, torturas y muertes. Hubo que superar las estructuras procesales para juzgar hechos para los cuales no están pensadas. Parte del desafío era ese. Que en esas categorías clásicas tramite el juzgamiento de hechos no sólo múltiples, sino también desmesuradamente horrorosos, con prueba que abarca todo un período histórico de cuatro décadas.

MSR - Y en este desafío, utilizamos las reglas procesales vigentes para llegar donde estamos, un juicio justo y legitimo. Siempre, las críticas de las defensas giraron en torno a esto. Con el correr de las audiencias está claro que hemos respetado absolutamente todas las garantías constitucionales del proceso penal. Y esto se vio en estos tres años de juicio, donde todos tuvieron la posibilidad de la palabra; tanto víctimas, como imputados.

- ¿Cómo fue el abordaje de todo ese material?

MSR - Implicó un gran trabajo, primero debimos conocer las pruebas, hacer un entrecruzamiento de ellas con la colaboración del equipo de la Fiscalía, utilizar los documentos desclasificados, que no muchas veces se habían utilizado, tuvimos enfrente gran cantidad de papeles que nunca habían sido procesados. Trabajamos en conjunto con los informes y aportes al juicio del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Seguridad para poder abordar ese material, que era inmenso, pero también altamente probatorio. Pudimos, con estos documentos, reproducir las estructuras represivas que funcionaron en el centro de exterminio. Nosotros siempre decimos que este juicio nos permitió traspasar las paredes del campo e ir más allá. Nos permitió ir por la responsabilidad de los altos mandos, del Comando de Operaciones Navales, por ejemplo. También, la responsabilidad del Comando de Aviación Naval, incluyendo las Escuadrillas Aeronavales y la responsabilidad de los pilotos de la Armada y de la Prefectura Naval Argentina en el tramo de los llamados vuelos de la muerte. Este funcionamiento represivo fue posible gracias a la colaboración de todos los estamentos alineados para concretar un plan criminal común. Y esto fue probado a nivel testimonial, con el relato del cautivo y también a nivel documental, con los aportes de documentos oficiales de la dictadura. La Fiscalía entonces pudo producir en el juicio esa prueba. Y lo complejo era mostrarla para que pudiera ser comprendida. Por eso, en esa tarea la Dirección de Comunicación Institucional de la Procuración General de la Nación nos ayudó a poner en imágenes lo que teníamos en papeles.

- ¿Por qué deciden utilizar otras herramientas?

MSR - Eso tuvo que ver con las características de este juicio. Nosotros debíamos ofrecerle a los jueces las pruebas de la mejor manera posible para que conozcan las estructuras represivas que funcionaron en torno a este centro de exterminio. Lo cierto es que la mejor manera de hacerlo era poniéndolo en imágenes. Y con todo este cúmulo de papeles, decidimos pedir colaboración a la Dirección de Comunicación Institucional. No sólo para mostrar las estructuras represivas y lo complejo de éstas, sino también para contar las historias de vida de las víctimas. El aporte de este equipo fue además poner en imagen las casi 800 historias de vida que se narraron en el juicio.

AC - Interpretamos que en los centros clandestinos de detención, entre tanto clausurado y suprimido, a la clausura de la palabra en las víctimas se le sumó la clausura de toda posibilidad de imagen de espacio de terror. Entonces, quien sobrevivía al campo de concentración, sólo tenía palabra para expresar su vivencia extrema y esos sobrevivientes tuvieron que afrontar culpabilizaciones muy fuertes. Y sin imagen, se pierde referencia a real. Por eso hemos valorado como fundamentales a las imágenes que víctimas consiguieron sacar del lugar. Lo mismo ocurre en el presente con las instituciones de encierro, por eso es fundamental la utilización de la imagen no sólo como argumento, sino para darle materialidad visible, sensorial, a la experiencia devastadora de la víctima. La imagen no sólo es un recurso argumental o expositivo, sino que posibilita referencias en las que se asienta lo real. Los centros clandestinos de detención fueron lugares donde no causalmente la imagen quedó suprimida. Entonces, que la Fiscalía insista al alegar con la exposición de imágenes en la sala de audiencias, con los retratos de los desaparecidos, con las imágenes de los sitios, tiene que ver con la ruptura del encierro que aún produce la imagen. La clandestinidad de la represión se sigue rompiendo con cada testimonio y con cada imagen de aquello que permanece oculto o, para algunas concepciones muy canallas, aquello de lo que todavía se pone en duda. Es uno más de los elementos, pero es aquél que se suma a quebrar la voluntad histórica de los represores.

- ¿Cuál creen ustedes que va a ser el legado del juicio?

MSR - Creo que esta experiencia se puede traspasar a cualquier tipo de causa compleja, como las de trata de personas o las investigaciones de narcocriminalidad. Tiene que ver con utilizar otras técnicas para mejorar la comprensión de los hechos. En esto, fueron claves las unidades especializadas. Esto es posible gracias a los equipos de trabajo que se conformaron en esta gestión.

AC - Hoy, podemos hablar o analizar el legado desde el MPF ya que al terminar de alegar, concluye la actividad más relevante en el proceso penal. En ese sentido, se ha transitado una transformación de la estructura del MPF que antes de los juicios de lesa humanidad tenía una organización espejada con el poder judicial y al cabo de procesos como este, queda en evidencia que es imprescindible contar con una estructura de organización adecuada a los objetivos institucionales que están dados por la política criminal. Las estructuras de las fiscalías eran desde el inicio insuficientes e inadecuadas para tramitar estos procesos que exigían fiscales activos con estrategia propia y capacidad de asumir una proactividad propia del sistema acusatorio, trabajar con las víctimas. La consolidación de los equipos de trabajo especializados en el MPF es uno de los legados, sin dudas. Porque el mismo desfasaje ocurre con toda la criminalidad de organizaciones y también con la criminalidad que arroja víctimas masivas por múltiples autores. También ha quedado consolidada la integración de equipos de trabajo de fiscalía con varios fiscales a cargos y planteles con profesionales de diversas disciplinas. Los juicios de lesa humanidad no los hicimos sólo abogados, hubo aportes decisivos de especialistas en psicología, psiquiatría, sociología, historia, antropología, especialistas en sistematización de datos, que fueron fundamentales para poder conceptualizar lo abrumador de las expresiones del terrorismo de estado que los abogados nos limitamos a enunciar técnicamente como objeto procesal.

- ¿Cuáles son los aspectos positivos y cuáles los negativos de llevar adelante un juicio de esta envergadura?

MSR - El aspecto positivo es encarar este juicio como grupo, con trabajo en equipo, como unidad de coordinación especializada en la materia, por un lado; otro aspecto positivo es la reparación a las víctimas y a sus familias, la construcción de memoria que vivimos en cada una de las audiencias: al ser un juicio unificado pudimos conocer los relatos de muchas víctimas que habían quedado fuera del objeto procesal en otros juicios. Como lado negativo, la lentitud del proceso, los excesos de rito, que están impuestos en el Código Procesal que nos rige y no están preparados para dar celeridad a las causas. Un juicio que hubiésemos querido que tuviera una resolución mucho más temprana lleva tres años y medio de audiencias.

AC - Esto obedeció a la política de generar juicios unificados ante la dispersión que había en muchos procesos. Esa dispersión es nociva, dilatoria y distorsiva, y todavía ocurre en causas que se tramitan hoy en instrucción o juicio. Es absurdo emprender un juicio por un imputado cuando hay decenas de acusados por el mismo hecho y no acumular los trámites de diferentes tramos de la misma investigación. No tener una estrategia inteligente era perjudicial y estos megajuicios son una respuesta a eso. Hoy, ya con el juicio en su etapa final, surge un elemento que se puede evaluar como negativo: la excesiva duración del juicio, al cabo de tramitar tantos años un mismo juzgamiento, desdibuja la inmediatez. Una víctima que declaró hace tres años y medio el juez tiene que acordase hoy, cuando tiene que escribir la sentencia, de los detalles de aquél testimonio y relacionarlo con lo que ocurrió hace un año y medio. Luego, y esto es un riesgo que afrontan todos los juicios, que es la tramitación como una mera secuencia de formalidades, una sucesión de audiencias, donde la vivencia desgarradora de las víctimas y la grave responsabilidad de los acusados resulten degradados por aplastamiento de la formalidad vacía. Un juicio por crímenes de lesa humanidad como los ocurridos en la ESMA no puede ser una sucesión de ceremonias formales, donde los abogados van a aburrirse para luego declamar la gravedad en el vacío. Por el contrario, desde nuestro trabajo en la Unidad Fiscal estamos convencidos de que hay un rol histórico, decisivo que ocurre en estos momentos con estos procesos, que es una trascendencia tanto del lapso temporal de duración de un juicio oral y público como de los protagonistas de la condena a lo ocurrido. La densidad del horror, los testimonios y las pruebas de la condición humana arrasada no sólo deben ser la materia que fundamenta una condena en un ámbito tribunalicio, es preciso que sean una manifestación criminal condenada por la sociedad más allá del tiempo de este juicio. Estos hechos deben seguir expresando lo absolutamente inadmisible. Sin esa repercusión, aun en juego en nuestra sociedad estaremos en todo momento con las condiciones de posibilidad dispuestas para constantes violaciones a los derechos humanos. Por eso, el riesgo, que señalamos, si predomina un formalismo vacío y desganado por sobre la materia. Cuando se trata de derechos fundamentales, la intrascendencia es preocupante, no sólo por ser funcional a la impunidad de los responsables de aquellos hechos y a las penalidades morigeradas. Eso es lo que podemos manifestar desde el MPF, que ha culminado su intervención más protagónica. Hemos traducido en términos jurídicos la complejidad de la materia con todos los factores que implican los crímenes de lesa humanidad. Ahora, el legado decisivo está en manos de los jueces que es la única palabra que de pronunciarse con justicia, tiene la posibilidad de revertir impunidad, y posibilitar así procesos vitales aún bloqueados en víctimas, y condenas aún pendientes en los acusados.

MSR – Creo que igual tiene más cosas positivas que negativas, a pesar de que todos dejamos nuestras vidas en estos juicios. Escindir las investigaciones también es grave y no permite plantear estrategias de trabajo; nos hace ver sólo un pedazo de la dinámica del plan sistemático de extermino montado.

– Quisiera una reflexión sobre qué fue la ESMA vista desde el prisma del derecho penal.

AC – Quien hace una compresión con pretensiones de racionalidad sobre estos hechos se encuentra con que desborda el análisis típicamente del derecho y nos encontramos con prácticas sociales criminales transformadas en políticas de Estado. Una de las manifestaciones de la ESMA es el crimen como política de Estado. Luego, desde el prisma técnico, dogmático, es muy sencillo encuadrar estos hechos, salvo que se adolezca de academicismo, patología que llega a ser incapacitante. Inmediatamente, uno lee dos testimonios, encuentra los manuales de la represión y buena parte de las claves empiezan a aparecer enseguida. Por otro lado, hubo una comprensión de que se trabajaba con un fenómeno de prácticas sociales que eran previas y que continúan después. Eso expresa legitimaciones críticas, pero lo que define a la Esma son esas prácticas sociales ilícitas consagradas como política de Estado, es la definición como fenómeno criminal. Fue esa especialidad la que exigió reinterpretar el rol fiscal, las herramientas y hasta las argumentaciones usuales en la práctica acusatoria, por ejemplo para poner de relevancia la gravedad de los hechos.

– ¿Qué lugar tuvieron los vuelos de la muerte en ese contexto criminal?

AC – Los jueces tienen hoy por primera vez el juzgamiento de la modalidad de exterminio de personas mediante vuelos de la muerte. El MPF hizo mucho hincapié en la imprescindible implicación de toda la estructura represiva en los vuelos y pudimos dar cuenta de cómo interpretar los vuelos de la muerte. En los tramos finales del alegato, profundizamos sobre el significado de que los autores hayan decidido métodos que implicaban la mecánica, en este caso con aeronaves, para matar a sus víctimas. En los vuelos, no hubo espontaneidad; por el contrario, son la expresión de una premeditación muy compleja, calculada en todos sus detalles. Lo tenebroso no es fruto del azar, sino de decisiones coordinadas, de muchos sujetos activos. Es una de las modalidades donde la voluntad criminal de exterminio masivo se expresa con desmesura, y que también prueba que toda la estructura represiva estaba empeñada en el terrorismo de Estado. La decisión de disponer de aviones, aeropuertos, personal calificado para operar esos vuelos, con el altísimo costo y complejidad que implicaba, no es algo que hayan hecho por el mero gusto de volar. La intención que evidencia este modo de exterminio es la pretensión de impunidad, por todos los medios. Esto se manifiesta en una nota decisiva: de los vuelos de la muerte no hay ni podría haber testigos. En los aviones iban víctimas que serían arrojadas a la muerte, y responsables de los hechos. La propia modalidad, por sí misma, descarta la posibilidad del testigo. En relación a los vuelos, más allá de que hay abundante prueba, implican muerte sin testigos. Para nosotros, la pretensión de impunidad da explicación a una circunstancia también decisiva y característica de los vuelos, que está dada por un dato constante: las víctimas eran subidas con vida a los aviones. Con eso, se descarta que haya sido un método de deshacerse de los cuerpos. Y la pregunta que alguna vez me hizo un intelectual, Guillermo David, al reflexionar sobre los vuelos, se la trasladamos a los jueces: ¿por qué los subían y los arrojaban con vida desde los aviones al mar? La respuesta es que suprimían así toda posibilidad del testigo. Los testigos, compañeros del cautiverio de las víctimas, pudieron ser testigos del encierro, del anuncio del traslado y hasta del adormecimiento de quienes iban a ser llevados. Han sido luego testigos de la ausencia, pero no de la muerte, como podría ocurrir en un fusilamiento. En lugar de un disparo hay un dispositivo, que traslada víctimas y en vuelo las arroja al mar. Está mediada hasta la mecánica de la muerte, que se producía lejos de los autores materiales que iban en el vuelo y también la eliminación del rastro corporal es mediata: los cuerpos desaparecieron en el agua, en un elemento de la naturaleza. La utilización de la máquina es también para que entre la voluntad de eliminar y la eliminación, haya mediaciones. Tras estos desarrollos, y análisis que fuimos desarrollando, el Poder Judicial está en condiciones de comprender y de revalorar esos elementos en tanto es una modalidad tenebrosa, mucho más cuando se evidencia que fue un método calculado hasta el mínimo detalle. En esta valoración, pusimos énfasis en una frase de los acusados, al decir que las personas dijeron que caían desde el avión como hormigas. Es una definición muy corta, que siendo palabra de un coautor de los vuelos expresa mucho. Lo central es que no consideraban humanos a las personas que eliminaban. Eran hormigas, insectos. Y eliminar insectos, y hormigas, es algo que el género humano realiza sin más, sin involucrar culpa, ni repercusión moral. Para que exterminar personas con esa ajenidad sea posible, previamente hay que deshumanizar al otro. Creo que también es la clave interpretar y descifrar con atención algunas prácticas, expresiones y hasta políticas públicas que se producen más acá de estos hechos, y que los juicios nos permiten comprender en sus dimensiones más profundas. Me refiero a lo alarmante de cada situación, en que haya sectores sociales a los que se atribuya portación de peligrosidad para luego poner en duda el merecimiento de un trato humano. El trato animalizante, incluso hacia niños, que observamos hoy en instituciones de encierro y en villas por parte de las fuerzas de seguridad, es la manifestación más nítida. Si esa supresión de la condición humana ocurre, estamos nuevamente ante la matriz de eliminación de personas, de un dispositivo renovado que conocemos bien.

MSR – Los miembros del Grupo de Tareas utilizaron la modalidad “vuelos de la muerte” como forma de asesinar a sus víctimas y hacer que sus cuerpos permanezcan en la clandestinidad. Se decía que lo único que había de los vuelos de la muerte eran [las declaraciones periodísticas de Adolfo] Scilingo, al igual que las confesiones de algunos pilotos en reuniones sociales. Para imputar la responsabilidad penal que les cupo a los involucrados en estos vuelos, la Fiscalía utilizó pruebas concretas. Abordamos cada una de las responsabilidades penales individuales mostrando qué tipo de estructuras se ocultaron detrás de los llamados “vuelos de la muerte”; sistemática que significó un trabajo en conjunto, que fue represiva y clandestina y que abarcó a todos los eslabones de la estructura militar. Sostuvimos en el juicio que la Armada Argentina, junto con la Prefectura Naval, se organizaron de modo tal que cada miembro aportó una porción de participación al plan criminal que se gestó desde los más altos mandos hasta hacerse efectivo. Dijimos que a pesar de que rol de la Aviación Naval durante la última dictadura militar fue un tema silenciado por las propias fuerzas armadas, las pruebas se fueron conociendo hasta hacerse visible esta mecánica de muerte. Nadie duda de la existencia de estos vuelos; nadie duda que en la ESMA se utilizó esta forma de dar muerte a las víctimas; nadie duda que los cuerpos eran arrojados con vida al Río de la Plata; nadie duda que fueron utilizados aviones de las fuerzas armadas. Por qué entonces dudar que estos aviones fueron piloteados por personas al servicio del plan sistemático de exterminio. Hoy, son los jueces quienes tienen por delante la posibilidad de juzgar estos crímenes.

- En el alegato, uno de los últimos puntos del petitorio, tuvo que ver con algo que trascendiera la sala de audiencias y el juicio mismo, la enseñanza de lo que ocurrió en la ESMA a otras generaciones. Se hizo hincapié en la vigencia del programa “La Escuela va a los juicios”...

MSR – A partir del año 2014, se crea un programa, en el ente público Espacio para la Memoria que funciona en la ex ESMA, que es “La Escuela va a los juicios”. Es decir, permitir a los estudiantes secundarios acercarse a estos juicios de gran conmoción social. Este programa propuso a los jóvenes generar nuevos espacios de debate y de reflexión. Es así que accedieron a las salas de audiencias. Teníamos un límite procesal, que era la edad que establecía el Código Procesal vigente para el ingreso de los jóvenes a las salas. Allí, con una acertada decisión de la Cámara Federal de Casación Penal, más un precedente de los jueces del Tribunal Oral Federal Número 5, con el acompañamiento también del MPF, se permitió el ingreso de estos menores, de estos jóvenes estudiantes a las salas de juicio. El año pasado, alrededor de 1400 jóvenes, de distintos colegios de Capital y de Provincia, transitaron por las salas de audiencias. Esto hay que destacarlo como un acontecimiento histórico marcando el interés de los jóvenes hacia este tipo de procesos. Y, además, lo notorio era lo que ocurría después, dejaban la experiencia de asistir a estos juicios en trabajos documentados, a los que pudimos acceder. Y la verdad es que fue muy conmovedor leer estos textos. Demostraba, una vez más, que este juicio permitió dejar una marca de conciencia social que no se ha visto en otros procesos. Así, se empezaron a contagiar las distintas salas de audiencia hasta que los jóvenes llegaron a participar en el juicio por la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001. Y esto tiene que ver con que los juicios de lesa humanidad se proyectan a otras causas que tienen relación con graves violaciones a los Derechos Humanos actuales. Y nosotros como MPF apoyamos esta convocatoria. Apoyamos a los jóvenes. La experiencia es positiva, conocen el relato de las víctimas a través de sus sentidos. Conocen cuáles son las pruebas que utiliza el MPF para acusar a los implicados y sacan sus propias conclusiones. Esto es un logro, algo que se ganó en este proceso emblemático.