20 de junio de 2024
20 de junio de 2024 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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En el Vaticano
Representantes del MPF estuvieron con el Papa en un coloquio sobre trata y crimen organizado
La máxima autoridad de la Iglesia Católica habló ante jueces y fiscales de todo el mundo. “La rehabilitación de las víctimas y su reinserción en la sociedad es el mayor bien que podemos hacer a ellas, a la comunidad y a la paz social”, dijo el Papa. Estuvieron presentes los fiscales Marcelo Colombo, Daniel Adler, Gabriel de Vedia, Diego Luciani y Claudio Kishimoto.

El Papa Francisco habló a los jueces y fiscales de todo el mundo, congregados en el Coloquio sobre Trata de Personas y Crimen Organizado que se realiza en la Casina Pio V en el Vaticano. Disertó sobre la libertad de la justicia, la corrupción, las penas a los responsables del delito, y la asistencia a las víctimas aún luego de las sentencias.

Como representantes del Ministerio Público Fiscal de la Nación, fueron invitados el titular de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), Marcelo Colombo; el fiscal coordinador del Distrito de Mar del Plata, Daniel Adler; el titular de la Unidad Fiscal de Investigaciones de Delitos de la Seguridad Social, Gabriel de Vedia, el fiscal general ante los Tribunales Orales en lo Criminal Federal de la Capital, Diego Luciani, y los fiscales federales de Rafaela, Provincia de Santa Fe, y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Claudio  Kishimoto y Diego Luciani, respectivamente.

Al término del encuentro, Colombo destacó el discurso como “muy claro, muy inspirador y muy conocedor de las vicisitudes que pasa un juez, un fiscal”. A su vez, destacó su referencia al rol de los magistrados y la necesidad de que la justicia “sea una justicia libre”. “Usó esa palabra que me pareció muy interesante: libre en el sentido de rechazar todo tipo de presión, pero además libre en el sentido de fallar en función de tu ideal de justicia y de no corromperse”, remarcó el titular de la Protex a fiscales.gob.ar

Por su parte, Adler repasó algunos pasajes del discurso del Papa. “Dijo que la independencia de la justicia está en la libertad con que los magistrados tienen que resolver los conflictos conforme su conciencia, y que hay que ser misericordioso en las penas, porque no son para siempre, sino que un día se terminan de cumplir y lo importante es la resocialización de las personas. Nos dijo que una pena sin esperanza no es una pena sino una tortura”, afirmó el fiscal general de Mar del Plata.

Y a su vez, reparó en el mensaje de la máxima autoridad de la Iglesia Católica respecto a la asistencia de las víctimas. “También, señaló la importancia de rescatar fundamentalmente, más allá de la persona que ha delinquido, a las víctimas, que son los sujetos pasivos de los delitos. Esto ha sido muy emocionante”, sostuvo Adler.

Además, de Vedia expresó: “El discurso del Papa fue extraordinario, hizo un llamado a la libertad de los jueces. Tenemos que ser libres de las corporaciones privadas, del sector político y del pecado, del egoísmo, del no te metás, del individualismo. Fue un mensaje esperanzador, habla de una pena con esperanza. Hizo un llamado excelente: el juez debe dejar todo y no debe negociar con la corrupción".

La palabra de Francisco 

Durante casi 30 minutos de oratoria, Francisco destacó el trabajo realizado desde la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales en los últimos años “en defensa de la dignidad y la libertad de los hombres y mujeres de hoy, y en particular para erradicar la trata y el tráfico de personas, y las nuevas formas de esclavitud tales como el trabajo forzado, la prostitución, el tráfico de órganos, el comercio de la droga, la criminalidad organizada”. “Estos son verdaderos crímenes de lesa humanidad que deben ser reconocidos como tales por todos los líderes religiosos, políticos y sociales, y plasmados en las leyes nacionales e internacionales”, expresó el Papa.

“Ustedes han venido aquí –les dijo a los presentes-, representando a sus colegas, con el loable propósito de avanzar en la toma de conciencia cabal de estos flagelos y, consecuentemente, manifestar vuestra insustituible misión frente a los nuevos retos que nos plantea la globalización de la indiferencia, respondiendo a la creciente solicitud de la sociedad y en el respeto de las leyes nacionales e internacionales”.

“Hacerse cargo de la propia vocación, quiere decir también sentirse y proclamarse libres, jueces y fiscales libres. ¿De qué? De las presiones de los gobiernos, libres de las instituciones privadas, y naturalmente de las estructuras de pecado de las que habla mi predecesor San Juan Pablo II, en particular, libres del crimen organizado”, manifestó más adelante.

Y enseguida señaló: “Yo sé que ustedes sufren presiones, amenazas, y sé que hoy día ser juez, ser fiscal, es arriesgar el pellejo. Y eso merece un reconocimiento a la valentía de aquellos que quieren seguir siendo libres en el ejercicio de su función jurídica. Sin esta libertad, el Poder Judicial de una Nación se corrompe y siembra corrupción. Todos conocemos la caricatura para estos casos de la Justicia, con los ojos vendados, se le va cayendo la venda y le tapa la boca”, describió.

Ante ello, expresó: “Pido a los jueces que realicen su vocación y misión esencial, la de establecer la Justicia, sin la  cual no hay orden ni desarrollo sostenible ni integral. Tampoco paz social”.

En otro pasaje, se refirió a la corrupción como “uno de los más grandes males sociales del mundo de hoy”, que “debilita cualquier gobierno, debilita la democracia participativa y la actividad de la Justicia”. Frente a esto, sostuvo: “Les pido que se defiendan de caer en la telaraña de las corrupciones. Cuando decimos hacer justicia, como ustedes bien saben, no entendemos que se tenga que buscar el castigo por sí mismo, sino que cuando caben penalidades, que estas sean dadas para la reeducación de los responsables, de tal modo que se les pueda abrir una esperanza de reinserción en la sociedad”.

“No hay pena válida sin esperanza. Una pena clausurada en sí misma, que no dé lugar a la esperanza, es una tortura, no es una pena. En esto yo me baso también para afirmar seriamente la postura de la Iglesia, contra la pena de muerte”, refirió.

Por último, el Papa Francisco dedicó algunos párrafos a poner atención en las víctimas de estos delitos. “Son más pasivas que activas en el ejercicio de la libertad, habiendo caído en la trampa de los nuevos cazadores de esclavos”, las describió.

“Los jueces están llamados hoy más que nunca –aseveró- a poner gran atención en las necesidades de las víctimas. Son las primeras que deben ser rehabilitadas y reintegradas en la sociedad, y por ellas se debe perseguir sin cuartel a los traficantes. No vale el viejo adagio ‘son cosas que existen desde que el mundo es mundo’. Las víctimas pueden cambiar y de hecho sabemos que cambian de vida con la ayuda de los buenos jueces, de las personas que las asisten y de la sociedad toda. Sabemos cuán importante es que cada víctima se anime a hablar de su ser víctima, como un pasado que superó valientemente, siendo ahora una sobreviviente, o mejor dicho, una persona con calidad de vida, con dignidad recuperada y libertad asumida”.

Finalmente, el Papa afirmó: “La rehabilitación de las víctimas y su reinserción en la sociedad es el mayor bien que podemos hacer a ellas, a la comunidad y a la paz social. Es duro el trabajo, no termina con la sentencia, termina después, procurando que haya un acompañamiento, un crecimiento, una reinserción de la víctima, y del victimario. Me animo a pedirles a jueces, fiscales y académicos, que continúen sus trabajos, y realicen dentro de las propias posibilidades, con la ayuda de la gracia, las felices iniciativas que les honran en servicio de las personas y del bien común”.