08 de febrero de 2023
08 de febrero de 2023 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Trata: "El Ni Una Menos fue un ejemplo de que se está caminando en un sentido más alentador"
La titular del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata, Zaida Gatti; la directora la Dirección de Orientación, Acompañamiento y Protección a las Víctimas (Dovic) de la Procuración General de la Nación, Malena Derdoy, y el fiscal a cargo de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), Marcelo Colombo, describieron cómo es el trabajo articulado de las unidades especializadas una vez que se producen los allanamientos. Además, detallaron las dificultades con las que se encuentran y los cambios que perciben a lo largo de los procesos judiciales.

El delito de trata de personas con fines de explotación sexual o laboral suele ser llevado a cabo por organizaciones criminales complejas ya que las redes operan desde el momento de la captación, casi siempre a través del engaño, para luego lograr el sometimiento de las víctimas. Por ese motivo, el hecho que desencadena una investigación que, de arrojar resultados positivos, deriva en un allanamiento, también debe ser cuidadoso y ordenado. En esa línea, la titular del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata, Zaida Gatti; la directora la Dirección de Orientación, Acompañamiento y Protección a las Víctimas (DOVIC) de la Procuración General de la Nación, Malena Derdoy, y el fiscal a cargo de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), Marcelo Colombo, describieron a Fiscales las principales características con las que se encuentran una vez producidos los allanamientos y el rescate de presuntas víctimas.

- ¿Cómo es el primer momento de un allanamiento por trata de personas?

-Zaida Gatti: El momento del rescate se produce cuando comienza el allanamiento porque nosotros ingresamos enseguida que lo hacen las fuerzas de seguridad. La idea es que ellos no tengan ningún tipo de contacto con las presuntas víctimas.

Inmediatamente después de ingresar con personal policial que custodia a los profesionales del Programa, hacemos las requisas en cada una de las habitaciones y se busca ver cuál es el lugar más apropiado para realizar las entrevistas. Dentro de un prostíbulo, llegó a ser un baño, un patio, una habitación o una cocina. Se intenta que haya alguna luz que no sea la roja propia de los prostíbulos.

Lo primero que hacemos es presentarnos, decir quiénes somos, por qué estamos ahí, qué estamos haciendo y especialmente cuál es el lugar de ellas en todo ese contexto que es bastante complejo y confuso porque no entienden bien qué es lo que pasa. Los allanamientos, si bien no son como en las películas, son violentos. No es una situación grata para nadie. Además, las víctimas casi siempre recibieron la amenaza constante de que la policía iba a ir a buscarlas e, inclusive, la vieron muchas veces dentro del prostíbulo y no precisamente yendo a rescatarlas.

Luego, un grupo de psicólogas y trabajadoras sociales realizan las entrevistas a las presuntas víctimas. Intentamos que todas tengan la misma duración y que sean individuales. Lo que hace un grupo de nuestro personal policial es ir llevándolas hasta los lugares donde están los equipos dispuestos para tomar las entrevistas y otro se queda con las chicas que van saliendo. Esto es para evitar que hablen entre ellas. Tenemos la experiencia de haber encontrado reclutadoras dentro del grupo de chicas haciéndose pasar por víctimas.

Antes de ingresar tratamos de que los policías tengan un entrenamiento especial en este tema porque, muchas veces, ellos son los que nos indican: ‘Mirá que todas miraban a fulanito”. En esos casos, se la separa y se la intenta entrevistar primero.

- ¿Con qué escenarios se encuentran luego de producirse los allanamientos?

Z. G. En el caso de explotación sexual, nos encontramos con el escenario dividido en tres: por un lado, con los clientes; por otro, ya separados y con custodia policial, los presuntos explotadores, dueños, encargados, tarjeteros, guardias de seguridad y todo lo que ya estuvo identificado durante la investigación, y, finalmente, con las presuntas víctimas.

El 99,9% de las mujeres que son rescatadas, dicen que están trabajando ‘felizmente de su profesión de prostitutas’. La verdad es que, salvo en algunos casos en los que sabemos que hay una víctima que pidió ayuda, dicen que están ahí porque quieren.

El terror que les causa el momento del allanamiento les dura toda la primera parte de la entrevista hasta que pueden entender que no somos de la fuerza de seguridad sino un equipo de colaboración, que no vamos a llevarlas detenidas sino que los que están detenidos son los explotadores. Hasta que ellas pueden incorporar toda esta situación pasa, como mínimo, una hora y media o dos luego del allanamiento”.

Nos pasó varias veces, en diferentes circunstancias, de encontrarnos con un policía en medio de un allanamiento. Una vez había un efectivo de la policía bonaerense que estaba como cliente en un prostíbulo en Pompeya. Estaba totalmente alcoholizado y lo único que hacía era gritar que él era de la policía. Como el agente que estaba ahí era de la Federal y no de la División Trata, fue muy difícil lograr que lo detengan, que era lo que tendrían que haber hecho. Lo dejaron irse por orden del juzgado. El entorno era muy violento, todos estaban alcoholizados. Ese día nuestros policías nos tuvieron que defender porque los clientes se nos tiraban encima.

- ¿Cuáles son las diferencias respecto a los casos de trata con fines de explotación laboral?

Z.G: En esos casos, los relatos son diferentes pero la situación es la misma. Las víctimas tampoco se reconocen como tales. Ahí, la dificultad es que al ser un trabajo, si se puede hacer intervenir al ministerio de Trabajo se le da otro final a esa situación. Los relatos son muy claros y muy contundentes en los casos de explotación laboral en la zona rural. Las condiciones las perciben los mismos trabajadores que vinieron, por ejemplo, a trabajar en una cosecha por 20 días. Ellos mismo te describen y cuentan muy fluidamente de la situación laboral que estaban viviendo y todo lo que están padeciendo. En estos casos es más fácil encuadrar los indicadores del delito. Eso no implica que se consideren víctimas. Lo que te dicen es ‘yo quiero cobrar lo que a mí me corresponde’.

La situación en un taller clandestino es distinta porque ahí también se le suma la condición migratoria, que si está irregular, muchas veces tienen temor de ser deportados del país. Entonces ahí es doble el trabajo ya que no solo hay que explicarles que hay alguien que los está explotando sino que además la Ley argentina no va a sancionarlos ni a penalizarlos por la infracción migratoria.

Es un doble trabajo y, así y todo, se quieren quedar. Pueden detectar cada vez más las situaciones de riesgo pero de alguna manera la eligen. Por eso es importante haber quitado la figura de consentimiento en la reforma de la Ley de trata porque ya los jueces no pueden tener más en cuenta ese aspecto.

- ¿Una vez que se realiza el allanamiento y el rescate de víctimas, cómo es la intervención de Protex?

Marcelo Colombo: La Protex ha participado en algunos allanamientos, ya sea por un pedido de colaboración del fiscal coadyuvante o porque hayamos realizado una investigación preliminar y después seguimos la causa. En esos casos, tratamos de ir siempre. Pero en otros allanamientos que directamente son ordenados por distintos jueces federales de distintos puntos del país, nosotros podemos evaluar el Programa de Rescate una vez que el material está incorporado al expediente.

De hecho, muchas de las profesionales del Programa varias veces son las principales testigos de los juicios orales. Es muy importante para el Tribunal llevarse esa primera impresión de cómo y en qué circunstancias rescataron a la víctima y cómo procesó el hecho de haber vivido una situación de explotación.

- ¿En qué consiste el trabajo de la Dovic en este proceso?

Malena Derdoy: Desde la Dovic, actuamos siempre por pedido de un fiscal. Somos una oficina de colaboración de fiscales. Como no estamos en los allanamientos, tenemos un rol “posterior” para lograr una continuidad en el contacto con las víctimas. Un año después del allanamiento, muchas de ellas son inhallables, o cambiaron de domicilio, o están buscando una inserción laboral o están de vuelta en el circuito de trata. Es un trabajo articulado con distintos Acá, el que tiene un trabajo autónomo va a estar girando en falso.

Nosotros hacemos un trabajo de acompañamiento pero también, muchas veces, de recordar cuáles son las instituciones que están trabajando en el tema y cuáles son los roles que tiene cada una. Nosotros esto se lo recordamos todo el tiempo a jueces y fiscales.

- ¿Cuáles son los cambios que se perciben en las instancias de debates gracias a la intervención de Dovic y el Programa de Rescate?

M.C.: Muchos de los procesos, pese a que hay recomendaciones contrarias, siempre se terminan sosteniendo en declaraciones de las victimas o de profesionales que asistieron a esa victima ya que pueden dar una cavada dimensión de la situación de explotación que padeció la persona. Eso sigue siendo una evidencia muy importante. En el último estudio que hicimos de casos de trata laboral, evaluamos 72 procesamientos por ese delito. Y un 98% de esos procesamientos, la declaración de las víctimas fue tenida en cuenta por el juez que procesó. Ahí, uno se da cuenta que sigue siendo un elemento muy importante y por ende es fundamental el trabajo que se haga en esta primera aproximación. Somos el único país de la región que tiene un programa de Rescate de estas características. A nosotros nos ha dado buenos resultados.

- ¿Cuál es el trabajo que realiza Dovic para intentar evitar que las víctimas vuelvan a caer en una red de trata?

M.D.: Desde Dovic, realizamos un acompañamiento, con distintas redes y organismos. Una mirada penal en este tema es, de mínima, corta. En ese marco es donde intervenimos. Cada situación va variando de acuerdo a cada víctima, porque cada una es un universo. Siempre dialogando con la parte del proceso penal de cara a un juicio. No es lo mismo una víctima empoderada, con un techo, con un trabajo, que una que tuvo que volver a una red de trata y que llega a declarar con el explotador en la misma sala. No hay soluciones mágicas. Nuestro trabajo es articulado y en red.

- A partir de la reforma de ley, ¿Cuáles son los avances y falencias en torno al trato de lasvíctimas?

M.C.: La reforma de la ley trajo una novedad del tipo procesal importante que es el artículo 250 quáter del Código Procesal Penal, que indica que todas las declaraciones de una víctima de trata, en la medida de lo posible, se realicen mediante cámara Gesell. Esto es un sistema donde ya no hay un juez sino una psicóloga a cargo de las entrevistas. Previamente, se le informa cuáles son las circunstancias del caso para que vaya dirigida hacia lo que es necesario escuchar, ya sea para el lado del fiscal o para el lado de la defensa.

En lo que estamos trabajando ahora también es en la construcción de un saber especial para esas entrevistadoras porque en realidad las psicólogas que participaban de esas cámara Gesell, ya sea de cuerpo decano de la corte como de las propias Cámaras Federales, tienen mucha experiencia en menores y en delincuencia juvenil pero no han desarrollado ninguna experiencia en cómo entrevistar a una víctima de trata. Entonces hay que empezar a trabajar con las universidades y con los cuerpos de psicología de la Corte. Pero así y todo, las entrevistas en Cámara Gesell son muy buenas. Tuvimos muy buenas experiencias, tanto en juicios orales como en las etapas de instrucción. Es un espacio donde se ve, a medida que va transcurriendo la entrevista, cómo la víctima va adquiriendo cierta confianza, y no se siente presionado por ninguna otra parte. Estamos tratando que en todos los juicios orales todos los fiscales sigan esta línea de acción. Todos estos cuidados se están empezando a ver pero a medida que pase el tiempo se van a ver muy positivamente.

M.D.: Desde la Dovic hemos podido hacer acompañamiento a juicios. La ley está, se pueden hacer críticas y siempre todas las normativas son perfectibles. Nosotros tratamos de trabajar en la intervención de los operadores judiciales. Esto es, no es lo mismo cómo pregunta un juez en una audiencia de juicio a cómo preguntaba hace tres años. Lo que nosotros tratamos de hacer es trabajar en esas instancias, deconstrucciones de prácticas judiciales muchas veces muy estigmatizantes. Y tratar de empoderar a la víctima, ese es un poco nuestro rol. Si una semana antes del juicio no se anima a ir a declarar explicarle qué es, cuáles son las consecuencias, cómo serán las dinámicas de las preguntas. No quiero generalizar. Se ha avanzado en un tomo de amabilidad y cordialidad respecto al trato de las víctimas, más no de una investigación profunda y de credibilidad de su relato. Todo el tiempo, construimos y trabajamos en la credibilidad de ellas. Estamos tratando de incorporar esas ideas de la mano de la interdisciplina, ya que nuestro equipo está conformado, en su mayoría, por psicólogas y trabajadoras sociales. Por eso es un trabajo bien distinto respecto a lo que hacen otras instituciones que están trabajando en el tema de trata desde hace años.

- ¿Creen que hay que penalizar a los clientes?

Z.G.: Yo creo que sí. Además, Argentina avanzó en materia de penalización del cliente. No sólo por el proyecto que ya tiene media sanción. Argentina en 2010 ya lo incorporó en un documento internacional en el ámbito de las Naciones Unidas, la penalización del cliente de trata con cualquier fin. Esto también lo llevamos al foro de Naciones Unidas hablando específicamente de trata. Me parece que es fundamental porque es el eslabón que todavía queda suelto dentro del circuito de la trata. La realidad es que son cómplices de las redes. Si vos lo penalizas y tiene la posibilidad de pagar una multa o quedan imputados de alguna manera yo creo muchos van a desistir de ir a los prostìbulos.

M.C.: Creo que hemos avanzado hasta un momento en el que habría que dar esa discusión seriamente. Podría ser un paliativo normativo más para atacar al negocio en toda su dimensión. Hay países europeos que están avanzando hacia ese lugar. Creo que llegó el momento de hablar sobre este tema. Más allá de creer que la solución no es solo punitiva. Han habido dos proyectos que tienen que ser analizados.

- ¿Qué impacto creen que tuvo la marcha Ni Una Menos de cara a esta problemática?

M.D: La marcha fue un ejemplo de que también se está caminando en un sentido más alentador en materia de concientización social y esto no es una responsabilidad excluyente de determinados operadores, o de las mujeres feministas que venimos militando el tema. Es una responsabilidad social porque si no vamos a ser las mismas de siempre hablando sobre los mismos temas en una soledad absoluta. Esto se responde y se reacciona entre todos cortando las redes de complicidad, tácita, social que permea nuestras estructuras. En violencia de género en general, y en trata en particular, se está generando conciencia de manera paulatina.