El titular de la fiscal Fiscalía de Distrito de los barrios de Saavedra y Núñez, José María Campagnoli, solicitó la elevación a juicio oral de la investigación seguida a ocho personas, entre ellas una oficial de la Policía de la Ciudad, acusadas de integrar una banda que cometía robos bajo la modalidad de “entradera” y a la que se le atribuye el homicidio de un jubilado de 74 años que murió al descompensarse durante uno de esos asaltos en el barrio porteño de Coghlan.
En el pedido, suscripto por el Auxiliar Fiscal Agustín Serra y presentado al juez Ricardo Rongo, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°22, se atribuyó a H.G.A. (45) y J.H.T. (36) el liderazgo de la organización, mientras que señaló a M.R.R. (54), R.D.M. (41), N.S.F.R. (30), M.A.F. (44), J.L.V. (29) y su pareja, la oficial de la Policía de la Ciudad M.N.B.D.C. (31), como integrantes de “una organización delictiva debidamente estructurada y con permanencia en el tiempo, cuya actividad ilícita fue registrada, al menos, desde el 14 de julio de 2025 en adelante”.
“Esta organización se encontraba principalmente orientada a la ejecución de asaltos contra viviendas particulares, que eran previamente seleccionadas y sometidas a tareas de vigilancia antes de avanzar sobre ellas” y que “una vez escogido el objetivo, el grupo procuraba actuar cuando las condiciones resultaban favorables para sorprender a sus moradores dentro de la vivienda”, indicó el auxiliar fiscal.
Según determinó la fiscalía, para concretar los robos, algunos de los integrantes se trasladaban hasta los domicilios, superaban las defensas externas —rejas, puertas, ventanas y otros cerramientos— e irrumpían a las viviendas. Mientras tanto, otros permanecían en las inmediaciones, a bordo de los vehículos utilizados por la organización, para vigilar la zona y asegurar la posterior fuga.
Serra explicó que, una vez dentro de las casas, los asaltantes “reducían violentamente a sus ocupantes, los amenazaban, golpeaban y, en varios de los episodios, los inmovilizaban, para neutralizar cualquier posibilidad de resistencia y obligarlos a indicar dónde guardaban dinero, joyas y otros bienes de valor” y agregó que mientras algunos mantenían controladas a las víctimas, los restantes recorrían los ambientes y recolectaban los bienes que pretendían sustraer, para luego reunirse con quienes aguardaban en el exterior y emprender la fuga.
La banda criminal contaba con una flota de vehículos que incluía un Renault Sandero, un Toyota Corolla y un Peugeot 208 blancos; un Chevrolet Spin azul; un Fiat Grand Siena y un Fiat Cronos grises y un Toyota Yaris negro, a los cuales les removían las patentes o las reemplazaban por otras sustraídas a vehículos similares, que no tenían impedimento para circular.
Según el requerimiento, también cometían otros delitos para preparar, facilitar o asegurar los asaltos. Entre otras maniobras, obtenían vehículos de procedencia ilícita, sustraían chapas patentes y las colocaban en los automotores que utilizaban. Además, procuraban conseguir información sobre la situación policial y registral de esos dominios, “todo ello con el propósito de reducir el riesgo de detección, garantizar su movilidad y preservar la impunidad del grupo”.
En ese esquema, el auxiliar fiscal destacó el aporte crucial de la oficial policial imputada, al explicar que “en abuso de su condición, utilizaba de manera ilegal los datos, recursos e infraestructura de la fuerza de seguridad pública que integraba para obtener información que servía tanto para la concreción de los asaltos, como para favorecer la impunidad de sus integrantes, entre quienes se encontraba su propia pareja conviviente”.
El homicidio en Coghlan
La investigación que permitió desarticular la organización se inició a partir del homicidio de Osvaldo Héctor Galella, de 74 años, ocurrido durante la madrugada del 24 de enero de 2026.
Según el requerimiento fiscal, alrededor de las 4.30, el hombre dormía junto a su esposa, de 73 años, en su vivienda de la calle Núñez al 4000, cuando tres de los imputados —J.H.T., R.D.M. y J.L.V.— ingresaron tras forzar la reja de una ventana. Ya dentro de la propiedad, los despertaron a golpes y les exigieron que entregaran dinero.
Galella quiso defender a su esposa, pero fue reducido y atado por dos de los delincuentes, mientras un tercero le tapaba la boca y golpeaba a su esposa para que le entregara dinero. En ese contexto, el hombre se descompensó y falleció. El Cuerpo Médico Forense determinó que la muerte se dio por una “cardiopatía hipertrófica e isquémica-congestión pulmonar”.
A pesar de que la mujer les imploró que lo asistieran, los ladrones continuaron con el robo y se apoderaron de dinero en efectivo, joyas y el celular de la víctima.
El avance de la investigación permitió establecer que M.R.R. y M.A.F. también habían intervenido en el episodio. Si bien no fueron vistos por las víctimas, realizaron tareas de vigilancia en las inmediaciones de la vivienda los días 18, 22 y 23 de enero, y durante la misma madrugada del homicidio, el día 24, cuando alertaron a sus cómplices sobre las condiciones para perpetrar el asalto.
De acuerdo con la reconstrucción realizada por la fiscalía, alrededor de las 2.30 M.R.R. llegó en un Fiat Grand Siena a un punto de encuentro acordado en la localidad de Villa Maipú, partido bonaerense de San Martín. Luego arribó M.A.F. en un Peugeot 208 —propiedad de N.S.F.R.—, al que le había retirado las chapas patentes y se las entregó a M.R.R. para que las guardara, tras lo cual ambos se dirigieron hacia la zona del robo para realizar tareas de vigilancia.
Por su parte, el grupo compuesto por J.H.T., J.L.V. y R.D.M. se encontró en el partido bonaerense de La Matanza y se dirigieron a la vivienda seleccionada en un Toyota Yaris negro, que fue aportado por H.G.A. El vehículo había sido robado en Haedo, partido de Morón, el 16 de septiembre de 2025 y circulaba con chapas identificatorias sustraídas ese mismo día de un automóvil similar estacionado en el barrio porteño de Vélez Sarsfield.

El Toyota Yaris Negro empleado por la banda, captado por una cámara de seguridad. Foto: Fiscalía de Distrito de los barrios de Saavedra y Núñez
El dolor de la viuda
Al declarar en la causa, la viuda de Galella no solo relató la violencia que sufrió durante el asalto y los momentos en los que presenció cómo atacaban a su marido y le impidieron auxiliarlo, sino también las consecuencias y el profundo dolor que la muerte de su esposo —con quien estuvo casada 54 años— generaron en su vida cotidiana y en la de la familia.
“Estos señores robaron lo más importante para mí, la vida de mi marido. Lo que se llevaron no me importa, pero arruinaron mi familia, me sacaron mi casa, hirieron a mis hijos, todos estamos mal. Por este tipo o este grupo, no sé cómo decir, nos arruinaron. No me puedo consolar, pese a la medicación, pese al acompañamiento de mis hijos, no me puedo consolar”, expresó.
La mujer también explicó que, a raíz de lo sucedido, debió mudarse y que todavía no puede regresar a su vivienda para retirar sus pertenencias.
“Por dos pesos se llevaron la vida de mi marido. Es tan fuerte lo que pasó, que no puedo volver a mi casa a sacar las cosas”, sostuvo. Y agregó: “Lo único que quiero es que paguen por lo que hicieron. No que los maten, pero sí que los agarren y paguen por lo que nos hicieron. Yo estoy acá con muchísimo esfuerzo, porque Osvaldo no pudo. Es un infierno muy grande volver a revivir y repetir todo esto”.
Los otros hechos imputados

Listado con direcciones de propiedades "marcadas" por la organización, secuestrada en uno de los vehículos secuestrados. Foto: Fiscalía de Distrito de los barrios de Saavedra y Núñez
La información reunida en la causa por el homicidio de Galella permitió vincular el episodio con otra investigación, que luego fue acumulada. En ella se analizaba una serie de asaltos cometidos, cuanto menos, desde julio de 2025, cuya modalidad de ejecución, intervinientes y demás características “exhibían una clara correspondencia con las verificadas en este caso”, indicó Serra en el requerimiento.
El primero de los casos ocurrió el 14 de julio de 2025 al mediodía en Estomba al 3100, también en Coghlan. Según la investigación, tras intentar, sin éxito, ingresar a una vivienda, H.G.A. y J.H.T., junto a otros tres hombres que aún no fueron identificados, irrumpieron en otro domicilio de la misma cuadra. Allí redujeron a la propietaria y a su sobrino de 16 años. Tras cubrirle la boca a la mujer, le exigieron que les indicara donde estaba el equipo que almacenaba las grabaciones de las cámaras de seguridad (DVR) con el propósito de evitar quedar registrados. Luego ataron a las víctimas con precintos y las encerraron en un baño.
Los ladrones sustrajeron pasaportes de la mujer y de su marido, dinero, joyas, zapatillas, anteojos, perfumes, las llaves de un auto y otros objetos que cargaron en distintas mochilas que había en la vivienda. Luego, escaparon en un Chevrolet Spin azul y en un Toyota Corolla blanco.
Otro de los hechos atribuidos por la fiscalía ocurrió la tarde del 8 de septiembre de 2025, cuando, de acuerdo a la pesquisa, J.H.T. y otros dos hombres, aún no identificados, ingresaron a una casa en la calle Ricardo Gutiérrez al 2600, en Villa del Parque. Allí golpearon en el rostro al hombre que se encontraba en el domicilio y se apoderaron de computadoras, joyas, dinero, perfumes, una consola de juegos, una aspiradora robot, zapatos, auriculares, una cortadora de pelo, una afeitadora, un destornillador eléctrico, un cargador e indumentaria deportiva. Escaparon en un Toyota Corolla presuntamente conducido por H.G.A.
Siempre según el requerimiento, el 29 de septiembre la banda volvió a cometer un asalto, esta vez en la calle Asunción al 3700 de Villa Devoto. Pasado el mediodía, J.H.T. y otros dos hombres —tampoco aún identificados— sorprendieron a una mujer y su hija, cuando estaban en la cocina. Tras decirles que tenían secuestrado al marido, las ataron y golpearon.
Cuando el hombre llegó a la casa, también fue reducido y llevado a uno de los dormitorios de la planta alta, donde lo dejaron atado. Tras una hora y media, se retiraron en el Toyota Corolla donde, según la pesquisa, los esperaba H.G.A. El botín incluyó dos computadoras, dos celulares y dinero en efectivo en pesos, dólares y euros.

Un Renault Sandero, otro de los vehículos utilizados por la orgenización. Foto: Fiscalía de Distrito de los barrios de Saavedra y Núñez
La cuarta entradera atribuida a la banda ocurrió el 21 de octubre de 2025. Según la fiscalía, J.H.T. y dos cómplices llegaron a Coghlan en el Renault Sandero blanco que conducía H.G.A.. Primero intentaron ingresar, sin éxito, a dos viviendas ubicadas en Manuela Pedraza al 3400 y Conde al 3200. Finalmente, lograron acceder a otra casa de la última cuadra mencionada, luego de forzar la puerta del garaje con un destornillador. En esa secuencia de ingreso, los asaltantes quedaron filmados por las cámaras de seguridad de la vivienda, lo que forma parte del material probatorio recopilado por la fiscalía.
Dentro de la vivienda, redujeron a la empleada doméstica y al propietario, a quien golpearon para que entregara dinero. Huyeron con una suma de dólares, una consola de videojuegos, alhajas y dos mochilas.
Finalmente, en la madrugada del 24 de octubre de 2025, se les atribuye a M.R.R. y dos cómplices haber accedido a una vivienda de Ventura Bosch al 6000, en el barrio de Liniers. Allí sorprendieron a una viuda de 82 años cuando dormía, la ataron y le sustrajeron algunos dólaras y pesos, un televisor, un celular, dos tabletas, relojes, juegos de cubiertos, medicación y un manojo de llaves. Escaparon en un Fiat Grand Siena, que, según la fiscalía, había aportado M.R.R.
El aporte de la oficial
La Fiscalía de Distrito de los barrios de Saavedra y Núñez destacó el rol clave que la oficial de la Policía de la Ciudad M.N.B.D.C. cumplía para la banda. En el requerimiento, señaló que “en abuso de su condición de policía, utilizó los recursos e infraestructura de la mencionada fuerza de seguridad” para constatar que las chapas patentes que habían sustraído a otros vehículos similares a los que utilizaban, no hubieran sido denunciadas como sustraídas.
También se ocupaba de verificar que los vehículos usados por la banda —que les pertenecían a sus integrantes o allegados a ellos— no tuvieran impedimentos para circular.
A juicio
El análisis de las cámaras de seguridad de las zonas donde se cometieron los robos y el hallazgo de un teléfono celular que J.H.T. olvidó durante el asalto ocurrido en Villa Devoto, fueron las claves para identificar a los sospechosos, establecer los vehículos que utilizaban y avanzar con sus detenciones.
Así, en los allanamientos dispuestos a las viviendas que la oficial M.N.B.D.C. compartía con J.L.V, se secuestró una pistola Sig Sauer calibre 9 milímetros, mientras que en poder de H.G.A. se halló un revólver Smith & Wesson .32 largo.
Sobre la base de la prueba recabada, el 7 de octubre pasado, el auxiliar fiscal Serra le solicitó al juez Rongo la elevación a juicio de la investigación seguida a las ocho personas. En su presentación, explicó la distribución de los roles dentro de la organización liderada por H.G.A. y J.H.T.
Según la acusación, H.G.A. planificaba los asaltos, realizaba tareas de vigilancia previa, controlaba la flota de vehículos y también intervenía como chofer durante los robos. J.H.T., por su parte, participaba en la planificación y vigilancia de los objetivos y era uno de los encargados de ingresar a las viviendas y atacar a las víctimas, junto con R.D.M., J.L.V. y otros hombres que resta identificar.
M.R.R. y M.A.F. también vigilaban los domicilios, oficiaban de chofer y permanecían como “campana” en las inmediaciones de las viviendas mientras ocurrían los robos. Además, J.H.T., M.A.F. y J.L.V. intervenían en las maniobras destinadas a ocultar la procedencia de los vehículos utilizados, mediante la sustitución de sus chapas patentes.
En tanto, N.S.F.R. habría aportado su automóvil para uno de los robos, mientras que la oficial M.N.B.D.C. se ocupaba de consultar las bases de datos policiales para verificar que la situación registral de los vehículos y las chapas patente que en ellos usaban.
Los delitos atribuidos a cada imputado
En función de las conductas atribuidas, el auxiliar fiscal requirió que cada imputado sea juzgado por las siguientes calificaciones penales:
- H.G.A.: asociación ilícita, en calidad de jefe u organizador; participación necesaria en homicidio agravado criminis causae; robo cuádruplemente agravado por haber sido cometido en poblado y en banda, con efracción, escalamiento y uso de armas; encubrimiento doblemente agravado; robos agravados (reiterados en tres oportunidades); robo doblemente agravado por el uso de armas y por haber sido cometido en poblado y en banda; tentativas de robo agravado (reiteradas en tres oportunidades); supresión de la numeración de un objeto registrado (chapa patente); y tenencia ilegítima de un arma de fuego de uso civil.
- J.H.T.: asociación ilícita, en calidad de jefe u organizador; homicidio agravado criminis causae; robo cuádruplemente agravado; encubrimiento doblemente agravado; hurto; supresión de la numeración de un objeto registrado; robos agravados (reiterados en tres oportunidades); robo doblemente agravado por el uso de armas y por haber sido cometido en poblado y en banda; y tentativas de robo agravado (reiteradas en tres oportunidades).
- J.L.V.: miembro de asociación ilícita; coautoría de homicidio agravado criminis causae y robo cuádruplemente agravado; encubrimiento doblemente agravado; dos hechos de hurto; supresión de la numeración de un objeto registrado (chapa patente); tenencia ilegítima de un arma de fuego de uso civil condicional; y encubrimiento de la supresión de la numeración de esa arma.
- R.D.M.: miembro de asociación ilícita; coautoría de homicidio agravado criminis causae y robo cuádruplemente agravado; y encubrimiento doblemente agravado.
- M.R.R.: miembro de asociación ilícita; coautoría de homicidio agravado; robo cuádruplemente agravado; y robo agravado por haber sido cometido en poblado y en banda, con efracción y escalamiento.
- M.N.B.D.C. (oficial de la Policía de la Ciudad): miembro de asociación ilícita; coautoría de homicidio doblemente agravado por haber sido cometido criminis causae y mediante abuso de su condición de integrante de una fuerza de seguridad; participación necesaria en robo quíntuplemente agravado y hurto agravado por su condición de integrante de una fuerza de seguridad; coautoría de tenencia ilegítima de un arma de fuego de uso civil condicional; y encubrimiento de la supresión de la numeración de esa arma.
- N.S.F.R.: miembro de asociación ilícita; participación necesaria en homicidio agravado criminis causae y robo cuádruplemente agravado.
- M.A.F.: miembro de asociación ilícita; coautoría de homicidio agravado criminis causae y robo cuádruplemente agravado; y hurto.