31 de enero de 2023
31 de enero de 2023 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Interviene la Unidad Fiscal de Derechos Humanos
Bahía Blanca: con nuevas declaraciones testimoniales continúa el juicio Mega causa Zona 5
En las últimas jornadas brindaron su testimonio las hijas e hijos de Néstor Omar Repetto, Miguel Santiago Bacasun, y la hija y esposa de Mario Waldino Herrera. También declararon Jorge Pablo Escudero, Aldo Mario Rodríguez, Dionisio Rubén Acharez, Gustavo Luis Pérez y Daniel Cafaro, quienes estuvieron cautivos en el Centro Clandestino de Detención y Tortura “La Escuelita”.

El Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca continuó recibiendo declaraciones testimoniales en el juicio de la denominada “Mega causa Zona 5”, en el que se juzgan las responsabilidades de 37 imputados por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 334 víctimas durante la época del terrorismo de Estado en esa región. El Ministerio Público Fiscal está representado por el fiscal general Miguel Ángel Palazzani, el fiscal ad hoc José Alberto Nebbia, la auxiliar fiscal Paula Daniela Molini y el auxiliar fiscal Pablo Vicente Fermento.

Las audiencias continúan todos los jueves, y las próximas están fijadas para hoy, el 17 y el 24 de noviembre, siempre desde las 9.00, y pueden seguirse en vivo por los canales de Youtube de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y del Poder Judicial de la Nación.

Entre los testimonios recibidos se cuentan los de familiares de Néstor Omar Repetto, Santiago Bacasun y Mario Waldino Herrera, cuyas desapariciones forzadas son juzgadas por primera vez en este debate. También declararon Jorge Pablo Escudero, Aldo Mario Rodríguez, Dionisio Rubén Acharez, Gustavo Luis Pérez y Daniel Cafaro, quienes estuvieron cautivos en el Centro Clandestino de Detención y Tortura “La Escuelita”.

Familiares de desaparecidos

En el debate declararon Beatriz Pilar y Andrés Néstor Repetto, hija e hijo de Néstor Omar, quien se desempeñaba como guardia en la Unidad Penitenciaria N°4 de Villa Floresta. Ambos relataron cómo, en la madrugada del 29 de marzo de 1976, un grupo de alrededor de diez personas armadas y con el rostro cubierto -que se identificaron como personal del Ejército y de la Policía— irrumpió violentamente en el domicilio familiar y secuestró a su padre. Además, golpearon y amenazaron a su madre, Teresa Alejandra Ayala.

Beatriz recordó que cuando la familia fue a dar aviso de que la víctima no iría a trabajar, el director de la cárcel, Héctor Luis Selaya —uno de los imputados en la causa-, les informó que estaba al tanto del secuestro de Repetto y de su vecino Jorge Collante, otra de las víctimas en el juicio.

Según refirió la mujer, Collante le contó que fue privado ilegítimamente de su libertad en el mismo operativo que su padre, y que estuvieron junto a él en cautiverio hasta que los separaron.

"Cuando tenía 18 fui al correo por un telegrama y un empleado me preguntó: ‘¿Tu papá fue maestro? ¿Es desaparecido? Yo sé dónde estuvo tu papá. ¿Te interesa saber?’ Fue una situación de miedo y dolor".

Los familiares también aclararon que, a pesar de haber denunciado la desaparición de su padre en la Comisaría Cuarta de Bahía Blanca, nunca obtuvieron noticias. Concluyeron sus testimonios con un pedido al tribunal: saber qué ocurrió y dónde está el cuerpo de su padre.

En la jornada del 27 de octubre declararon la hija y el hijo de Miguel Santiago Bacasun, Sergio Miguel y Patricia Julia, quienes se refirieron a las últimas noticias que tuvieron de su padre, quien trabajaba como bibliotecario en la biblioteca de los tribunales de Bahía Blanca y tenía una imprenta en la calle Güemes al 200, frente al domicilio de los abuelos paternos. La víctima también fue maestro en el colegio La Asunción y en la Escuela Naval de Puerto Belgrano.

De acuerdo con la investigación, el 25 de junio de 1976, personal del Ejército Miguel Santiago Bacasun fue secuestrado del edificio en el que vivía, en la calle España N°88, en Bahía Blanca. Al día siguiente, personal de esa misma fuerza montó un gran operativo en la imprenta y, en presencia de sus familiares, se llevaron gran cantidad de objetos y destruyeron el lugar.

En su declaración, Sergio -que al momento de los hechos tenía 7 años de edad- relató a los jueces los padecimientos que sufrió por crecer sin su padre y vivir con la incertidumbre de no saber dónde estaba. Agregó: “Cuando tenía 18 fui al correo por un telegrama y un empleado me preguntó: ‘¿Tu papá fue maestro? ¿Es desaparecido? Yo sé dónde estuvo tu papá. ¿Te interesa saber?’ Fue una situación de miedo y dolor, de mayor incertidumbre ante una verdad que asustaba. Me dijo ‘tu papá estuvo en La Escuelita’. Me asusté y me fui”.

Fue a partir del testimonio de Roberto Staheli -valorado en la requisitoria de elevación a juicio de la fiscalía- que pudo acreditarse que Bacasaun fue llevado al CCDyT “La Escuelita”. Según el hombre, durante su cautiverio en ese centro clandestino, un muchacho que se encontraba a su lado le prestó una campera y le comentó que tenía una imprenta y que trabajaba en tribunales.

María Teresa Lodieu destacó la importancia de declarar en una audiencia oral ante un tribunal por primera vez por los hechos que afectaron a su esposo. La querella informó que la testigo murió a los pocos días de su declaración.

La familia de Bacasun realizó diversas gestiones ante autoridades religiosas y militares, para dar con el paradero de Miguel Santiago. En tal sentido, Patricia mencionó que, a pesar de contar con 14 años, fue personalmente a las dependencias del Ejército para realizar averiguaciones, por ser –junto a su hermano menor– los únicos familiares con vínculo consanguineo. Expicó que allí le decían que se quedara tranquila, ya que si su padre no había hecho nada lo recuperaría enseguida.

En relación a las consecuencias que tuvo en su vida la desaparición de su padre, Sergio indicó: “Me afectó mucho. No tuve hijos por el miedo a alguien hacerle sufrir la pérdida de un padre como yo la sufrí. Me mató mucho vivir sin padre, apoyo, consejo. Por las referencias que tengo, me hubiera gustado enormemente tenerlo, pero no, tenía que estar perdido, en esta sociedad horrible que me hicieron dudar de si mi padre había hecho algo malo. Me lo quitaron y me destruyeron. (…) Yo quería a mi papá, para mí fue un orgullo mi padre, pero no lo pude tener ni demostrarle nada”. Patricia agregó que “la búsqueda de un desaparecido nunca termina”.

Por su parte, María Teresa Lodieu -quien falleció pocos días después de declarar-, esposa de Mario Waldino Herrera, y su hija Lucía, refirieron que la víctima era periodista, militaba en la Juventud Peronista, y vivía con ellas en un departamento en la ciudad de Buenos Aires.

Indicaron que en la noche del 19 de abril de 1976, Herrera fue secuestrado de su domicilio, donde se encontraba con unos amigos, por un grupo de personas que se identificaron como pertenecientes al V Cuerpo del Ejército.

Las testigos contaron que, tras realizar infructuosas averiguaciones respecto del paradero de Herrera, la siguiente noticia que tuvieron de él fue una citación a reconocer su cuerpo en Bahía Blanca. Hasta allí viajó María Teresa e identificó los restos de quien fuera su marido: “Sabía que era él, no me quedaban dudas. La boca estaba abierta y llena de coágulos de sangre por todos lados, totalmente destrozado. Le habían pasado una picana eléctrica, tenía marcas en los brazos (…), las tetillas rotas, la verdad era terrible (…)”.

"Fue muy difícil la adolescencia, vivir con todo eso, porque al dolor se suma la indiferencia de la sociedad y se hace carga. Y después cuando me sumé a espacios y organizaciones como fue H.I.J.O.S. en los años '90, volví a respirar porque no estaba sola”.

Narró que los restos fueron entregados en un cajón cerrado, con la orden de ser sepultados sin ceremonia y sin apertura del ataúd. Lucía contó que recién décadas después, y gracias a la labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, pudieron tener la seguridad de que los restos pertenecían efectivamente a su padre.

De acuerdo a lo que pudo reconstruir la familia, Herrera fue llevado a “La Escuelita” de Bahía Blanca, donde lo sometieron a torturas y, posteriormente, lo asesinaron. Su cuerpo apareció junto al de Néstor Farias —otra víctima de esta mega causa— la madrugada del 3 de mayo de 1976 a la vera de la ruta 51, a 20 kilómetros de la ciudad portuaria.

Según surge del requerimiento de elevación a juicio formulado por el Ministerio Público Fiscal, las autoridades militares y el diario bahiense La Nueva Provincia divulgaron una versión falsa de los hechos, titulada “Efectivos del V Cuerpo abaten a cuatro subversivos en la Ruta 51”. Allí se indica que las víctimas intentaron escapar en un vehículo de un procedimiento de control realizado por el Ejército, lo que concluyó en su abatimiento.

María Teresa destacó la importancia de declarar en una audiencia oral ante un tribunal por primera vez por estos hechos, y subrayó la relevancia que tiene que “se divulgue la crueldad de este grupo militar, que se conozca la verdad y que se haga justicia”. Pocos días después de brindar su testimonio, María Teresa falleció, según informó la querella en la audiencia siguiente a la de su testimonio.

Por su parte, Lucía detalló que con su madre por entonces se exiliaron en México y narró las dificultades de adaptarse a vivir en Argentina a su regreso: “Yo me encontré con una sociedad donde seguía siendo tabú el tema de la represión y éramos bichos raros o circulaba el ‘por algo será o algo habrán hecho’ y fue muy difícil la adolescencia, vivir con todo eso, porque al dolor se suma la indiferencia de la sociedad y se hace carga. Y después cuando me sumé a espacios y organizaciones como fue H.I.J.O.S. en los años '90, volví a respirar porque no estaba sola”, señaló.

Sobrevivientes de La Escuelita

En las últimas jornadas de juicio también declararon varías víctimas que estuvieron detenidas ilegalmente en “La Escuelita” de Bahía Blanca.

Así, Jorge Pablo Escudero, Aldo Mario Rodríguez, Dionisio Rubén Acharez, Gustavo Luis Pérez y Daniel Cafaro, relataron las circunstancias de sus secuestros, los padecimientos sufridos durante su cautiverio, cómo fueron liberados y las secuelas que padecieron a causa de lo vivido.