04 de octubre de 2022
04 de octubre de 2022 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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También se realizaron dos nuevas inspecciones judiciales
Mendoza: nuevas declaraciones de testigos comprometen aún más a los ex jueces federales Recabarren y Miret
Coincidieron que las denuncias y habeas corpus eran archivados por los magistrados y que los familiares nunca fueron recibidos por ningún juez, secretario ni fiscal. Es en el marco de la megacausa en la que están imputados cinco ex magistrados, militares y policías.

Las declaraciones de cinco nuevos testigos comprometieron aún más a los ex jueces federales, Luis Miret y Max Petra Recabarren en el marco de la megacausa en la que también están imputados los ex magistrados Rolando Evaristo Carrizo y Otilio Romano, 25 policías y 11 militares.

María Rosa Carrera aportó información sobre los hechos vinculados a la causa en la que se investiga la privación ilegal de libertad y torturas de Carlos Eduardo Cangemi, ocurrida en 1975, como así también sobre la desaparición de su hermano Marcelo Carrera, su cuñada Adriana Bonoldi y su por entonces compañero Rubén Bravo, en tanto estos últimos hechos conforman parte de la imputación que en este juicio pesa sobre los ex magistrados.

Carrera aseguró que las numerosas denuncias y habeas corpus eran archivados y que los familiares nunca fueron recibidos por ningún juez, secretario ni fiscal y agregó que las resoluciones las colgaban en un gancho de carnicería que estaba puesto en la mesa de entrada del Juzgado Federal.

Carrera contestó preguntas de las partes y concluyó su testimonio haciendo una síntesis del significado de aquellos años. Aseguró en forma contundente que “a nosotros nos robaron nuestras vidas, las cosas… y nos robaron la muerte, no nos dejaron vivir la muerte”.

También, brindó su testimonio Ricardo D’Amico, quien por videoconferencia desde la Cámara Federal de Córdoba relató al Tribunal sus años de militancia política en la Organización Poder Obrero, así como las circunstancias de su secuestro, detención y torturas a las que fue sometido en el D-2, en agosto de 1975. "Las condiciones de todos los compañeros que estaban allí eran muy deplorables", sostuvo el testigo.

Daniel Hugo Rabanal declaró por videoconferencia pero desde el Consejo de la Magistratura de la Nación. Fue el primero de los testimonios vinculados más concretamente con el denominado “Operativo Rabanal”, llevado a cabo el 6 de febrero y el 16 de marzo de 1976, que consistió en el secuestro de un grupo de doce personas relacionadas entre sí por su militancia política y gremial, quienes fueron conducidas al departamento de informaciones (D-2) de la policía provincial y sometidas allí a brutales sesiones de torturas. En muchos de los casos, fueron víctimas también de abusos sexuales. Uno de los detenidos moriría como consecuencia de los tormentos.

Rabanal relató al Tribunal las circunstancias de su detención del 6 de febrero 1976, como así también su paso por el D-2, dando cuenta también de las numerosas sesiones de interrogatorios y torturas sufridas tanto en ese centro clandestino, como en la penitenciaría provincial y luego en la Ciudad de la Plata.

También, dio su testimonio Graciela del Carmen Leda, quien fue secuestrada y alojada en el D-2 durante mayo de 1976. Relató que mientras duró su estadía en centro clandestino fue sometida a varios interrogatorios y sesiones de tortura y pudo presenciar cómo eran retirados los cuerpos de otras personas. "El D-2 es la representación de lo que fue el horror en este país. Siempre estábamos al límite entre la vida y la muerte", concluyó la testigo.

Otra testigo –secuestrada el 9 de febrero del mismo año- dio cuenta de los vejámenes y los abusos sexuales de los que fue víctima en el D-2. “Fui salvajemente violada, repetidamente violada, muchas veces en el día, a veces, entraban a la celda de a uno; otras de a dos y uno hacía de bueno y otro de malo. Yo al principio gritaba mucho, después no porque por un lado fui perdiendo fuerzas y además es terrible para los otros escuchar los gritos cuando te violaban o te torturaban", recordó.

Anteriormente, ya había prestado testimonio otra víctima de violaciones perpetradas por los represores. Es la primera vez que en la Provincia de Mendoza se juzgan delitos contra la integridad sexual –calificados como de lesa humanidad- cometidos durante la última dictadura cívico-militar, los que fueron padecidos por numerosas víctimas, hombres y mujeres.

Por último, brindó su testimonio Graciela del Carmen Leda, quien fue secuestrada y alojada en el D-2 durante mayo de 1976. La testigo contó al Tribunal que durante su estadía en el D-2 fue sometida a varios interrogatorios y sesiones de tortura. También, pudo presenciar cómo eran retirados los cuerpos de otras personas que pasaron por ese Centro Clandestino. "El D-2 es la representación de lo que fue el horror en este país. Siempre estábamos al límite entre la vida y la muerte", concluyó la testigo.

Inspecciones

Se realizaron dos nuevas inspecciones judiciales, esta vez en la Compañía de Comunicaciones de Montaña VIII y en la Comisaría 7° de la Policía provincial, sumándose así a las ya realizadas previamente en el edificio en el cual -para la época de los hechos que se ventilan en este debate- funcionó el Juzgado Federal, y en el departamento de informaciones (D-2) de la fuerza.

Integrantes del Tribunal Oral N°1 de Mendoza, de la Oficina Fiscal de Derechos Humanos de esa provincia, querellantes y defensores recorrieron las instalaciones de la citada Compañía Militar, junto a los testigos Oscar Martín Guidone, Daniel Tagarelli, Luis Toledo y Mario Roberto Gaitán, quienes pasaron por dicho Centro Clandestino de Detención entre los años 1975 y 1976.

Si bien las barracas en las que se alojaba a los detenidos no existen actualmente, los testigos ubicaron el lugar en donde para entonces se encontraban emplazadas. También, se ingresó a una barraca ubicada en otro lugar del predio, lo que permitió reconocer la distribución interna que guardaban aquellas que han sido demolidas, en tanto todas tenían similar conformación. Los testigos dieron cuenta de las brutales sesiones de tormentos a las que eran sometidos los detenidos de este centro clandestino, como así también a las condiciones generales de detención.

El testigo Daniel Tagarelli señaló que "todo el perímetro estaba alambrado y en las esquinas estaban los guardias con ametralladoras” y que “había reflectores al estilo Nazi.”

También, inspeccionaron la sede judicial en la Comisaría 7° de la Policía provincial ubicada enfrente de la plaza principal de la localidad de Godoy Cruz, Mendoza. Ese lugar funcionó como un Centro Clandestino de Detención por el que pasaron numerosas personas.

El recorrido se realizó bajo la guía de los testigos Pablo Sergio Seydell y María Rosario Carrera, ella relató las circunstancias en que concurrió a la comisaría en busca de respuestas por el secuestro de su hermano, su cuñada y su esposo, Rubén Bravo, todos actualmente desaparecidos. Por su parte, Seydell, quien estuvo detenido en ese sitio para el mes de octubre de 1976, relató -desde la propia celda en la que hace más de tres décadas fuera brutalmente golpeado- los padecimientos a los que fue sometido tanto allí como en otras dependencias de esa seccional también identificadas durante el recorrido.

A su vez, relató que luego de una sesión de tortura fue conducido a una habitación de la propia seccional policial donde le exhibieron a Rubén Bravo, quien se encontraba con evidentes signos de torturas y que actualmente se encuentra desaparecido.

Finalizado el reconocimiento bajo la guía de los testigos, los integrantes del Tribunal Oral y demás partes presentes inspeccionaron nuevamente algunas dependencias del lugar, esta vez guiados por uno de los imputados que solicitó asistir a la medida.