22 de abril de 2021
22 de abril de 2021 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Requerimiento del fiscal federal Fernando Gelvez
Juzgarán por trata de personas a dos hombres que operaban en un local nocturno de Puerto Madryn
Son el encargado y un empleado del bar “La Bonita”, quienes están acusados de explotar sexualmente a mujeres en situación de vulnerabilidad. Los “pases” eran concretados en un domicilio cercano, donde residía uno de los imputados.

Tras el requerimiento de elevación a juicio formulado por la Fiscalía Federal de Rawson, a cargo de Fernando Gelvez, se juzgará ante el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia a dos personas que trabajaban en un local nocturno de Puerto Madryn y están acusadas de trata de personas con fines de explotación sexual de mujeres, en su mayoría extranjeras, que se encontraban en estado de vulnerabilidad. En el documento el fiscal destacó la necesidad de advertir la finalidad de explotación a tiempo.

Desde marzo del 2018 y hasta el 20 de mayo del año pasado, el dueño y un operario del bar La Bonita se habrían encargado de recibir y acoger con fines de explotación sexual a mujeres de nacionalidad argentina, dominicana y paraguaya. Según el requerimiento, los acusados se habrían aprovechado del estado de vulnerabilidad en el que se encontraban las víctimas para que ejerzan la prostitución, con el fin de lograr un beneficio económico.

Por este motivo, se los acusa como coautores materiales del delito de trata de personas agravado por haber sido cometido mediante abuso de la situación de vulnerabilidad de las víctimas y por ser tres o más las víctimas. El juzgado federal dispuso que la causa continúe en la etapa de debate oral en una resolución dictada el 22 de diciembre.

La investigación

A partir de una investigación iniciada por la Delegación de Inteligencia Criminal de la Prefectura Naval Argentina de Puerto Madryn, se obtuvo la información de que alrededor de diez personas de sexo femenino de diferentes nacionalidades ofrecían servicios sexuales en el bar “La Bonita”, habilitado como “Poolbar” y autorizado únicamente para el expendio de bebidas alcohólicas. Además, durante las tareas de vigilancia, la fuerza interviniente observó cómo, a través de un vehículo Citroën trasladaban a las mujeres desde el local hacia una casa cercana.

Para la fiscalía, los acusados se habrían aprovechado del estado de vulnerabilidad en el que se encontraban las víctimas para que ejerzan la prostitución y lograr un beneficio económico.

A través de estos indicios, y con la intervención de la fiscalía por ser un presunto caso de trata de personas, se realizaron distintos allanamientos en los lugares. Se pudo constatar que en el bar había lugares VIP, en los cuales las mujeres compartirían tragos y privacidad con los clientes, y que en el domicilio donde las trasladaban era no sólo el lugar donde convivían, sino que también, el lugar donde se consumaban los encuentros sexuales.

Esto se pudo dilucidar debido a que encontraron en un ambiente precario de ese domicilio gran cantidad de preservativos y geles íntimos, como así también una serie de utensilios de cocina, de víveres y de mercadería en general. Además, se hallaron giros postales, pasajes aéreos y de transporte terrestre con diferentes itinerarios, así como documentación de ciudadanas paraguayas y dominicanas.

Vulnerabilidad y trata de personas

Gelvez reparó en que los testimonios de las víctimas, en lo que trataron de no involucrar a los acusados, se produjeron “debido al estado de vulnerabilidad  y al temor de eventuales represalias”.  Asimismo, enumeró elementos que reflejan el estado de sometimiento de las mujeres y la vulnerabilidad económica y social de la que se valieron los acusados para consumar el ilícito por el cual fueron procesados.

De esta forma, la fiscalía resaltó que la mayoría de las víctimas eran extranjeras y que, por ello, no tenían otro lugar para residir que en el mismo domicilio en donde eran explotadas sexualmente; que la generación de deudas por las comidas y gastos mínimos de supervivencia era una modalidad para retener a las víctimas y consumar la explotación; y que el hecho  de dar albergue para aprovecharse de la inferioridad de la víctima era otro eslabón para considerar el hecho como trata de personas.

Por otra parte, describió que “las acciones de los tratantes se realizan bajo el disfraz de actividades lícitas y con sigiloso disimulo, consistentes en formas de apariencias engañosas, como relaciones laborales ficticias –son mozas o no trabajan allí, son solo clientes, tratos amistosos, igualdad de condiciones, complicidad de los clientes que participan del negocio - y otros vínculos que solapan y esconden una trama de interacciones degradantes.”