El juicio seguido contra cuatro exagentes de inteligencia acusados de cometer crímenes de lesa humanidad entre 1976 y 1977 en los centros clandestinos de detención Automotores Orletti y Base Pomar, en el marco del denominado Plan Cóndor, continuó ayer con la declaración de uno de los sobrevivientes, el exdiputado nacional Juan Carlos Comínguez, quien describió las torturas a las que fue sometido, las condiciones de cautiverio y las consecuencias que aquellos hechos continúan generándole casi cinco décadas después.
Comínguez, de 86 años y además de exlegislador, exdirigente de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), permaneció secuestrado en la Base Pomar del 20 al 24 mayo de 1977 .
Su testimonio se dio en el marco del debate que se desarrolla desde el 13 de febrero pasado ante Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, integrado por los jueces Adrián Federico Grünberg, José Antonio Michilini y Ricardo Ángel Basílico. En representación del Ministerio Público Fiscal intervienen el fiscal general Pablo Ouviña y el auxiliar fiscal Santiago Ghiglione.
En el juicio se investigan los hechos sufridos por 90 víctimas que permanecieron cautivas en ambos centros clandestinos, entre ellas cinco niños y niñas, cuando los establecimientos se encontraban bajo la esfera de la Secretaría de Informaciones del Estado (SIDE) durante la última dictadura cívico-militar.
Los acusados son los exagentes de la SIDE César Estanislao Albarracín, Rubén Héctor Escobar y Patricio Miguel Finnen, junto con el personal inorgánico de ese organismo Julio César Casanova Ferro.
El secuestro y las torturas
Al iniciar su declaración, Comínguez repasó su trayectoria política y sindical. Recordó que asumió como diputado nacional en mayo de 1973 y que ese mismo año fue designado secretario adjunto de CTERA.
El testigo relató además que fue amenazado por la organización parapolicial Triple A mientras ejercía su mandato legislativo y que debió ocultarse fuera de la Ciudad de Buenos Aires debido al riesgo que corría su vida. “Aparecí en una lista donde figuraban artistas y políticos. Tuve que refugiarme y salir de la Capital Federal porque mi vida corría peligro”, afirmó.
También recordó que el día del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 sufrió un atentado contra su domicilio familiar. “Dispararon más de doscientos tiros. Fuerzas armadas llegaron a mi domicilio y cerraron las calles adyacentes”, recordó y agregó: “Le dijeron a los vecinos que me iban seguir buscando para matarme”.
“Había una situación de incertidumbre entre la vida y la muerte”, expresó Comínguez al recordar aquellos días de cautiverio y torturas.
Comínguez señaló que fue secuestrado en mayo de 1977 cuando regresaba de una reunión del Comité Capital del Partido Comunista, al cual estaba afiliado. Según relató, fue interceptado en la avenida Callao por un grupo de personas que lo introdujo por la fuerza en un vehículo.
“Bajaron cuatro o cinco personas, yo gritaba que era diputado nacional. Me tiraron para el fondo del coche”, recordó. Luego contó que fue trasladado a una “camioneta colorada con los vidrios pintados” donde encontró a “otros compañeros detenidos”.
Según su testimonio, el viaje duró unos 15 minutos y llegó vendado y esposado a la Base Pomar, lugar que años después reconoció como el sitio donde estuvo ilegalmente retenido. Durante su declaración mostró las cicatrices que conserva en sus muñecas como consecuencia de aquel cautiverio.
“Fui torturado con corriente eléctrica. Me agraviaron en mis intimidades. Me dieron de tomar plasticola. Estuve en la cámara de tortura que estaba en el primer piso”, afirmó. También sostuvo que “todos” los detenidos que compartieron el lugar fueron sometidos a tormentos.
El sobreviviente recordó que permaneció largos períodos con los brazos en alto y que sus captores le preguntaban quién era por las repercusiones que había generado su desaparición. Explicó que su familia había denunciado el secuestro y que el caso había alcanzado difusión pública en “tres diarios importantes” y a nivel internacional, circunstancia que, según le manifestaron sus propios captores, influyó en su posterior liberación.
Durante su declaración también describió el clima de angustia y desconcierto permanente que atravesaban las personas secuestradas. “Había una situación de incertidumbre entre la vida y la muerte”, expresó al recordar aquellos días de cautiverio y torturas.
Asimismo, detalló diversas características del lugar donde estuvo detenido, como “el olor a curtiembre” y “el tránsito pesado” constante de camiones, como elementos que años después le permitieron reconocer el inmueble donde funcionó la Base Pomar como su sitio de cautiverio.
Respecto de su liberación, relató que fue trasladado en un Ford Falcon, vendado y acostado en el piso del vehículo, hasta que finalmente fue abandonado en la vía pública.
“El terror tenía un fin disciplinador”
En uno de los tramos de su declaración, Comínguez se refirió a las secuelas que le dejaron el secuestro y las torturas.
“El terror tenía un fin disciplinador. Es una categoría política. Es un instrumento. Fue un terror ejemplificador”, sostuvo.
“Fui torturado con corriente eléctrica. Me agraviaron en mis intimidades. Me dieron de tomar plasticola. Estuve en la cámara de tortura que estaba en el primer piso”, afirmó el testigo
El exdiputado se refirió a cómo su secuestro y las torturas marcaron su vida y a las consecuencias que aún experimenta. “La percepción de que uno puede ser detenido nuevamente o asesinado es una situación de mucho estrés postraumático. Al día de hoy las horas nocturnas pesan y generan inquietud. Recién con los primeros rayos de sol uno duerme más tranquilo”, declaró.
Finalizado su testimonio, el tribunal dispuso un cuarto intermedio hasta el próximo 8 de junio, cuando continuarán las audiencias con más declaraciones de testigos.
Automotores Orletti y Base Pomar
En uno de los dos requerimientos de elevación a juicio que componen la causa, el MPF describió ambos Centros Clandestinos de Detención (CCD) como “lugares de represión, privaciones ilegales de libertad, aplicación de tormentos, torturas físicas, secuestros, homicidios, apropiación de menores y desaparición de personas”.
Según quedó acreditado en juicios anteriores, Automotores Orletti funcionó entre mayo y noviembre de 1976 en un inmueble ubicado en Venancio Flores 3519, en el barrio porteño de Flores, y constituyó la principal base operativa del Plan Cóndor en la Argentina entre mayo y noviembre de 1976.
Por ese centro clandestino pasaron personas perseguidas por razones políticas de nacionalidad uruguaya, chilena, boliviana, cubana y argentina. De acuerdo con los testimonios incorporados en distintos procesos judiciales, actuaron el grupo de OT (Operaciones Tácticas) 18 e integrantes del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) y del Servicio de Información de Defensa (SID) de Uruguay.
Por su parte, la Base Pomar funcionó en 1977 en un inmueble ubicado en la calle Teniente Coronel Gregorio Pomar 4171, en el barrio porteño de Nueva Pompeya. Según la acusación fiscal, allí actuó parte del personal de la estructura operativa conocida como OT 18 y el lugar estuvo destinado a la detención clandestina y alojamiento de personas secuestradas.
La investigación también determinó que en ese CCD ejercía un rol de conducción de hecho el fallecido Aníbal Gordon, quien adquirió notoriedad pública por su actuación en la organización “Triple A” y que, en ese contexto, ejercía el mando del personal también subordinado a la SIDE.