30 de enero de 2023
30 de enero de 2023 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Pidió seis años de prisión para De la Rúa y condenas para otros funcionarios
Tras el alegato, habla la fiscal del juicio por las coimas en el Senado
La fiscal Sabrina Namer cuenta cuáles fueron los problemas a los que tuvo que enfrentarse la fiscalía y refiere las estrategias para concretar la acusación. También detalla la importancia del relato de Mario Pontaquarto y de las pruebas telefónicas, claves para corroborar el delito. Primera parte de una entrevista con Fiscales.

“El Código Procesal está pensado para alguien que se quiere defender, no para alguien que quiere que lo condenen”, afirma Sabrina Namer, fiscal del juicio por las coimas en el Senado, que la semana pasada solicitó en su alegato 6 años de prisión para De la Rúa y los senadores involucrados.

La fiscal describe a la causa como inimaginable hasta desde el punto de vista penal: “ni siquiera cuando se habla de cohecho activo se puede pensar en un poder coimeando a otro poder, está todo pensado para que un particular o una empresa vayan a pagar una coima para que el Estado o un funcionario haga algo o deje de hacer algo”.

Namer, en la entrevista con Fiscales, hace un recuento de los problemas que tuvo la fiscalía al momento de llevar un expediente tan complejo y abarcativo como este: "Había que estudiar para poder interrogar en el juicio a técnicos, a testigos que tengan que ver con el proceso de sanción de una ley sobre cuestiones laborales, algo que implicaba una temática específica". A su vez, la causa involucraba los procesos del sistema de seguridad de la Secretaria de Inteligencia del Estado y su contabilidad, "cuestiones contables muy complejas, con una gran dificultad probatoria porque tiene que ver con secretos de estado", especifica la representante del Ministerio Público.

"Teníamos que especializarnos en cuestiones de telefonía, interrogar a técnicos y peritos de parte que intentaban relativizar determinada prueba telefónica y estar preparados para preguntar, repreguntar y saber qué queríamos obtener de cada testimonio", dice la fiscal.

A su vez confiesa que estaban preparados para que varios de los testigos no le aportaran nada a la causa, ya que eran amigos de los imputados o fueron empleados o funcionarios públicos, que si reconocían el hecho podían incriminarse. "Cuando se le preguntaba a la clase política si sabía o le constaba que se haya pagado un soborno, si nos decían sí, o estaban encubriendo o se estaban autoincrimando. La única respuesta posible era el no".

Namer destaca el trabajo de las defensas (que comenzarán con su alegato el 17 de octubre) y agrega que es muy importante que en casos tan graves como este haya una buena defensa. Pero también confirma que, si bien siempre hay argumentos de los dos lados como en cualquier juicio, "nosotros, como fiscalía, estamos convencidos de lo que estamos diciendo".

El relato de Pontaquarto

"¿Cómo impulsabamos la acción pero a la vez, garantizabamos el cumplimiento de las garantías. Acá era dificil definir cual era la garantía", dice la fiscal cuando se refiere a la declaración del "arrepentido" Mario Pontaquarto, que con su relato se autoincriminaba pero, a la vez, era prueba para los otros imputados.

Namer, junto con su equipo de trabajo de la fiscalía, se preguntaba como mantener la interpretación del Código Procesal Penal, "que tiende a proteger a alguien que no quiere que lo condenen", cuando es uno de los involucrados el que dice "quiero que me condenen, quiero que se sepa la verdad". "La clave fue investigar más allá del relato, tratar de probar el relato sin depender sólo de ello", refiere la representante del Ministerio Público Fiscal.

Pontaquarto primero dio su versión a la periodista María Fernanda Villoso en la revista TXT (que también había entrevistado al ex senador Emilio Cantarero) y luego declaró en sede judicial. A partir de ahí, Namer explica que se comenzó a producir prueba, no sólo para acompañar o verificar el testimonio del "arrepentido" sino también para poder acreditar de manera independiente esa confesión.

La fiscal detalla que la clave para lograr esto fue el pedido de información telefónica con celdas de identificación que realizó el juez de instruccción. "Las celdas telefónicas permiten determinar dónde está ubicada la persona que hace el llamado telefónico o que lo recibe, lo que permitió  verificar si lo que decía Pontaquarto con respecto a los lugares y momentos en los que estuvo era factible", detalla. Según Namer, los datos y la información que mostraban las antenas "fue lo que permitió reconstruir la historia".

Estrategia de la fiscalía

La fiscal relata que una de las tareas emprendidas para afrontar el caso fue centrarse en obtener de cada testigo "información relevante". Cuenta que sabía que las defensas iban a poner en duda el relato de Pontaquarto ("quisieron poner el foco en detalles accesorios") y que a la fiscalía le interesaba demostrar que esa declaración, que abarcaba muchos lugares y personas diferentes, era factible. "Gran parte del trabajo hecho en los interrogatorios tuvo que ver con dejar en pie hipótesis que permitieran la posibilidad de que el hecho hubiera existido perfectamente de la forma en la que Pontaquarto lo planteaba", revela Namer.

Otra de las decisiones que la fiscal marca como fundamentales fue dejar que las defensas realizaran todas las preguntas que quisieran, ya que estas habían cuestionado que, durante la etapa de instrucción, no contaron con esa posibilidad. "Es bueno que puedan mostrar y decir todo lo que quieran al respecto. Quisimos escuchar todo y tomar nuestras propias conclusiones", indica.

Namer recuerda que al momento del alegato marcó la palabra "prudencia", otra de las claves en la forma de encarar la causa: "Prudencia en el sentido que hay muchas cosas sobre las que había dudas y nos propusimos escuchar todos la versiones y despejar esos interrogantes". Ese interés por escuchar, según la fiscal, era para dilucidar si había, por detrás de la declaración de Pontaquarto, algo diferente a lo que el imputado expresaba.

"Lo peor que nos puede pasar es una condena a toda costa, nadie quiere una condena a toda costa", admite Namer, quien está orgullosa de cómo lograron sostener la acusación en los términos que, como fiscalía, lograron plantear. "Estamos conformes con nuestro rol en el juicio y tenemos mucho respeto del desempeño de las defensas, que lógicamente dirán que el hecho no está probado, como ocurre en todos los juicios".