18 de junio de 2024
18 de junio de 2024 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Según la Fiscalía, “pusieron la vida del niño en peligro”
Solicitaron a Casación que condene a dos médicos que fueron acusados por la muerte de un niño en 2002
Oscar Enrique D´Onofrio y Karina Claudia Melillo habían sido absueltos el mes pasado por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº16. Para el fiscal Fernando Fiszer, esa sentencia contiene graves falencias y omisiones.

El fiscal Fernando Fiszer presentó un recurso de Casación contra la sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal Nº16 que había absuelto el mes pasado a dos médicos que estaban acusados por la muerte de un niño en 2002. En el escrito, el representante del MPF le solicitó a la Cámara Nacional de Casación que condene a Oscar Enrique D´Onofrio y a Karina Claudia Melillo por el delito de “abandono de persona agravado por ser seguido de muerte”, tal como había solicitado durante el juicio. 

Valentín tenía dos años y ocho meses cuando se quemó parte de su cuerpo con agua caliente, el 15 de agosto de 2002. Permaneció internado durante tres días en la Clínica “15 de diciembre”. Allí, el estado de salud fue agravándose hasta que murió el 18 de agosto. Según expuso el fiscal Fiszer durante su alegato en el juicio y en el recurso ante Casación, al niño se lo abandonó durante las noches que pasó ahí y no se le dio la correcta atención médica que merecía.

La Fiscalía consideró que hubo en la sentencia “una completa omisión o irracional disgregación de hechos y pruebas”. Sostuvo que “la impunidad que el fallo asegura a los acusados, sobre la base de una construcción ilógica y arbitraria” va en contra de las obligaciones asumidas por el país al suscribir a la Convención Americana de los Derechos Humanos y la Convención de los Derechos del Niño.

En el recurso, Fiszer hizo una petición subsidiaria: en caso de que la Cámara de Casación Nacional considere “que la impunidad deba o pueda consagrarse” debido al paso del tiempo y dicte la prescripción de la acción, solicitó que se declare la imprescriptibilidad de los hechos de la causa.

El recurso ante Casación

“Lo cierto es que por las noches, el abandono de Valentín y su familia se hacía absoluto”, sostiene el escrito. Para la Fiscalía, la sentencia reseñó “de manera parcial y difusa” los dictámenes de los peritos oficiales y de parte. En la decisión del Tribunal, se minimizó el hecho de que Valentín no haya recibido antibióticos hasta el día de su muerte ya que consideró “razonables” las teorías médicas que “desaconsejarían la administración preventiva” de los antibióticos. “Esto no redime en modo alguno la manifiesta desatención y abandono que llevaron en el caso de Valentín a pasar por alto o dejar de percibir los síntomas de infección hasta que la primera decisión al respecto, en la mañana del 18 de agosto de 2002, llegó muy tarde”, sostuvo el fiscal.

Para Fiszer, en los fundamentos la muerte de Valentín pareciera ser “un hecho casual”, ya que tuvieron por probado que el niño ingresó el jueves con quemaduras pero compensado y en buen estado general pero, en menos de tres días murió por un paro cardio-respiratorio derivado de una infección; al mismo tiempo que afirmaron que la atención que se le brindó fue la “ajustada a las prácticas del arte de curar”. “Aunque no brindan mayores explicaciones, los jueces dan a entender que no existiría relación causal relevante entre los actos y omisiones de los médicos y la muerte del niño”, resaltó.

La mala praxis con que actuaron los imputados se verificó en el “progresivo abandono del niño” y consideró que se le aplicó un tratamiento cuando “ya no había ni tiempo ni margen”. “Hubo un desamparo en el que tanto Melillo como D´Onofrio conscientemente y a sabiendas dejaban sumido al niño incluso en aquellos momentos en los que no se hallaban ellos en la clínica”, resumió.

En el caso de Melillo, tuvo en cuenta que no le proporcionó a Valentín la debida atención que necesitaba y que sabía que la clínica carecía de los recursos materiales y humanos para brindarle la asistencia y los medios para que su quemadura no se infectara. En el caso de D´Onofrio, la responsabilidad fue aún más amplia: supo de la internación desde el primer día (el padre de Valentín se lo contó) y se trataba del máximo responsable del servicio de pediatría de la clínica.

El Ministerio Público Fiscal hizo hincapié en la ausencia de un real seguimiento de la evolución del niño. Tomó en cuenta el testimonio de una médica que se percató del estado gravísimo de Valentín cuando fue advertida por personal de limpieza la mañana del 18 de agosto. Aseveró que esa desatención no sólo se debía a las decisiones diarias y negligentes que tomaron los médicos sino a una acción “conocida y consentida” por D´Onofrio (“¡Nada menos que responsable general del servicio de pediatría!”) y por Melillo, quién se retiró de la clínica el sábado por la noche sin haber revisado directamente al niño ni una vez, a pesar de las manifestaciones de su familia.

Advirtió también que “el abandono nocturno” sufrido por Valentín” quedó a la vista en la historia clínica “que el propio Tribunal trae en la sentencia a cuento para respaldar todo el primer tramo de sus conclusiones en torno a los peritajes”. En las madrugas del 16, 17 y 18 de agosto de 2002, “resultó patente y llamativamente inadvertido por los médicos el progresivo desmejoramiento de Valentín”. Durante esas jornadas, no hay ninguna anotación en la historia que refleje alguna práctica médica.

Reiteró que ninguno de los expertos dijo en los peritajes que no debía tratarse a un paciente quemado con antibióticos sino que estuvieron de acuerdo en que debían ser utilizados frente a una infección. Sostuvo que esa decisión requiere de un “seguimiento real del paciente, absolutamente incompatible con su abandono nocturno y de fin de semana”. “¿Cómo va a existir la posibilidad de atender debidamente un cuadro infeccioso en esa clínica, aunque sea en atención a los síntomas como se inclina el Tribunal a considerar adecuado, si ni siquiera existían registros de los análisis y su resultado?”, cuestionó.

Fiszer recalcó, además, “las groseras falencias de la clínica” e indicó que funcionaba como un “establecimiento clandestino”. Al momento de la muerte de Valentín, el lugar no se encontraba habilitado: el Gobierno de la Ciudad le había otorgado una habilitación por 180 días en mayo de 1998 y nunca había sido renovada.

La Fiscalía señaló que en el fallo del Tribunal no se mencionó el incumplimiento de las indicaciones sobre la hidratación de la víctima, que la médica Melillo suspendió, ni el calor que hacía en la habitación, lo que generaba malestar en Valentín y lo hacía transpirar. Tampoco, se aludió en el fallo a que el niño compartía habitación con una nena con neumonitis sino que destacó, a favor de los acusados, que los forenses explicaron que no todas las neumonitis eran infecciosas, sin referirse en concreto a la situación. “¿Por qué creen que este hecho fue omitido por completo por los acusados, y deliberadamente ocultado por el director de la Clínica al punto de negar su existencia cuando fue intimado en el allanamiento por los efectivos policiales?”, se preguntó Fiszer.

Los jueces habían expresado que Valentín tuvo asistencia médica “aunque ésta pueda no haber estado a la altura de la expectativa de los padres”. A eso, el fiscal replicó: “Es evidente que `las expectativas´ a cuya altura no llegaban la clínica ni sus profesionales no eran otras que las del arte de curar y el ejercicio mismo de la medicina, comenzando por la clandestinidad administrativa del establecimiento y la cultura de precaria falencia de medios y personal en la que se hallaba sumido. Y agregó: “La eventualidad de un trágico acontecimiento como el finalmente verificado, pendía de un hilo, y D´Onofrio y Melillo lo sabían”.

“¿Qué sabían en cambio de eso sus padres, hermanos, abuelos y padrinos?”, se preguntó la Fiscalía. “Ellos sólo podían acompañar a Valentín, intuir el peligro que crecía hora tras hora y reclamar una y otra vez la intervención de los médicos. Con elocuente simpleza confirmaron en el juicio el abandono de su hijo y el trágico desconcierto ante su muerte”, concluyó.

El caso

El 15 de agosto de 2002, mientras estaba en su casa en Avellaneda, a Valentín se le cayó una pava con agua caliente en el brazo. Sus familiares lo llevaron al hospital Eva Perón, en Lanús, donde les dijeron que tenía el 11% de su cuerpo quemado. Allí, le hicieron las primeras curaciones hasta que fue trasladado a la Clínica “15 de diciembre” que pertenecía a la Obra Social De Choferes De Camiones, ya que su madre consideraba que ahí podía tener una mejor atención. Cerca de las 23:00 de aquél día, llegó al establecimiento ubicado en Fragueiro 411, en Liniers, y fue recibido por un médico que lo revisó.

Al día siguiente, fue trasladado al Instituto del Quemado donde le realizaron una nueva curación, le pusieron otras vendas y le dijeron al padre que debía volver el martes 20 de agosto. Una vez de vuelta en la clínica, en la habitación de Valentín había una nena que sufría neumonitis aguda. Esa niña no era parte de la Obra Social sino que era hija del dueño del kiosco de al lado de la Clínica. Ya en ese momento, la familia de la víctima se había quejado por la temperatura que había en la habitación. Durante esa madrugada, el nene comenzó a vomitar pero ningún médico apareció durante la noche.

En la mañana del sábado 17 de agosto, se presentó la imputada Melillo y le preguntó a los familiares cómo estaba el paciente. Ellos le relataron los vómitos y el calor que hacía en la habitación pero Melillo se retiró sin revisarlo. Cerca de las 18:00, y sin tomar contacto con el niño, ordenó que se los cambie de habitación. Esa noche, se quedaron la abuela y el padrino con Valentín.

Alrededor de las 4:00, la madre recibió un llamado desde la clínica solicitándole que vaya de inmediato, ya que el nene había vomitado mucho y no había ido a atenderlo ningún medico. Según los testimonios de los familiares, no se le había suministrado nada para los vómitos ni la fiebre. Una vez llegada la madre al establecimiento, una de las enfermeras ingresó a la habitación y constató que Valentín no estaba bien.

Antes de las 8:00, se presentó la médica Jorgelina Ayala, quien comenzaba su turno esa mañana. Inmediatamente, lo trasladó a otro piso, le puso un suero por la pierna para hidratarlo y puso un cartel de “zona restringida”. Fue ella quién les aseguró que el nene había contraído una infección intestinal en la Clínica.

El cuadro de Valentín fue agravándose, por lo que le colocaron una máscara para el oxígeno. Ayala volvió a dirigirse a los padres para comunicarles que había llamado a D´Onofrio y que trasladarían a su hijo a la terapia intensiva de otro establecimiento ya que la clínica no tenía salas de ese tipo para pediatría. Luego, se presentó el imputado en la habitación y, momentos después, les dijo que había tenido una convulsión, un paro cardiorespiratorio y que había fallecido.