02 de febrero de 2023
02 de febrero de 2023 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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El hecho sucedió en mayo de 2016
Solicitaron a Casación que condene a prisión perpetua al hombre que apuñaló a un joven hincha de Boca en San Telmo
En su recurso, el fiscal Fabián Céliz pidió que Gustavo Olivera sea condenado por “homicidio agravado por alevosía”. “El imputado actuó de un modo sorpresivo, traicionero, cobarde pues Eduardo jamás podría haber siquiera imaginado un ataque de estas características”, afirmó.

El fiscal Fabián Céliz presentó un recurso de casación contra la sentencia que condenó a 16 años de prisión a Gustavo Olivera por haber matado a Eduardo Cicchino en mayo de 2016. El representante del Ministerio Público solicitó que la Cámara Nacional de Casación condene al hombre de 52 años a prisión perpetua por haber sido un homicidio agravado por alevosía.

Cerca de las 21 horas del 19 de mayo de 2016, Eduardo Cicchino fue con un amigo hasta el bar “Indoor”, ubicado en Chile al 300, en el barrio de San Telmo. Esa noche se jugaba un partido de fútbol por la copa Libertadores de América entre Boca Juniors y Nacional de Montevideo. Alrededor de las 22 se sumó otro amigo. Para ese momento, el partido estaba en la etapa de penales. Los jóvenes festejaban los goles al tiempo que el acusado observaba la situación desde la barra del bar y desde allí les gritaba cada tanto “bosteros putos” (o frases similares).

Las manifestaciones eran, sin dudas, hacia ellos, ya que eran los únicos que le prestaban atención al partido que Boca Juniors finalmente ganó. Cuando ya se encontraban afuera del local, escucharon un grito de Olivera: “estos bosteros putos ganaron otra vez”. El amigo de la víctima le preguntó cuál era su problema, a lo cual el acusado le respondió: “vení para acá, decímelo en la cara”. Cicchino intentó interceder entre ambos, lo que generó que el hombre comenzara a insultarlo a él también.

La discusión derivó en un forcejeo entre ambos, en el cual intervino uno de los mozos del lugar para separarlos, que fue testigo en el juicio. Cuando se acercó, observó que el joven tenía sangre en su remera a la altura del pecho mientras que el imputado sostenía “un cuchillo negro tipo de caza”. Se trataba de una navaja táctica, cuyas características (tiene unos agujeros en el filo) hacen que su poder de daño sea mayor que el de cualquier arma blanca. Cicchino, de 26 años, murió el 2 de junio en el Hospital Argerich.

El fiscal cuestionó en el recurso que dos de los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Nº23 hayan considerado que se trató de un “homicidio simple”. Según el voto de Luis María Rizzi, al que adhirió su colega Javier Anzoátegui, la acción de Olivera pudo tener “la apariencia de alevosía”, pero la consideraron una “torpe bravuconada”. Aclararon que, como no fue dirigida a nadie en particular, resultaba complejo de configurar la alevosía, es decir, la decisión de matar sobre seguro, sin riesgo y a traición así como no se podía determinar entonces si la víctima estaba o no en una situación de indefensión.

Indicaron que una puñalada “sorpresiva y mañosa” no dejó absolutamente indefenso a Cicchino. “En la filmación se ve que Olivera retrocede, como huyendo, ante el joven que con legítima excitación lo increpa y trata de acercársele, aparentemente con intención de continuar el enfrentamiento”, sostuvieron los dos jueces.

En su escrito, Céliz mencionó lo que dicen varios autores sobre el homicidio agravado por alevosía. Luego, afirmó: “Eduardo jamás podría haber haber advertido las intenciones criminales que el encausado traía para consigo, fue por ello que respondió a la humillación que habían recibido”. Indicó que hubo un forcejeo mínimo, que consistió en colocarle las manos en el cuerpo, instante que Olivera aprovechó para herirlo en el pecho. “Sin dudas, si él hubiera previsto que se encontraba en riesgo, no se habría expuesto frente a su victimario”, aseguró y continuó: “no existían motivos que los hicieran pensar ni siquiera que éste lo atacaría con un arma blanca (la cual nunca les exhibió) y menos aún que tal agresión acabaría con su vida”.

Para el fiscal, el actuar desprevenido del joven fue deliberadamente aprovechado por el condenado ya que, al tenerlo cerca, extrajo la navaja táctica y se la clavó “arteramente” sin darle la posibilidad de una reacción efectiva. Resaltó que el ataque se llevó a cabo con un arma que, por sus características, está preparada para que ingrese y salga con facilidad del cuerpo blando en el cual se introduce. “Olivera sabía esto perfectamente, la usó a traición, nunca la mostró, sólo la sacó para atacar y la utilizó muy bien, pues con una sola puñalada logró su objetivo”.

Para el fiscal, el actuar desprevenido del joven fue deliberadamente aprovechado por el condenado ya que, al tenerlo cerca, extrajo la navaja táctica y se la clavó “arteramente” sin darle la posibilidad de una reacción efectiva.

Citó, luego, el voto del juez Alberto Rengel Mirat, donde afirmó que Eduardo no pudo resistirse al ataque porque nunca advirtió que Olivera tuviera una navaja en la mano, así como también consideró que la reacción de la víctima hubiera sido otra de haberlo sabido. “Ignorar la agresión con la navaja escondida, lo colocó en una situación de indefensión, motivo por el cual no pudo oponer ninguna resistencia”, afirmó el magistrado que votó en disidencia. De la misma manera, expresó: “la inmediatez entre el momento en el que se acerca la víctima y el acto de apuñalarlo del imputado, evidencia la sorpresa y el aprovechamiento de la misma”. Tanto para el fiscal como para Rengel Mirat, no hubo pelea entre Eduardo y Olivera.

Céliz aclaró que el hombre no tuvo ninguna lesión después del hecho. “Con su accionar, evitó cualquier riesgo para sí pues sabía que frente a tal ataque, su víctima sería incapaz de agredirlo”, explicó. Detalló que no es necesario en la alevosía que haya una ausencia total de defensa sino que puede haber una resistencia mínima. “Ello tampoco ocurrió porque Cicchino no se defendió al momento de la lesión”, sostuvo y recordó que fue Olivera el que, después de apuñarlo, exclamó: “vení, vení que te mato”.

Cuestionó que los jueces hayan dicho que no eligió a la víctima (“posiblemente guiado por una furia pasional futbolera”) y señaló que no sólo los eligió sino que también aprovechó el momento para clavarle la navaja. Sobre el arma, dijo que Olivera la tenía oculta y lista para usar “en forma traicionera”. “El imputado actuó de un modo sorpresivo, traicionero, cobarde pues Eduardo jamás podría haber siquiera imaginado un ataque de estas características”, reafirmó.

Por último, se preguntó: “¿por qué y para qué llevaría alguien una navaja táctica consigo?” Y prosiguió: “se trata de un elemento preparado para dañar severamente o matar y Olivera lo utilizó a sabiendas de lo que ocasionaría; él quiso y buscó el resultado obtenido”.