27 de noviembre de 2021
27 de noviembre de 2021 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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El juicio oral y público por la asociación ilícita que actuó antes del golpe de Estado
Bahía Blanca: nuevas declaraciones testimoniales sobre el contexto de persecución política y la actuación de la Triple A
En las próximas audiencias continuarán las declaraciones testimoniales correspondientes a los casos que tuvieron como víctimas a Carlos Alberto Davit y Víctor Eduardo Oliva Troncoso, en tanto que comenzarán las relativas al crimen de Luis "Negrito" García. Se transmitirán por YouTube.

El juicio a los acusados de haber integrado la Triple A de Bahía Blanca continuará con sus audiencias ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de esa ciudad el 23, 29 y 30 de este mes. Para esas jornadas se prevé que continúen las declaraciones de los testigos sobre los casos que tuvieron como víctimas a los perseguidos políticos Carlos Alberto Davit y Víctor Eduardo Oliva Troncoso. También comenzarán a recibirse los testimonios del caso de Luis Jesús “Negrito” García, delegado de la construcción y militante del PRT y el FAS, secuestrado de su domicilio en la madrugada del 22 de septiembre de 1974, en presencia de su familia. Horas más tarde, su cadáver fue hallado junto a un camino de tierra.

El debate se seguirá transmitiendo en vivo por el canal de YouTube de la Universidad Nacional del Sur. Intervienen en representación del Ministerio Público Fiscal el fiscal general Miguel Ángel Palazzani, el fiscal ad hoc José Alberto Nebbia y el auxiliar fiscal Pablo Vicente Fermento, y como partes querellantes Hijos Bahía Blanca, la familia de la víctima Luis Jesús “Negrito” García y la Universidad Nacional del Sur. Los imputados son Juan Carlos Curzio, Osvaldo Omar Pallero, Héctor Ángel Forcelli y Raúl Roberto Aceituno, acusados de ser parte de una asociación ilícita a la que se le atribuyen 24 homicidios agravados cometidos entre 1974 y 1975. Aceituno también se encuentra acusado como coautor del homicidio agravado del dirigente estudiantil David “Watu” Cilleruelo.

En las últimas dos semanas, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Bahía Blanca recibió testimonios de allegados a las víctimas y de testigos que dieron cuenta de los hechos en particular y del contexto de persecución política en la etapa previa al Golpe de Estado de 1976, de acuerdo con lo informado por la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de esa ciudad.

Tres crímenes en una noche

El jueves 1° se recibió el testimonio de una de las hermanas de Fernando Antonio Alduvino, estudiante de Filosofía de la Universidad del Sur, secuestrado el 21 de marzo de 1975 y posteriormente asesinado. Esa misma noche también fueron ejecutados María Isabel Mendivil y el sacerdote Carlos Dorñak. Según el relato brindado, el secuestro se produjo en el domicilio, que compartía con otros estudiantes, por tres personas encapuchadas con medias de mujer y armados, que se llevaron a la víctima por la fuerza y en ropa interior.

Detalló además algunos acontecimientos anteriores al asesinato, como el día en que los estudiantes hicieron una marcha en silencio hasta la sede del Rectorado, para exigirle a Remus Tetu que no cerrara la carrera de Filosofía. Para la testigo, ese día “lo marcaron” a su hermano. Según la declaración, luego del secuestro de Fernando, su padre fue a hablar con Rodolfo Ponce -diputado nacional y secretario de la CGT Bahía Blanca, que para la acusación lideraba la organización criminal-, quien le contestó “pero estos hijos de re mil putas seguro que ya lo han matado”. El cuerpo de su hermano Fernando fue hallado dos días después en la ruta 35.

La declarante refirió que su hermano y otros compañeros de estudio le habían advertido sobre personas que andaban armadas dentro de la universidad, de las que debía tener cuidado, entre las que recordó los nombres de Pallero, Curzio y Montezanti. Sobre dicho grupo, describió que “recorrían los pasillos, estábamos en clase, entraban con armas largas. Entraban y decían, 'listo se levantó la clase' y arriaban con todos para afuera… andaban en el buffet, en los pasillos, en las aulas, dando clases los profesores los tipos sentados haciendo ostentación de su poder”.
Asimismo la testigo reconoció a uno de los imputados, Héctor Forcelli, dentro de “La Fiambrera”-el vehículo utilizado por la patota- una noche en la que estaba esperando el colectivo.

Hostigamiento permanente a los estudiantes

En la jornada del viernes 2, prestó su testimonio un exiliado chileno y amigo de la víctima Víctor Eduardo Oliva Troncoso, quien describió el hostigamiento permanente que sufrían los estudiantes que vivían en el barrio Universitario de la ciudad: en las noches se sentían disparos e inclusive en una oportunidad balearon a un joven -apodado “el tucumano”- en la puerta de una de las casas. “El comentario era que la gente que hacía eso era de la organización Triple A”, explicó.

Esta situación lo llevó a dejar la ciudad para asentarse en Trenque Lauquen, en donde todos los días se enteraba de los asesinatos cometidos en Bahía Blanca, entre ellos el de su amigo Víctor Oliva.

Secuestro y asesinato en el pueblo de Huanguelén

Ese mismo día declaró el hijo mayor de Rodolfo Celso Gini, bioquímico y profesor de Huanguelén secuestrado y asesinado por la Triple A el 2 de diciembre de 1974.  De acuerdo con el relato, aquella madrugada entraron a su casa alrededor de cinco personas, la mayoría con ametralladoras automáticas, quienes encerraron y ataron a su madre en el baño mientras interrogaban a su padre. Antes de llevarse a la víctima por la fuerza, pintaron con aerosol las tres A por diferentes partes de la casa, en paredes y muebles.

El testimonio también abordó la persecución sufrida por su madre con posterioridad al asesinato, quien ya en dictadura fue secuestrada por las fuerzas militares y llevada a Bahía Blanca. Luego de su liberación, debió exiliarse por un tiempo en Venezuela y separarse de sus hijos, que quedaron al cuidado de familiares en la ciudad de La Plata.
Al finalizar la audiencia, se transmitió un video incorporado como prueba documental en la causa, consistente en una entrevista realizada a la viuda de Rodolfo Celso Gini, Marta Beatriz Favini, quien falleció meses atrás.

Ley “antisubversiva”

El 8 de octubre declaró un testigo que al momento de los hechos tenía 18 años de edad y estudiaba en el Colegio Nacional de la ciudad, y que fue detenido en noviembre de 1974 luego de la aprobación de la ley “antisubversiva” 20.840. Ya para entonces “se sabía que en la ciudad había una banda armada, la banda de Ponce, que había que cuidarse de eso (…) sabíamos que se reunían en la CGT y se veían siempre por las calles (…) se los conocía como la Triple A”. Relató distintos episodios en los que presenció el accionar el grupo paraestatal, entre ellos, la vez en que participando de una movilización al Consejo Deliberante recibieron disparos desde vehículos que pasaron por el lugar. Se trata de un episodio narrado por numerosos testigos del juicio.

Cuando los detuvieron a él y a su hermano, su padre “muy desesperado” fue a hablar con el hermano de Ponce, para ver si había alguna posibilidad que los liberaran. “Si usted paga puede llegar a salir el más chico, que era yo”, fue la respuesta recibida.

El declarante explicó que para él y su familia era muy clara la relación de la patota con las fuerzas de seguridad de la ciudad. La madrugada de su secuestro, las personas a cargo del operativo llegaron en autos de civil y sin patente, e ingresaron rompiendo las puertas. En aquella oportunidad, también se llevaron a la esposa de su hermano, embarazada de ocho meses. “La presunción es que vinieron a buscar a mi hermano y a la esposa, que estaban marcados” por la patota. Luego de pasar por la Comisaría Segunda, fueron trasladados a la cárcel de Villa Floresta. A pesar de haber sido sobreseídos, continuaron detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.

En enero del 76, antes del golpe, el testigo pudo hacer uso del derecho a opción a salir del país con destino a Italia, en donde aún reside. Su hermano permaneció encarcelado por otros seis años.

“Yo estuve preso durante un gobierno constitucional, pude apelar a la Constitución Nacional. El trabajo sucio que después hicieron los militares matando gente y secuestrando, antes lo hacía esta gente, los paramilitares o bandas armadas… y cuando necesitaban trabajaban conjuntamente, las bandas armadas con la policía que te llevaba preso (…) A mí me fueron del país… el derecho de opción es un exilio forzado (…) La inteligencia de este país o la mataron, o la echaron, o la secuestraron”, reflexionó en su testimonio.

Asesinato de Carlos Alberto Davit

En aquella audiencia también declaró un testigo presencial del secuestro de Carlos Alberto Davit, hecho concretado en la noche del 19 de noviembre de 1975. La víctima, de 26 años y oriunda de la localidad de Guatraché, estudiaba para Contador Público en la Universidad del Sur y militaba en la Juventud Universitaria Peronista. Su cuerpo apareció horas más tarde con signos de tortura y acribillado con 44 balazos, colgado de un puente camino a Punta Alta.

Según el relato brindado, aquella noche un grupo de cinco o seis personas armadas de civil irrumpieron en la pensión en la que ambos compartían habitación preguntando por Davit, a quien se llevaron a los golpes.
El testigo contó que Davit había sido amenazado con anterioridad, cuando hombres de civil ingresaron en la pensión portando itakas, granadas y escopetas. Uno de ellos se dirigió a la víctima y le advirtió que “deje la política, vos sabés por qué te lo digo”. También había recibido amenazas en el barrio Comahue, según supo de la propia víctima.

Asesinato de un sacerdote salesiano

El viernes 9 declaró uno de los sacerdotes que vivían en la residencia salesiana del Juan XXIII, donde fue asesinado el padre Carlos Dorñak la madrugada del 21 de marzo de 1975.  El testigo se refirió a la actividad eclesiástica que realizaban por aquellos años: “Ante todo a través de la docencia, tratábamos de animar al alumnado de acuerdo a lo que la Iglesia Católica nos proponía. Cada cual, con más o menos intensidad, a través de la docencia impulsábamos la defensa de la justicia y el trabajar por los más necesitados”. En ese marco, en algunas reuniones confluían con lo que se llamaba Movimiento de los Sacerdotes Tercermundistas.

Según su relato, en la madrugada del 21 de marzo de 1975 “se sintieron explosiones y sentí que me golpeaban la puerta. Me di cuenta que era el padre Benito Santeccia. Le pedí que no hablara, me quedé quietito, esperé unos minutos, quien sabe cuánto fue y una vez que se silenció todo, no recuerdo si salté por la ventana y quise ir a avisar al colegio Don Bosco”. Trepado a un árbol, pudo ver a tres hombres jóvenes con armas, “probablemente metralletas”. Al regresar al lugar del hecho, “encontramos enseguida el cuerpo tirado ya fallecido con un charco grande de sangre, que era el Padre Carlos.” Además del asesinato, tiraron bombas molotov y produjeron un incendio en el lugar.

Contó también que pocos días más tarde, recibieron en el Juan XXIII una amenaza anónima instando a los curas para que se fueran de Bahía Blanca. La advertencia fue acatada por la mayoría de los religiosos, determinando -en el caso de Santeccia- el exilio del país. Tras recibir sugerencias de las propias autoridades para que emigrara de la ciudad para su seguridad, el declarante se radicó en Luis Beltrán, en donde continuó siendo objeto de vigilancia.
“Fue un rayo al mediodía que cambió la vida para siempre (…) Me suele pasar que a eso de las 2.30 a 3 de la mañana me despierto siempre”, graficó el testigo, y concluyó: “busquen la justicia que tan necesaria es”.