27 de septiembre de 2022
27 de septiembre de 2022 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Interviene el fiscal general Marcelo Colombo junto a la PROTEX
Solicitaron 14 años de prisión para un hombre acusado de trata de personas con la finalidad de reducir a la servidumbre a una mujer
El representante del MPF además requirió que se ordene la reparación económica de la víctima del caso hasta alcanzar la suma de 1 millón de pesos y pidió el decomiso de 139.300 pesos, de 13.856 dólares y de un vehículo marca BMW, productos de la actividad ilegal del acusado. En su exposición a lo largo de dos jornadas, narró la violencia y amenazas a las cuales era sometida la mujer, oriunda de Colombia.

El fiscal general ante el Tribunal Oral Criminal Federal Nº8 de la Capital Federal, Marcelo Colombo, solicitó este miércoles que se imponga una pena de 14 años de prisión a un hombre al que acusó de ser autor de los delitos de trata de personas con la finalidad de servidumbre, falsificación de documentos públicos y defraudaciones. En su petición final, además solicitó que se ordene la reparación económica de la víctima de este caso hasta alcanzar la suma de un millón de pesos y el decomiso de 139.300 pesos, 13.856 dólares y de un vehículo marca BMW, producto de la actividad ilegal llevada adelante por el imputado.

La instrucción de la causa estuvo a cargo del titular de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N°3, Eduardo Taiano, y de María Alejandra Mángano, cotitular de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX). La investigación se inició el 1° de febrero de 2018 por una denuncia realizada por el Consulado de la República de Colombia en Buenos Aires ante la procuraduría especializada. Desde la sede diplomática se informó que habían recibido un llamado telefónico de una mujer, ciudadana de ese país, poniendo en conocimiento una situación de explotación en la ciudad de Buenos Aires y de la cual resultaba víctima su hermana.

El juicio se reanudará el miércoles 2 de marzo, día previsto para que la defensa pronuncie su alegato.

Los hechos

Juan Martín Isetta llegó a juicio acusado de captar, trasladar y acoger a una mujer con el propósito de reducirla a la servidumbre a través de engaños, violencia, abuso de su situación de vulnerabilidad y amenazas tanto hacia ella como a sus familiares y amigos. Además, fue acusado de cometer la falsificación de documentos públicos y defraudaciones a través de tarjetas de crédito.

Según la prueba reunida, el imputado habría desarrollado las maniobras relativas al delito de trata desde mediados de 2016, cuando mantuvo los primeros contactos con la víctima a través de las redes sociales, hasta el 17 de mayo de 2019, fecha en que Isetta resultó detenido.

En el marco de la causa que llegó a juicio se pudo constatar que el acusado captó a la víctima mediante el inicio de un vínculo amoroso virtual y que de esta manera consiguió que la mujer se trasladara por primera vez de la ciudad de Medellín, en Colombia, a la Argentina, a través de falsas promesas de concretar la relación, conocer la ciudad de Buenos Aires, y obtener una suma de dinero y un teléfono celular. Incluso esos engaños se extendieron durante parte de la etapa de acogimiento para convencerla de que aplazara su vuelta a Colombia.

“No se trata del clásico ‘cabaret’ donde se explota sexualmente a otra persona y luego se llevan el dinero. Acá el imputado quiso presentar a la víctima como su pareja y esto no fue así. Fue una relación de sometimiento”, aseguró el fiscal Colombo.

Posteriormente, se pudo determinar que a medida que avanzaba la estadía de la víctima en el país, Isetta ejerció violencia física, psicológica, sexual y económica contra ella, y que, para mantener la finalidad de explotación, el imputado se aprovechó de su situación de vulnerabilidad, ya que la mujer no contaba con redes socio-afectivas locales de contención a las cuales pudiese recurrir.

La investigación también pudo determinar que el acusado amenazó a la víctima con el fin de infundirle un mal o causarle la muerte a su hijo menor de edad y que consiguió que, luego de su primer viaje, la víctima regresara en tres oportunidades más a la Argentina.

Por otro lado, a Issetta se lo acusó de haber falsificado tarjetas de crédito junto con personas no identificadas, desde al menos el 27 de enero de 2018 y hasta el 17 de mayo de 2019, así como la falsificación de los documentos nacionales de identidad de dos personas. También llegó imputado de haber conservado en su poder recetarios y un sello a nombre de una médica psiquiatra y de haber tenido ilegítimamente un documento nacional de identidad

Finalmente, se le atribuyó haber realizado operaciones mediante el uso no autorizado de los datos de las tarjetas de crédito de 12 personas en el período comprendido entre el 28 de diciembre de 2018 y el 25 de febrero de 2019, y de otras dos entre el 10 y el 13 de mayo de 2019.

Argumentos de la fiscalía

El alegato del fiscal Colombo, que culminó con el pedido de imposición de 14 años de prisión para Isetta, estuvo dividido en dos módulos a través de dos audiencias. Durante la primera, que se llevó a cabo el 9 de febrero, el representante del MPF se enfocó en la parte del delito de trata. “En relación a ese hecho vamos a hacer una valoración de la enorme prueba que convalida el relato de la víctima. En este juicio y en la investigación existen otros hechos que están ligados y solapados y que tienen que ver con la actividad ilegal que Isetta llevaba adelante en los distintos inmuebles en los que vivía en Buenos Aires”, sostuvo Colombo.

Explicó al respecto que los delitos de estafas y falsificaciones se desdoblan en dos hechos: uno que tiene que ver con la utilización de tarjetas de regalo del banco Galicia, que eran conseguidas a través de un amigo suyo que trabajaba en esa entidad bancaria, y otro de estafas y compra de pasajes aéreos utilizando estás tarjetas de crédito.

"El imputado le pegó muchas veces y de diferentes maneras. Ella caía, se levantaba y él le volvía a pegar. La agarraba del pelo y le llegó a clavar un destornillador en la pierna. A raíz de estos golpes, le pidió llevarla a un hospital y él se negó. No dejaba que ella durmiera ni se alimentara, le daba pastillas adormecedoras y la obligaba a mantener relaciones sexuales".

Colombo comenzó su exposición aclarando que el concepto de explotación de caso no es el que aparece hoy en los diarios. “No se trata del clásico ‘cabaret’ donde se explota sexualmente a otra persona y luego se llevan el dinero. Acá el imputado quiso presentar a la víctima como su pareja y esto no fue así. Fue una relación de sometimiento”, aseguró.

Y continuó: “Lo que tenemos claro es que Isetta captó, trasladó y acogió en su domicilio a la víctima con el propósito de reducirla a una condición de servidumbre, lo que representa una forma de explotación. Este sometimiento y control abarcó un largo tiempo, se realizó en diferentes etapas y a través de diversos medios comisivos”.

Colombo destacó el carácter progresivo de esa violencia y esa anulación de la personalidad de la víctima. “Esto fue una escalada”, afirmó.

El fiscal se refirió a cómo quedó demostrado en el debate que las amenazas ejercidas sobre la víctima no eran solo creíbles para ella sino también para su vínculo familiar, que se encontraba en Colombia. “Las amenazas de Isseta hicieron que el padre del hijo de la víctima, que no parece una persona fácil de asustar, dejara de mandar a su hijo al colegio”, describió.

El representante del MPF resaltó también la enorme vulnerabilidad de la víctima, y del conocimiento que tenía Isetta de esta condición desde el comienzo, y para eso retomó una buena parte del testimonio que brindó la víctima en su declaración. “(La mujer) contó que conoció a Isetta a través de otra persona que se lo presentó en la red social de Facebook. Comenzaron a chatear y crearon un grupo de WhatsApp entre los tres. En ese marco se dio la convocatoria para que la mujer viaje a Argentina, ya que Isetta le ofreció pagarle los pasajes y darle un teléfono Iphone. Ella se refirió en varias oportunidades a lo incómodo que era que no tener casa ni conseguir trabajo”, narró el fiscal.

Colombo detalló que durante su primera estadía en la ciudad de Buenos Aires, la mujer se alojó en un departamento ubicado en la calle Soldado de la Independencia, del que nunca tuvo las llaves. “Podía salir del departamento, pero dependía económicamente de Isetta para su alimentación”, aclaró. Agregó que, al principio, las cosas iban bien, pero indicó que empezaron a aparecer repentinos cambios de humor, actitud y violencia por el consumo de sustancias estupefacientes.

Con el correr del tiempo, los insultos, amenazas y humillaciones se fueron exacerbando. Para ejemplificar esta situación, Colombo se refirió a un episodio en el que la mujer detalló que Isetta le cortó la mano y la amenazó con matar a su hijo, y la tuvo encerrada por un lapso de 26 días.

“Esos 26 días representan el relato más crudo. El imputado le pegó muchas veces y de diferentes maneras. Ella caía, se levantaba y él le volvía a pegar. La agarraba del pelo y le llegó a clavar un destornillador en la pierna. A raíz de estos golpes, le pidió llevarla a un hospital y él se negó. No dejaba que ella durmiera ni se alimentara, le daba pastillas adormecedoras y la obligaba a mantener relaciones sexuales”, describió el fiscal.

Colombo contó que, a partir de esta situación, la mujer decidió cambiar de estrategia para que Isetta la dejara salir. De esa forma buscó ganarse su confianza, hacer de cuenta que estaba bien lo que él le proponía y fue así que, desde un locutorio, dio la primera alerta a su familia para dar cuenta de todo lo que estaba padeciendo.

"Tenemos claro que Isetta captó, trasladó y acogió en su domicilio a la víctima con el propósito de reducirla a una condición de servidumbre, lo que representa una forma de explotación. Este sometimiento y control abarcó un largo tiempo, se realizó en diferentes etapas y a través de diversos medios comisivos".

El fiscal añadió que, con el paso del tiempo, la víctima realizó otros tres viajes a Buenos Aires, a través de distintas amenazas por parte del imputado. En el segundo, Isetta la obligó a darle todas las claves de sus redes sociales y contactos y comenzó a amenazar también a sus familiares y amigos por si alguien intentaba ayudarla.

Explicó que, en una oportunidad, Isetta habló en altavoz con otro hombre para que ella escuchara. En esa conversación, el acusado le dijo a esa persona que necesitaba un trabajo en Medellín. A las dos horas, este hombre se comunicó de nuevo y dijo que se encontraba en la puerta de una casa. Al describirla, coincidía con la forma y el color de la vivienda de la víctima en Colombia. “Ese día lloré, me arrodillé pidiendo que no lo hiciera. Los golpes siguieron y yo le decía que sí a todo”, dijo Colombo citando a la víctima.

En un nuevo viaje a Colombia, la víctima se alojó un mes en la casa de una amiga, ubicada lejos de la ciudad de Medellín por temor a las amenazas. En esa oportunidad, el padre de su hijo la convenció de hacer la denuncia en la fiscalía de esa ciudad. Finalmente, sin avisarle a nadie, regresó a Buenos Aires con un pasaje que había comprado Isetta con una tarjeta adulterada. “Ella decía que ya no le importaba lo que le hicieran a ella, pero quería que no le hiciera nada a su hijo”, detalló el fiscal.

Este tercer viaje, realizado en mayo de 2018, también estuvo atravesado por amenazas, violencia física, describió Colombo. Finalmente, en un cuarto viaje que realizó a Buenos Aires fue abordada por el Programa Nacional de Rescate, en mayo de 2019, completó el fiscal.

“Siguiendo el relato de la víctima, llegó un punto donde no aguantaba un golpe más y entonces volvió a realizar estrategias de supervivencia. La víctima vivió situaciones de sometimiento extremo”, sintetizó al culminar la primera audiencia de su alegato.

En la segunda jornada, que se llevó adelante este miércoles, el fiscal se refirió en primer lugar a la falta de actividad laboral formal del imputado para ganarse un sustento y realizó algunas consideraciones vinculadas a la necesidad de mantener al resguardo, con un celo que no es propio de una activad legal, aquella actividad. “Acá no estamos imputando a Isetta por el delito de drogas, pero es importante tener en cuenta las actividades ilegales a las cuales estaba acostumbrado”, señaló.

“En la indagatoria nosotros le preguntamos por una conversación con su madre en donde habla concretamente de las actividades a las que se supuestamente se dedica: a la compra de bienes en el extranjero a través de tarjetas”, expuso el representante del MPF. En relación con la actividad que el imputado dijo tener, el fiscal aseguró que nada de eso pudo ser corroborado. “Isetta tenía encriptaciones con algunas personas puntuales que participaban en las falsificaciones y utilizaba otros celulares para estas actividades ilegales”, continuó.

“Lo único que puede confirmarse es que compraba bienes en el extranjero a partir de plataformas virtuales pero no había actividad de importación”, sostuvo.

Sobre el delito de trata, Colombo señaló que consideraba acreditada la captación y el traslado con fines de explotación sexual agravado por haberse consumado la explotación. “Existen otros cuatro medios comisivos que se dan como agravante de la situación: el engaño, la violencia, el uso de amenazas y el abuso de la situación de vulnerabilidad”, agregó.

Luego, el fiscal se refirió a los delitos de estafa y explicó la forma en que se llevaron a cabo las maniobras defraudatorias, entre las que se encuentran afectadas un grupo de personas a las que se les cargaron 101 tarjetas de regalo emitidas por el Banco Galicia entre el 28 de diciembre de 2018 y marzo de 2019, que suman un total de 510 mil pesos.

Finalmente, Colombo señaló que fueron las estafas que realizó el imputado la forma en que solventó económicamente los viajes entre Buenos Aires y Medellín.