En el marco del juicio que se le sigue en su contra por el homicidio simple —con dolo eventual— de un paciente tras una operación estética, el médico Aníbal Lotocki declaró ayer que Christian Zárate (50) se presentó como un “paciente sano” y que no existieron complicaciones después de las dos intervenciones que se le realizaron el 15 de abril de 2021, en una clínica del barrio porteño de Caballito.
Según la investigación, Zárate fue esa mañana hasta el Centro Médico Conde (CEMECO) ubicado en la calle Colpayo 20, para una intervención programada, que consistía en la remoción de tejidos en distintas partes del cuerpo, tales como “cuello, hombros, pectorales, brazos, axilas, cara anterior del abdomen, pelvis y región lumbar y sacra”. En concreto, se le realizó una dermolipectomía con la técnica “tulua” y una liposucción.
Tras la intervención (y luego de que Lotocki saliera del quirófano por 40 minutos), Zárate fue llevado a una habitación, donde lo asistió una enfermera que notó algo inusual en su drenaje. Eso fue comunicado a Lotocki, quien dispuso que el paciente volviera a ingresar al quirófano. En la mañana del viernes 16 de abril, tras pasar la noche dolorido y sin poder dormir, el paciente se descompensó y fue intubado, al tiempo que personal de la clínica se comunicó con una empresa de emergencias, desde la que enviaron una ambulancia. Los médicos que arribaron en el vehículo advirtieron la complejidad del cuadro y convocaron a una segunda ambulancia. En ese momento, el paciente sufrió un paro cardíaco y falleció luego de que intentaran reanimarlo.
Ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°17, Lotocki explicó que se reunió con Zárate aproximadamente un mes antes de la intervención y que el damnificado estaba “decidido a operarse”. Sostuvo que tras realizarle análisis de sangre y una radiografía, se encontró con “un paciente sano” y que solo le indicó que debía tomar medicación para controlar una diabetes tipo 2 que le detectaron.
Al momento de explicar las intervenciones que le realizaron el 15 de abril de 2021, sostuvo que el Cuerpo Médico Forense estaba equivocado al respecto de la necesidad de no realizar todas las operaciones al mismo tiempo.
“Una liposucción con abdominoplastía o dermolipectomía no se puede separar, no tiene sentido hacerla en dos veces. La grasa que se remueve se necesita para transferir a glúteos, brazos o pectorales”, indicó y aseguró que se realizan “marcaciones precisas” porque se busca lograr “un físico atlético y marcado”.
Indicó también que la dermolipectomía con la técnica “tulua es una abdominoplastía incompleta y que se “despega” la piel hasta el ombligo y no hasta los pectorales, como requiere la práctica completa. En esa línea, aseguró que los centros médicos sin internación tienen permitido hacer estas intervenciones. Con respecto a las incisiones encontradas en el cuerpo de la víctima dijo que en este tipo de operaciones se realizan 20 o 25 de estos cortes pero que son necesarios.
Luego de ello, relató lo sucedido después de la primera operación, donde notó que “le costó despertarse”. Unas horas después, al ir hasta la habitación, sostuvo que lo encontró “desorientado en tiempo y espacio”, con dolor y que había perdido líquido a través del drenaje.
“Teníamos dos posibilidades: una más perezosa y de ver qué pasaba y otra conducta más proactiva, eficaz y que podía controlar cualquier complicación en proceso”, manifestó en relación a la decisión de intervenirlo nuevamente. En ese sentido, dijo que Zárate “no tenía nada” y que “volvieron a cerrar todo” porque no encontraron heridas ni hemorragias.
Tras esto, recordó que nuevamente le habría costado despertarse pero que el paciente estaba normal y que ya estaba previsto que se quedara a dormir en la clínica porque “era más difícil de controlar si se lo enviaba a la casa”. “Se quedó porque vivía lejos y la cirugía había sido tarde, todo para que tuviera mayor comodidad”, argumentó.
Con respecto a cómo pasó la noche Zárate, sostuvo que la transitó de manera tranquila y con signos vitales estables. “En ningún momento de la noche tuvo criterio para traslado”, explicó y agregó que la idea era darle el alta cerca de las nueve de la mañana del 16 de abril.
La descompensación
En este punto, manifestó que estaba realizando otra operación cuando una enfermera le avisó que el paciente se encontraba “taquicárdico y con la frecuencia respiratoria alterada”. En base a eso, dijo que le prescribió junto a un anestesista que se encontraba allí una medicación para que se estabilice.
Estableció que luego de ese episodio es que se acercó la médica terapista y le recomendó el traslado porque Zárate estaba “agitado, hiperventilando e hipotenso”. Ante ese panorama, aseguró que desde la administración de la clínica pidieron de urgencia una ambulancia, mientras decidieron entre los tres profesionales que el paciente debía ser intubado.
Según lo que expresó Lotocki en la indagatoria, la ambulancia de la empresa de emergencia que llegó no contaba con un respirador, por lo que se tuvo que pedir un móvil de apoyo. Durante ese período, Zárate permaneció intubado hasta que comenzó a “resistirse” al tubo.
“Yo me ofrecí personalmente a trasladar al paciente pero el médico no quiso”, estableció y agregó que se podía realizar el traslado si alguien iba monitoreando la respiración mecánica.
Con respecto a los motivos que llevaron a la muerte a Zárate, sostuvo que en los análisis histopatológicos realizados luego de la autopsia se detectó una cardiopatía y una cirrosis hepática, lo que aumenta el riesgo de mortalidad durante una operación. “Nunca estuvo solo ni librado al azar, siempre estuvo muy bien cuidado”, afirmó en relación al trato que recibió el paciente.
Más indagatorias
Luego de Lotocki, pidió brindar su indagatoria el médico anestesiólogo Santiago Luis Olguín, acusado también por el homicidio simple con dolo eventual de la víctima. Ante los jueces Pablo Vega, Julio López Casariego y Juan Giudice Bravo, defendió su actuación en la operación y los fluidos que le pasó “para sostener hemodinámicamente” al paciente.
Por otra parte, la instrumentadora quirúrgica Florencia Marina Krzeczek está acusada haber ocultado el teléfono de Lotocki para que no lo hallaran los investigadores, lo que se catalogó bajo la calificación de encubrimiento agravado, por ser el hecho precedente un delito especialmente grave. “Voy a decir que es mío por si me preguntan”, sostuvo en un mensaje que le envió a la esposa del médico aquél día, de acuerdo a lo exhibido durante el debate.
“Lo dimos todo por sacarlo de la situación que estaba pero no se pudo”, dijo Krzeczek en la audiencia de hoy y relató que tomó las cosas de Lotocki “porque estaban desparramadas” y que no sabía que se lo había llevado detenido la policía. Tras esta indagatoria, el tribunal fijó como próxima audiencia la del miércoles 7 de octubre, donde comenzarán a debatirse los casos de lesiones gravísimas denunciadas por cinco mujeres que se atendieron con el médico.