01 de febrero de 2023
01 de febrero de 2023 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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El juicio sigue el viernes con otros cinco testimonios.
19 y 20 de diciembre: "Fui destruido por el Estado, por la gente que tenía que protegerme"
Martín Galli fue herido por la policía en 9 de Julio y Diagonal Norte y todavía tiene el proyectil en la cabeza. Ante el Tribunal Oral Federal N°6 declararon él y seis testigos más, entre familiares y víctimas. "Hay un gran ausente acá: Fernando de la Rúa" sostuvo María Arena, viuda de Gastón Riva.

Después de 10 horas de audiencia, el Tribunal Oral Federal Nº6 , integrado por José Martínez Sobrino, Rodrigo Giménez Uriburu y Javier Anzoátegui, finalizó con la primera jornada de testimoniales. Siete personas se sentaron frente a los jueces para relatar la represión sufrida por ellos o por sus familiares durante el 20 de diciembre de 2001. Al comenzar la audiencia, se aclaró que Hebe de Bonafini no podría asistir (estaba citada para las 10:00), por lo que su testimonio será reprogramado. La presidenta de Madres de Plaza de Mayo participó aquel jueves en la ronda habitual de la Plaza cuando fue reprimida por la Policía. La causa por las vejaciones a las que fueron sometidas las integrantes de Madres aún continúa en etapa de investigación.

María Mercedes Arena, viuda de Gastón Riva, fue la primera en brindar su testimonio. Según su relato, Riva trabajaba en una mensajería del centro por la mañana y que por la tarde volvía a su casa en Flores. En la causa, se determinó que murió alrededor de las 16 del 20 de diciembre a metros de Avenida de Mayo y Tacuarí, por un disparo de escopeta en el pecho.

Arena relató que la última vez que vio con vida a su marido fue en la noche del 19 de diciembre, cuando comentaron lo que pasaba mientras miraban la televisión: "hay que salir a manifestarse", le había dicho en la cena aunque luego se fueron a dormir. "La próxima referencia que tuve de él fue verlo muerto por la tele", contó.

En el momento en que vio en un canal de noticias a su marido herido comenzó una serie de llamados: al celular (que estaba apagado), al dueño de la mensajería, al Centro de Orientación a la Víctima (COV) y al Same. En estos dos últimos lugares le dijeron que Riva no estaba en ninguna de las listas y que "se quede tranquila, ya va a volver". A las 20, el jefe de la víctima le avisó a Arena que lo había encontrado en el Hospital Argerich. Aunque sabía que estaba muerto, no se lo dijo. Fue la psicóloga del centro de salud quién se lo contó: "hasta ese momento tenía la esperanza de que estuviera herido nada más", relató.

Arena le recordó al tribunal como fue reconstruyendo los últimos momentos de vida de Riva: primero acudió al gremio SIMECA y allí le dieron nombres de sus compañeros. Luego buscó durante un año al fotógrafo que había tomado una fotografía -publicada en una revista- en la que aparecía Riva. El fotógrafo se presentó en la causa y aportó sus tomas al expediente. La Fiscalía le preguntó sobre otras personas que pudiesen atestiguar sobre los hechos y Arena hizo referencia a Sergio Sanchez, herido en la manifestación y fallecido hace dos años.

En ese momento el defensor de Rubén Santos, Virgilio Loiácono, le preguntó: "¿su marido estaba trabajando o manifestándose? ¿recibió alguna indemnización usted por parte de la ART?". Arena le repitió que Riva trabajaba en el centro y que decidió quedarse en la protesta, y le aclaró al ex secretario Legal y Técnico de la Alianza que no había recibido ningún tipo de ayuda o indemnización.

Al terminar su declaración, Arena aclaró que tanto ella como su familia "buscan justicia" y que esperaron "muchos años para este juicio, inclusive pensábamos que no llegaría". "Hay un gran ausente acá, que es Fernando de la Rúa", cerró.

A continuación, se sentó frente a los jueces Karina Lamagna. Su hermano Diego murió cerca de Riva, prácticamente a la misma hora. A él también lo llevaron hasta 9 de Julio y Bernardo de Irigoyen, porque las ambulancias no se atrevían a acercarse a Plaza de Mayo. El sábado pasado inauguraron en Quilmes una pista para "bikers" con su nombre, ya que hasta su muerte Diego hacía acrobacias en bicicletas.

Lamagna hizo hincapié en que su hermano fue solo a la Plaza de Mayo y que sus amigos fueron quienes lo reconocieron en la foto de tapa del Diario Clarín del 21 de diciembre. Ellos trataron de ir a la Morgue Judicial a buscarlo pero no se lo permitieron, así que en ese momento le avisaron a su madre. "No podíamos sepultarlo porque no teníamos sus documentos", contó Karina, quien además recordó que en la comisaría de La Boca recibió "maltrato humanitario". "Me dieron una bolsa llena de sangre, que no acepté, y un DNI todo mojado. Recién pudimos enterrar a mi hermano el 24 de diciembre", relató entre lágrimas.

Marta Adelaida Almirón es la madre de Carlos Almirón, herido de bala en el pecho alrededor de las 16:00 del 20 de diciembre en 9 de Julio y Avenida de Mayo. Fue trasladado al Hospital Argerich (como Riva) y allí murió. Su madre contó que recién se enteró de la muerte de su hijo a las 7 de la tarde del 20 de diciembre y que llegó al centro asistencial pasadas las dos de la mañana. "En lugar de cuidarnos, la policía estaba desbordada", consideró Almirón.

Martín Galli fue baleado en la cabeza en 9 de Julio y Diagonal Norte. Se salvó gracias al empeño que puso uno de los manifestantes en tratar de salvarle su vida. Un taxi que pasaba por ahí lo recogió y lo llevó al hospital, según pudo verse en las filmaciones exhibidas la semana pasada. Galli respondió a las preguntas de la querella, la Fiscalía y las defensas durante más de dos horas. Contó que llegó a Once desde San Justo alrededor de las 14:00 y que el clima ya estaba "caldeado". Caminó junto con dos amigos hasta el Congreso y luego a Plaza de Mayo donde "ya no había nadie porque la policía a caballo echaba a todos".

Fue entonces cuando decidieron quedarse en el Obelisco, donde se concentraba la gente que había sido expulsada de la Plaza. "Hubo gas lacrimógeno toda la tarde, así que cerca de las 18:30 fuimos a descansar de los gases a la plazoleta de 9 de Julio entre Perón y Sarmiento", relató. Mientras estaba sentado en el cordón, vio la llegada de dos autos y una camioneta: "apoyaron sus armas en el techo y dispararon. Quise correr pero no recuerdo nada más hasta el 23 de diciembre", afirmó Galli.

Los vehículos estaban tripulados por Orlando Oliverio (por entonces comisario inspector), Carlos José López (ex subcomisario), Eugenio Figueroa (ex principal), Roberto Juárez (ex sargento primero), Gonzalo Firpo Castro (ex agente), Norberto Sabbino (ex inspector), Sebastián Saporiti (por entonces auxiliar), Horacio Berardi (ex auxiliar) y Mario Seia (ex principal). Todos están acusados por la muerte de Alberto Márquez y por la "tentativa de homicidio" de Simonetti y Galli.

Apenas a una cuadra, Alberto Márquez falleció en plena 9 de Julio, a metros de Sarmiento, por un balazo en el tórax. Es la única de las causas del juicio donde hay actores materiales acusados de una muerte. Su mujer, Marta Pinedo, participó de la manifestación y ayer recordó que estaban por irse cuando llegaron los tres autos y empezaron a disparar. "Le grité que tenga cuidado. Cuando me doy vuelta, veo que sube a la vereda y ya estaba herido. Corrí hacia los policías que habían disparado para pedirles ayuda pero se fueron", recordó Pinedo para luego contar que se subió a un auto con su pareja buscando una ambulancia que los lleve a algún hospital y que terminaron en el Ramos Mejía. Ante una pregunta de Loiácono sobre si podría reconocer a alguno de los ejecutores de los disparos, aclaró: "vine a una rueda de reconocimiento, llegué a las 8 de la mañana y recién me atendieron a las 7 de la tarde, sin tomar ni comer nada. La justicia ya me maltrató".

A Claudia Aguilera Farías, le quemaron su ojo derecho con una bala de goma durante la represión en el Congreso. Primero estuvo presa en la Comisaría 6º, ubicada en Venezuela 1931 para luego ser trasladada al Hospital Santa Lucía a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Cabe destacar que las lesiones causadas a numerosas personas detenidas en esa dependencia judicial continúan investigándose.

Aguilera Farías era militante de la agrupación HIJOS y junto con otros compañeros quisieron llegar ese día a Plaza de Mayo. "Estaba imposible cruzar la 9 de Julio, así que volvimos para Congreso y nos refugiamos en una de las paradas de colectivo sobre Rivadavia, por la cantidad de tiros que realizaba la policía contra los manifestantes", explicó.

La testigo declaró que tuvo que intervenir en una detención (con maltrato incluido) a dos personas en situación de calle. Mientras le pedía a los agentes que no se los lleven, vio llegar motos de la policía: "uno manejaba y el otro tenía un arma larga y le iba apuntando a la gente". Después de eso sintió un dolor tremendo en el ojo y la subieron a un móvil policial con otros detenidos, donde estuvo, por lo menos, una hora.

En su declaración, consideró que habrá estado dos horas en un calabozo de la Comisaría 6° sin que nadie le brinde asistencia médica. Ante la insistencia de sus compañeros, fue trasladada al Santa Lucía, esposada y en custodia por una oficial que le decía "¿por qué hacen esto? ¿por qué no te dedicas a cuidar a tu hija?". Nunca le explicaron por qué estaba detenida. La liberaron al día siguiente, pero permaneció internada dos días más.

Ernesto Darío Julián fue el último en declarar en la extensa audiencia. También fue herido en la represión en la zona del Congreso Nacional. En su testimonio, recordó que intentó llegar a Plaza de Mayo pero fue echado. Contó la corrida desde allí hasta la 9 de Julio y cómo veía patrulleros salir de las calles laterales. Cuando llegó a Congreso, vio "policías de civil" que se comunicaban con handys y estaban armados.

"No eran tiros al aire. El que me disparó a mí se arrodilló y apuntó", contó Julián, quien cayó en Hipólito Irioyen y la gente lo llevó a los bancos de la plaza. El proyectil quedó alojado en su espalda. Aclaró, como el resto de los testigos, que no vio a ningún manifestante con armas de fuego.