17 de septiembre de 2019
17 de septiembre de 2019 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Continúa la declaración de testigos en el juicio por la represión en Plaza de Mayo
19 y 20 de diciembre: "La bala vino de donde estaba la policía"
Durante la segunda jornada de audiencias testimoniales declararon seis testigos. Uno de ellos recordó que "la policía no asistió a ninguno de los tres heridos" que vió en medio de la represión a los cacerolazos contra el gobierno de Fernando De la Rúa.

Luego de más de ocho horas, concluyó la segunda jornada de audiencias testimoniales en el juicio por la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001 en la zona de la Plaza de Mayo y sus inmediaciones. El Tribunal Oral Federal Nº6, integrado por José Martínez Sobrino, Rodrigo Giménez Uriburu y Javier Anzoátegui, escuchó las declaraciones de las seis personas solicitadas por la Fiscalía, a cargo de Mauricio Viera. Está previsto que otras ocho lo hagan el miércoles 21 de mayo.

El primero de la lista fue el militante de HIJOS Diego Horacio Sulkes, quien estaba en la zona del Congreso Nacional el 20 de diciembre por la tarde. "Quería llegar a la casa de las Madres de Plaza de Mayo pero la represión no me dejo", contó Sulkes, quien tuvo que refugiarse en un local del Partido Comunista sobre la avenida Callao por las balas y los gases lacrimógenos que tiraba la policía.

Luego fue el turno de Fernando Javier Rico, quien salió en una foto publicada en la tapa del diario Clarín del 21 de diciembre. De pie, con el pantalón arremangado, es uno de los que rodea a Diego Lamagna. Rico salió de su casa ese día luego de ver las imágenes en televisión: "cuando llegué a la estación de Once se sentía el olor a gas lacrimógeno". Caminó por Rivadavia y luego por Avenida de Mayo ("en ese momento estaba tranquilo") y cuando llegó a la avenida 9 de Julio, se encontró con muchos efectivos de la Federal en la calle.

"Quería llegar a la Plaza de Mayo y manifestarme ahí pero era imposible", relató ante el Tribunal. En la esquina de Bernardo de Irigoyen y 9 de Julio, sintió mucho dolor en la pierna: "pensé que era un cartucho de gas, me ví el pantalón, tenía un agujero, sangre y no podía caminar". El testigo fue asistido por una persona que estaba allí, quien le dio una botella de agua para que se limpiara. "La bala vino de donde estaba la policía; me saqué la zapatilla y era de plomo", recordó. El proyectil está incorporado como prueba a la causa.

La Fiscalía y la querella solicitaron al Tribunal que se exhibieran más videos de aquel día para respaldar el testimonio. Rico contó que se acercó a un muchacho vestido de negro que estaba acostado, herido, sobre Avenida de Mayo (que resultó ser Gastón Riva). Al ver la situación, pidió ayuda a unos policías en moto, quienes no se detuvieron. Luego, caminó hasta la avenida 9 de Julio, donde en una de las plazoletas presenció como le realizaban maniobras de reanimación a Lamagna.

"Estaba dolido por la situación, todo lo que pasaba me generaba más bronca, más ganas de manifestarme", expresó Rico, quien también presenció lo ocurrido enfrente del banco HSBC pasadas las 16:00. "Veo como unos chicos le pegan con una señalización de calles al vidrio del edificio. Cuando lo rompen, ví una mano con un arma y me di vuelta para correr. Al segundo escuché una balacera tremenda", detalló.

Una vez que los tiros finalizaron, se acercó (como se ve en las fotos y los videos) a Gustavo Benedetto, caído sobre Avenida de Mayo luego de ser baleado en la cabeza. "La policía no asistió a ninguno de los tres heridos que ví", contó. Recién a las 23:00 fue con un amigo al hospital Vélez Sarsfield para que lo atendieran. Por último, aclaró que comenzó a sentir dolor cuando se sentó en la calle: "Quería dejar en claro que esto así no podía seguir, por eso me manifestaba".

Al momento de las preguntas, el defensor de varios de los policías tildó de "agresión recíproca" al preguntarle al testigo sobre la represión sufrida mientras que Virgilio Loiacono, abogado de Ruben Santos y ex secretario Legal y Técnico de Fernando De la Rua, trató de poner en duda la herida de Rico. En la exhibición de fotos solicitadas por la querella, se ve claramente la pierna ensangrentada.

El tercer testigo fue Angel Fabián Cocca, herido en un ojo por un balazo de goma en Esmeralda y Corrientes. Cocca llegó al Obelisco acompañado de su novia y dos amigos: "Se veía muy poco, había una nube de gases, así que nos fuimos". Relató, además, que luego de ser alcanzado por la bala, se dirigió hasta un estacionamiento. Allí, un policía le preguntó que había pasado y luego lo agredió: "Ni siquiera se ofreció a llamar a una ambulancia".

Paulo Córdoba vive actualmente en el sur del país y su testimonio estaba previsto para el miércoles pasado. "Decidí ir a la Plaza a manifestarme porque hacía tres meses que no me pagaban", exclamó. En ese entonces, era beneficiario de un "Plan Trabajar" y hacía arreglos para escuelas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Córdoba recordó que llegó al Obelisco en bicicleta con dos amigos y "cómo había muchos gases" terminó sentado en uno de las plazoletas de la avenida 9 de Julio, entre Sarmiento y Perón. Alrededor de las 19:00, los dos amigos vieron llegar una camioneta y dos autos que pararon y se fueron: "¿Por qué nos vamos a ir si no estamos haciendo nada?", dijo. Según su declaración, vio que bajaba gente con armas de los autos y fue ahí que se subió a su bicicleta cuando sintió algo caliente en su cuello.

Ante la intervención de uno de los defensores, quien intentó poner en duda la presencia de Córdoba en los hechos, hubo risas de los acusados. Esto provocó que la sala de audiencias fuera parcialmente desalojada, ya que familiares y víctimas de la represión expresaron su indignación.

A Córdoba se lo ve en las fotos y los videos con una gran herida en el cuello y mucha sangre. No recuerda que uno de sus amigos le hizo un torniquete con una bandera argentina y que un motoquero lo subió y lo llevó hasta el Hospital Ramos Mejía. La defensora de Roberto Juárez (uno de los policías que iba en los autos) adelantó que pedirá el falso testimonio del testigo.

Rubén Chara vivía en Haedo en diciembre de 2001. El 20 de diciembre, fue a la Plaza de Mayo con sus amigos. "La policía te atropellaba con los caballos, tiraba gases lacrimógenos", relató y agregó de debió dispersarse y que caminó por la calle Perú hasta Venezuela. "Estaba volviendo cuando escuché tiros. Miré para atrás y vi un patrullero y policías que disparaban", describió. Una de esas balas de plomo le dio en el coxis y todavía la tiene alojada alli, según las pericias judiciales realizadas en la causa. Fue auxiliado por otros manifestantes y entrevistado por dos periodistas. "Mi familia se enteró que estaba herido por televisión", recordó.

El último testigo se enteró que debía declarar ayer. No sabía ni siquiera que hubiera empezado un juicio sobre la represión. En diciembre de 2001, Carlos Salinas también residía en Haedo y fue hasta Plaza de Mayo en el colectivo 86 "de prestado" ya que no tenía ni para pagar el pasaje.
Con otros amigos decidió manifestarse cuando vio cuando golpeaban a las Madres de Plaza de Mayo.

"Fuimos caminando desde Once hasta la 9 de Julio. Cuando llegamos a la avenida, vimos una inmobiliaria destrozada", relató. Salinas tuvo que correr hacia el sur porque la policia comenzó a reprimir. "Estaba tomando agua en un edificio cuando pasó un patrullero tirando balas de goma", recordó. Quiso protegerse pero de todas maneras recibio 22 impactos y luego fue detenido y llevado a una comisaria con un amigo, no muy lejos de ahí.

"Ahora no te la bancas ¿eh'", le dijeron los policías a su compañero, quien estaba desvaneciendo porque una de las heridas lo hacía perder mucha sangre. En el calabozo, los golpearon hasta que en un momento decidieron llevarlos al Hospital Ramos Mejía. Los atendió un médico que tuvo que pelearse con los efectivos por los maltratos.

Según Salinas, Regresaron a la comisaria por la noche y los ubicaron en un hall. "Nos hacían la psicológica, nos decían que de ahí no íbamos a salir". A la mañana siguiente, los liberaron aunque a él lo acusaron de cometer "atentados", algo que le causó gracia. "Es increíble que entre argentinos nos matemos", sostuvo y le agradeció a los jueces tener la posibilidad de contar su historia. "Yo no tuve nada que ver en política, soy un perejil que quiso ir a la Plaza a ayudar a los golpeados", cerró Salinas.