29 de enero de 2023
29 de enero de 2023 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Condenas de 3, 6 y 10 años de prisión
Crous participó del primer juicio por fabricación de droga en Paraná
La SEDRONAR investigará la comercialización de los precursores químicos secuestrados, que tenían borrado su número de serie.

La Procuraduría Adjunta de Narcocriminalidad (Procunar) participó en el primer juicio oral celebrado en Paraná, Entre Ríos, por fabricación de estupefacientes, al cabo del cual resultaron condenados los tres imputados a penas de 3, 6 y 10 años de prisión.

El juicio se llevó a cabo entre el 8 y el 22 de abril y el fiscal a cargo de la Procunar, Félix Crous, participó de una de las audiencias junto al titular de la Fiscalía ante el Tribunal Oral de aquella ciudad, José Candioti. Crous acudió a Paraná acompañado por el director del Registro Nacional de Precursores Químicos de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR), Federico Laborde.

El organismo dependiente de la Presidencia de la Nación investigará la trazabilidad (es decir, la ruta seguida) de los precursores químicos secuestrados durante la investigación. En la sentencia, el tribunal remarcó que “el número de serie apareció borrado o eliminado en todas las botellas de acetona. Sin duda se quiso ocultar su procedencia, situación que lleva inexorablemente a suponer que iba tener uso ilegal o prohibido” y añadió que “este dato será indagado por el organismo encargado de la lucha contra el narcotráfico”.

Durante el debate se probó el funcionamiento de una “cocina” de droga en un campo situado en cercanías de Paraná. El dueño del campo y reconocido empresario local, Vicente Jesús Bioletti, fue condenado a seis años de prisión, mientras que su empleado y encargado de la finca, Ramón Palavecino, recibió tres. La pena más alta, de diez años, correspondió a José Roberto Sterz, quien fue sorprendido operando en el lugar y ya contaba con una condena por contrabando de estupefacientes.

El fiscal Candioti alegó el jueves 18 de abril y solicitó penas de 8 años de prisión para Palavecino, 9 para Bioletti y 10 para Sterz. No obstante, el representante local del Ministerio Público Fiscal se manifestó igualmente “satisfecho” por la sentencia y destacó “la importancia de haber logrado una condena” por estos delitos. Además, Candioti resaltó la colaboración y asistencia que recibió de parte de la Procunar y destacó los resultados del trabajo de la fiscalía “cuando diferentes instancias del Ministerio Público actúan en conjunto”.

Las diferencias entre las penas pedidas por la fiscalía y las que finalmente aplicó el tribunal radicaron en la calificación legal y la participación atribuida a los imputados. Candioti había acusado a los tres por fabricación de estupefacientes. Pero el único condenado con esa calificación fue Sterz, quien llegó al juicio en libertad pero fue detenido –a pedido del fiscal- antes de conocerse la sentencia.

Los jueces Noemí Berros, Roberto López Arango y Lilia Carnero consideraron a Bioletti autor responsable del delito de facilitación del lugar en el que se llevó a cabo la fabricación de estupefacientes, mientras que Palavecino fue condenado como partícipe secundario de esa misma conducta ilegal. En este punto, el tribunal se inclinó por la calificación subsidiaria propuesta por la defensa de los imputados, quienes habían reclamado en primer término su absolución.
Bioletti y Palavecino seguirán en libertad hasta que la sentencia quede firme, pese a que Candioti también había solicitado sus detenciones.

Las condenas impuestas por el TOCF de Paraná también incluyen multas de 5000 pesos para Sterz; de 1875 pesos para Bioletti; y de 900 pesos para Palavecino. El tribunal también dispuso la remisión de constancias al juzgado de primera instancia para que se investigue a uno de los testigos propuestos por la defensa de Sterz por el delito de falso testimonio, tal como lo solicitó Candioti en el alegato.

En los fundamentos de la sentencia, el TOCF de Paraná se refirió especialmente a la estrategia de la defensa de Bioletti, que alegó que para él no resultaba necesario llevar a cabo una actividad ilícita porque vive en una situación económica holgada. "El ser un hombre pudiente o rico como Bioletti es una condición económica, una posición social, de la cual no surge linealmente que todas sus acciones van a estar motivadas en las normas o en el cumplimiento de los mandatos, por otro lado, ser rico no brinda un escudo para sortear imputaciones penales", indicó la jueza Carnero, en un voto al que adhirieron sus colegas.

Durante la instrucción de la causa, que estuvo cargo del juez Zonis y en la que actuó el fiscal federal de primera instancia Mario Silva, se secuestraron 27 kilos de cocaína fraccionada en 57 envoltorios; 3,5 kilos de pasta base; 160 kilos de los materiales de corte lactosa, creatina, cafeína y dipirona; y 5 bidones del precursor químico acetona. Además se secuestraron dos prensas hidráulicas, una cocina con anafe, máscaras, barbijos y guantes, presuntamente utilizados para la preparación de la droga, y ventiladores y estufas, útiles para el secado del estupefaciente. La investigación determinó que la “cocina” tenía luz eléctrica, provista mediante un cable aéreo desde la casa de Palavecino.

La vivienda del encargado está ubicada a pocos metros de la residencia principal. La causa se inició en agosto de 2011 de manera fortuita, cuando una avioneta se estrelló en el campo propiedad de Bioletti, de una extensión de 200 hectáreas, ubicado a diez kilómetros de la capital entrerriana y a pocos metros de la orilla del Río Paraná.

Las dos personas que volaban la nave murieron. Mientras realizaba la inspección de la zona donde se produjo el accidente, la policía provincial halló bidones de acetona, un precursor químico que se utiliza para la elaboración de estupefacientes, y dio aviso al juez federal Gustavo Zonis.

El magistrado ordenó tareas de inteligencia a través de las cuales la policía localizó un laboratorio o “cocina” destinado a la preparación de cocaína en una suerte de tapera o construcción en apariencia abandonada en medio del campo, distante a unos 800 metros de la casa principal.