21 de julio de 2024
21 de julio de 2024 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Interviene en el juicio el fiscal Fabián Céliz
Continúa el juicio contra el hombre acusado de apuñalar a un hincha de Boca en San Telmo
Gustavo Olivera le clavó una navaja en el pecho a Eduardo Nicolás Cicchino, de 26 años, después de una discusión. Ante las preguntas de la Fiscalía, uno de los testigos aseguró en el juicio que, luego de atacarlo, el imputado le gritó a la víctima “vení que te mato”.

El Tribunal Oral en lo Criminal Nº23 continúa con el debate contra el hombre acusado de matar a un joven de 26 años que festejaba una victoria del club Boca Juniors, en mayo de 2016. A Gustavo Olivera, de 53 años, se le imputa el delito de “homicidio simple” pero el fiscal de juicio Fabián Céliz adelantó que lo acusará por homicidio agravado por alevosía.

Según el requerimiento de elevación a juicio realizado por la representante del Ministerio Público Marcela Sánchez, cerca de las 21 horas del 19 de mayo de 2016 Eduardo Cicchino fue con un amigo hasta el bar “Indoor” ubicado en Chile al 300, en el barrio de San Telmo. Esa noche se jugaba un partido de futbol por la copa Libertadores de América entre Boca Juniors y Nacional de Montevideo. Para ir a verlo, se habían retirado antes de la facultad a la que asistían.

En el bar no había demasiada gente interesada en el evento deportivo. Pidieron unas papas fritas y una cerveza para cada uno. Alrededor de las 22 horas, se sumó otro amigo. Para ese momento, el partido estaba en la etapa de penales. Los jóvenes festejaban los goles al tiempo que el acusado observaba la situación desde la barra del bar y desde allí les gritaba cada tanto “bosteros putos” (o frases similares).

Las manifestaciones era, sin dudas, hacia ellos, ya que eran los únicos que habían manifestado su adhesión a uno de los clubes que disputaban el partido. Finalmente, Boca Juniors ganó el partido. Instantes después, uno de los amigos de la víctima salió a fumar un cigarrillo y el otro se fue nuevamente a la facultad. Cicchino estaba terminando de beber su cerveza, por lo que el primero de sus amigos lo esperó y le pidió que le alcanzara su mochila, para irse también del lugar.

Cuando salían del lugar, escucharon un grito de Olivera: “estos bosteros putos ganaron otra vez”. El amigo de la víctima le preguntó cuál era su problema, a lo cual el acusado le respondió: “vení para acá, decímelo en la cara”. Cicchino intentó interceder entre ambos, lo que generó que el hombre comenzara a insultarlo a él.

La discusión derivó un forcejeo entre ambos, en el cual intervino uno de los mozos del lugar para separarlos. Cuando lo logró, observó que el joven tenía sangre en su remera mientras que el imputado sostenía un cuchillo negro “tipo de caza” en la mano. El mozo, que declaró en el juicio la semana pasada, manifestó que sabía que Olivera llevaba consigo el objeto “por razones de seguridad”.

Ante un pedido de la Fiscalía, se le leyó al mozo un extracto de su declaración. Como resultado, el hombre pudo recordar que luego del ataque, Olivera le gritó a Cicchino: “vení, vení que te mato”.Instantes después, un efectivo de la comisaría 2º se acercó al bar. Al verlo, Olivera dejó caer el arma en un árbol. La situación fue percibida por el policía, que lo detuvo inmediatamente.

La víctima fue trasladada rápidamente al Hospital Argerich. Ingresó en terapia intensiva y fue operado de urgencia por su estado crítico. Pese a todas las intervenciones médicas que se le realizaron, murió 13 días después, el 2 de junio a las 8:35.

Ante un pedido de la Fiscalía, se le leyó al mozo un extracto de su declaración. Como resultado, el testigo pudo recordar que luego del ataque, Olivera le gritó a Cicchino: “vení, vení que te mato”

La fiscal de instrucción consideró que la conducta de Olivera fue irracional por lo desproporcionada al asestarle un puntazo con una navaja en el corazón para evitar lo que, como mucho, hubiera sido una “gresca callejera”. Afirmó que fue innecesario el ataque y que podía haber optado por hacer otra cosa: gritar para pedir ayuda; correr; defenderse con sus puños; exhibir el arma para “amedrentar a su contrincante”; o “en el último y extremo de los casos”, podría haberle propinado a Cicchino una herida en algún otro lugar “menos vital que el corazón”.

Tuvo en cuenta, además, que fue Olivera quién agredió a los jóvenes desde su llegada y que fue él quién salió a provocarlos y a insultarlos para lograr una reacción y descartó que el caso pudiera enmarcarse como “legítima defensa”.