04 de octubre de 2022
04 de octubre de 2022 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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La droga tenía como destino España
Procesan a cuatro personas por la cocaína encontrada en un cargamento de langostinos
La carga había sido encontrada en junio de este año de manera fortuita por un empleado de una empresa pesquera que tiene actividad en Puerto Madryn. Había cinco personas investigadas, pero a una se le dictó la falta de mérito. En representación del Ministerio Público interviene el fiscal federal Fernando Gelvez.

El 15 de mayo de este año, había llegado a Puerto Madryn un camión procedente de Mar del Plata. El cargamento original se almacenó dentro de las cámaras frigoríficas de la empresa Poseidón y consistía en más de cuatro toneladas de langostinos que tenía como destino la costa de España. Más precisamente, los muelles de Grao, en Valencia. Sin embargo, un empleado de la empresa pesquera, luego de notar algo extraño entre las cajas, descubrió que había cocaína.

En un principio, hubo versiones periodísticas que indicaban que había más de una tonelada de droga. Sin embargo, luego de la investigación judicial, el fiscal Gelvez confirmó que la carga que se encontró era de 110 kilos, aproximadamente.

Según lo que pudo reconstruir el juez federal de Rawson Hugo Sastre, la empresa transportista dueña del camión que había llevado la droga se constituyó en 2012 en Mar del Plata. Su dueño era Salvador Parra Gómez (de nacionalidad española y hoy con pedido de extradición a España), y Juan Eduardo Burgos, uno de los procesados, llegó a ser el gerente comercial, entre otros cargos que ocupó. Otro hombre, también español como Parra Gómez, está sospechado como autor de la empresa delictiva. Se trata de Alfredo Aranda Barberá, quien se encuentra prófugo de la justicia.

Los otros que corrieron la misma suerte de Burgos son Nicolás Seoane, Salvador Alejandro Pennisi (alias “Gaga”) y Héctor Omar Segundo (alias “el cura”). A los tres primeros se los procesó por comercio de estupefacientes en concurso real con transporte de estupefacientes, ambas figuras agravadas por el número de personas intervinientes. Mientras que a Segundo, por almacenamiento de estupefacientes. Finalmente, sobre Rubén Eduardo Lev -quien estaba acusado de lo mismo que Burgos, Seoane y Pennisi- se le dictó la falta de mérito.

“Pasó de chofer de taxi a socio gerente de una SRL”

De acuerdo al auto de procesamiento que firmó Sastre, la historia comenzó cuando el español Parra Gómez se subió al taxi que manejaba Burgos para ir desde Mar del Plata hasta Pinamar. En ese trayecto, entablaron una relación que se extendió y profundizó en reuniones posteriores, hasta que, finalmente, Parra Gomez le ofreció constituir una sociedad comercial que se dedicaría a la exportación de productos de mar a Europa.

“Es decir, que en un abrir y cerrar de ojos, Burgos de ser chofer de taxi, pasó a ser propietario de una sociedad de responsabilidad limitada y socio gerente de la misma, conformando la persona jurídica con un desconocido, entidad a la que denominaron Mar Pesca Azul Argentina SRL. Ello ocurrió el día 7 de diciembre de 2012”, indicó el juez.

Para Sastre, no quedaron dudas de que el rol de Burgos dentro de la estructura para comercializar y transportar la droga, “fue la de brindar su trabajo indispensable para acondicionar el estupefaciente de la manera en que fue hallado en Poseidón [dentro de las cajas de langostinos]”.

Una amistad inquebrantable

Los otros procesados, Seoane, Pennisi y Segundo, tenían una amistad desde hacía años. Los tres se conocieron a partir de distintas actividades vinculadas a la industria pesquera. En el caso de Seoanne, se comprobó que se dedica a la compra y venta de pescado por cuenta propia o por cuenta y orden de terceros, acercando a las partes que quieren realizar la transacción.

La investigación incluía, entonces, a una persona imputada con pedido de extradición a España, Salvador Parra Gómez, quien habría adquirido cocaína y preparó una carga de langostinos entre los que ocultó aquella droga, con la colaboración de Juan Eduardo Burgos. Estas personas necesitaban transportar el cargamento a España.

Para lograr este cometido se relacionaron con Seoane, quien había sido recomendado al español por Rubén Lev, al que se le dictó la falta de mérito. Parra Gómez necesitaba contar con una persona que lo conecte con la venta de merluza, ya que era su deseo adquirir esa especie para exportarla.

De ahí, señaló el juez, emergió “su relación con Seoane y evidentemente, en un rápido acuerdo comenzaron a trabajar produciendo una primera exportación de merluza (HGT) hacia España”.

La particularidad fue que la operación se realizó con la compra de la merluza en Puerto Madryn con la participación de la empresa Pesquera Poseidón, con quien Seoane tenía relación comercial. Sin embargo, la relación con esta sociedad comercial “no se limitaba a los negocios, dado que Seoane tenía una relación personal estrecha con el Presidente del Directorio, Alejandro Pennisi -a quien conocía de su actividad en Mar del Plata- y con uno de sus accionistas, Héctor Omar Segundo, a quien también conocía desde hacía unos años y con quien había compartido un viaje a España”.

De esta manera, señala el juez, Seoane, al radicarse en la ciudad de Trelew, alquiló una casa en cuyo contrato de locación se constituyó como codeudora solidaria la firma Poseidón SA. Allí, Pennisi firmó en representación de la empresa. Esto, para Sastre, demostró que la relación de Seoane con Segundo se extendía más allá de lo comercial, “al igual que se dejó traslucir la relación con Alejandro Pennisi”.

Además de ello, “parece que el hallazgo de la cocaína en la planta pesquera de la que Héctor Omar Segundo es su dueño, no habría hecho mella en la relación personal con el imputado Seoane, siendo éste el principal vínculo con quien pretendía sacar del país la droga ilícita”, dijo el juez.

Así las cosas, cuando la cocaína llegó a Puerto Madryn, “Seoane fue puesto en conocimiento de ello”, lo que llevó a que el magistrado federal de Rawson lo considerara como “una pieza esencial en el entramado de los hechos investigados […]. Su trabajo consistente en vincular a todos los actores que participaron en la operación, desde Parra Gomez, Aranda Barberá y Burgos, hasta la conexión con los imputados Pennisi y Segundo quienes […] almacenaron el estupefaciente a la espera de su exportación”.

Por su parte, “Pennisi aceptó el depósito de la mercadería donde se encontraba oculta la droga y lo hizo con pleno conocimiento de ello en virtud de la relación que mantenía con Seoane”, indicó el juez

A la vez, la estrecha relación personal existente entre Segundo y Seoane “demuestra la confianza que ambos se tienen en el manejo de los negocios, pero además permite vislumbrar con claridad que ese vínculo fue esencial para generar la oportunidad de cometer el ilícito”, agregó Sastre.

De esta manera, sin la intervención de Pennisi y Segundo, “proporcionando el lugar para el almacenamiento de la carga de langostinos junto con el estupefaciente oculto que Seoane pretendía exportar hacia España, hubiese resultado imposible cumplir con los designios de Parra Gomez y Arnada Barberá”, concluyó el juez.