07 de julio de 2022
07 de julio de 2022 | Las Noticias del Ministerio Público Fiscal
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Interviene la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de Resistencia
Chaco: continuaron los testimonios en el juicio por la verdad por la Masacre de Napalpí
Durante la jornada de ayer, que se realizó en la Casa de las Culturas de Machagai, declararon siete descendientes de sobrevivientes de la masacre y cinco investigadores indígenas Qom. El debate se reanudará el próximo 10 de mayo.

Ante el Juzgado Federal N°1 de Resistencia, se realizó ayer una nueva audiencia en el marco del juicio de verdad por la Masacre de Napalpí, que abarca los crímenes perpetrados por el Estado, en 1924, contra integrantes de pueblos originarios y campesinos en el entonces territorio nacional del Chaco.

Durante la jornada, que se realizó en la Casa de las Culturas de Machagai, declararon doce testigos: los descendientes de sobrevivientes de la Masacre: Matilde y Salustiano Romualdo, Sabino Yrigoyen, Hilaria Cristina Gómez, Lucia Pereira, Cristian Enríquez y Guillermo Ortega; y los investigadores indígenas Qom y Moqoit, Raúl Fernández, Raquel Esquivel, Gustavo Gómez, Viviana Notagay y Juan Carlos Martínez .

En el debate, que comenzó el 19 de abril, interviene la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de esa jurisdicción, integrada por los fiscales generales Carlos Amad y Federico Carniel, el fiscal federal Patricio Sabadini y el fiscal ad hoc Diego Vigay.

La audiencia

Los primeros en declarar fueron Matilde y Salustiano Romualdo, de 90 y 84 años respectivamente. Ambos son nietos de Lorenza Molina, sobreviviente de la Masacre de Napalpí, y tienen conocimiento de los hechos por la tradición cultural indígena del relato histórico que se transfiere de generación en generación.

“Muchos hombres, mujeres y niños fueron masacrados en Napalpí y enterrados ahí mismo. Además de miembros de la comunidad Qom y Maquit murieron miembros de la comunidad Toba y otras etnias que se encontraban en el lugar”, señaló Salustiano Romualdo.

Luego, detalló que todo lo aprendió a partir de lo que le relataron sus abuelos y sus padres. “Los sobrevivientes contaron la historia de Napalpí. Los policías y los militares fueron quienes masacraron a nuestros hermanos en ese lugar”, aseguró.

En la audiencia también se escuchó el testimonio de Sabino Yrigoyen, hijo de Melitona Enrique, sobreviviente de la Masacre.

“Mi madre nos contó mucho del caso. Ella tenía 12 años cuando ocurrió.  En ese entonces, el trabajo que ellos hacían era de destronque bastante forzado, con mucho sacrificio. Estaban esclavizados. Comenzaban a trabajar ni bien aclaraba el día. Paraban al mediodía y luego continuaban hasta la puesta del sol. También cortaban leña para el funcionamiento de los trenes de carga”, describió.

Y continuó: “Lo que les pagaban era un precio muy bajo. No les alcanzaba para nada. Entonces decidieron hacer un reclamo para que haya un aumento de salarios. Cuando empezaron a reclamarlo la gente que supervisaba a los obreros no estuvo de acuerdo. Les decían que se conformaran y que siguieran trabajando. Al pasar los días, los supervisores estaban molestos entonces se comunicaron con las autoridades. El mensaje era que si ellos no dejaban de protestar iban a tener una consecuencia grave. Pero la gente no dejó de reclamar”.

El hombre también contó que las autoridades pensaron en hacer otras cosas. “Unos días antes de la masacre los sorprendió un avión que sobrevolaba la zona”, aseguró.

Yrigoyen relató que el día de la masacre llegaron las autoridades policiales y primero dispararon al aire. “Había un galpón donde las personas descansaban a la noche y donde preparaban la comida. Empezaron a disparar al galpón y mucha gente comenzó a correr hacia el monte para protegerse. Mi madre contaba que mientras corrían para salvar sus vidas veía cómo caían los que corrían al lado de ella”.

El hombre aseguró que su madre pasó dos días escondida en el monte, sin comer ni tomar agua, y que gracias a que estaba con su padre, que sabía de temas de cosecha, pudieron sobrevivir por una fruta parecida a la pera que contiene agua adentro. Pasados los dos días, un familiar salió del monte despacito para saber cómo estaba la zona del galpón y se encontró con una escena en la que estaban cavando un pozo, supuestamente, para tirar los cadáveres.

“Luego de unos días de la masacre, a la gente que sobrevivió le colocaron un trapo blanco en su brazo en señal de pacificadores y de conformidad con la forma de pago. Pero no era que estaban conformes con su sueldo sino que no había otra manera de sobrevivir”, agregó.

Por último, señaló que su madre le pidió que no le contaran a nadie sobre estos hechos porque tenía miedo de que la fueran a buscar. “Esto nos contaba nuestra madre a la noche antes de ir a dormir. Lo tenía muy presente, no se podía contener y empezaba a llorar. Ella se escondía de las autoridades policiales pensando que la iban a ir a buscar”.

Luego de un cuarto intermedio, la audiencia continuó con los testimonios de Hilaria Cristina Gómez y Lucía Pereira, nieta e hija de sobrevivientes de la masacre, respectivamente.

“Mi papá me contó que primero sobrevolaba un avión desde el cual largaban caramelos para que los chicos salieran y supieran cuántos había”, comenzó el relato de Pereira.

Luego se refirió a las condiciones en las que se encontraban los trabajadores y trabajadoras. “Hacían trabajo en el monte, cortaban madera. El patrón los mataba de necesidades. No tenían para comer, ni calzado, ni ropa, ni nada. Los hacían trabajar solo por la comida. Solamente les daban polenta, arroz y un poquito de aceite. Sufrían necesidades, las criaturas no conocían el calzado. A veces carneaban animales porque no querían morir de hambre. Tenían que rebuscárselas para comer”, describió.

Y añadió: “Después de que sobrevolara el avión vino un secretario de gobierno para decir que dejaran de hacer lo que estaban haciendo. Y después vino otro señor de Buenos Aires y dijo que se dejaran de joder porque el Gobierno estaba cansado de las quejas de los empresarios. De un día para el otro llegó la Gendarmería, o sea el ejército, e hizo el descargue. Mi papá vivió 30 días en el monte. Le dispararon en el hombro”.

Por último, refirió que en la masacre murieron una gran cantidad de chicos y mujeres embarazadas que gritaban que no les maten a sus hijos, sus madres, abuelas, ni maridos.

En la audiencia declararon Cristian Fernando Enríquez y Guillermo Ortega, nietos de sobrevivientes de la masacre.

“Mi abuelita tenía mucho miedo porque pensaba que si hablaba la iban a venir a matar. Ella tenía 11 años cuando ocurrió la masacre”, resaltó Enríquez. El hombre puntualizó que le hubiera gustado aprender el idioma Qom pero que su familia no quiso enseñárselo por miedo a que supieran que su abuela era una sobreviviente.

A su turno, Ortega declaró que su abuela, que en ese entonces tenía entre ocho y nueve años, sobrevivió a la masacre porque se escondió en el monte. “Ella decía que veía a la policía con su armamento y que directamente largaban proyectiles y mataban a las familias”, señaló.

El testimonio de docentes e investigadores

La jornada continuó con los testimonios de los investigadores indígenas Qom y Moqoit Raúl Fernández, Raquel Esquivel, Gustavo Gómez, Viviana Notagay y Juan Carlos Martínez, quienes son parte del proceso de reconstrucción de la memoria histórica de sus pueblos sobre la masacre y de las consecuencias que tuvo en las comunidades hasta la actualidad como el miedo, el desarraigo o  la perdida de la lengua, el territorio y sus culturas.

Fernández hizo hincapié en que la única fuente válida como pueblo son los testimonios orales de “nuestros abuelos y ancianos”. “Más que investigar los hechos de Napalpí, lo que hicimos, junto a Juan Chico, fue romper el silencio”, destacó . A su vez, detalló que creció con su abuela paterna y que le contó la historia con detalles. “Solamente me decía dos cosas. ‘Nuestro pueblo no es cobarde ni miedoso, nos hicieron ese mal. Esto que te transmito no lo digas a nadie porque es muy peligroso’”, resaltó.

“Pedimos justicia. Queremos que este trabajo de concientización que hicimos a nivel local y provincial logre nuestro objetivo que es recibir la reparación histórica a nuestras comunidades. Queremos que nunca más ocurra otra Napalpí”, sintetizó.

A su turno, la auxiliar docente y profesora en Ciencias Políticas, Raquel Esquivel, destacó que lo que relatan muchos sobrevivientes es que estuvieron escondidos en el monte cerca de un mes. “El temor y el miedo en la comunidad aún se siente. Como indígenas estamos mal vistos en una sociedad en la que nos discriminan mucho”, aseguró.

Sobre este punto fue coincidente el relato del docente del pueblo Moqoit, Juan Carlos Martínez: “muy pocos ancianos nos contaron de la masacre de Napalpí. No querían que supiéramos lo que había pasado”, expresó.

El docente indígena, Gustavo Gómez, señaló que las consecuencias que dejó la Masacre fue lo que lo llevó a investigar qué fue lo que pasó. “Yo pertenezco a la comunidad Qom y mis padres no me enseñaron la lengua. A través de las investigaciones vi cómo se contradecía la historia con lo que aparecía en los libros y lo que nos contaron nuestras familias”.

“La causa de la huelga era porque querían vivir mejor, más dignamente. Pedían una mejor paga. Ocurrió un crimen de lesa humanidad por la cantidad de hermanos, tíos y abuelos que dejaron la vida defendiendo la identidad. El único responsable fue el Estado”, concluyó.